Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Actualidad70 años de la Diócesis de Pereira (I)

70 años de la Diócesis de Pereira (I)

La creencia formativa que se canaliza en la religión es una fuente eficaz en el acontecer de los pueblos, independiente o coadyuvante de acciones materiales pero sin dejar la relación intrínseca de Creador y Criatura, al decir de San Agustín. La afinidad de ese sentimiento en su respeto y tolerancia fortifica la paz en los nidos del tejido social. 

Esto para señalar, en la particularidad comarcal, el papel de la organización eclesial en el desarrollo y progreso de la región, acrecentada no únicamente en el pico alto de la Gloria “a quien todo lo puede”, sino, paralelo al crecimiento conjunto de los centros poblados, los campos, el fomento a la civilidad y a las causas de la espiritualidad, la dignidad y la defensa de los derechos humanos en procura de una sociedad igualitaria, equitativa, educada y cercana a las distintas opciones para forjar ciudadanos solidarios, proclives a la convivencia, la libertad y las buenas costumbres.

Por este marco de intenciones, el Comité Intergremial de Risaralda ha conferido Reconocimiento Gremial a la Diócesis de Pereira en sus setenta años de fundación en virtud de la bula Lejuntor Saepissime del Papa Pío XII de fecha 17 de diciembre de 1952, conformada por las parroquias existentes en 20 municipios, risaraldenses y caldenses, a saber: Apia, Anserma, Balboa, Belalcázar, Belén de Umbría, Dosquebradas, Guática, La Cecilia, La Virginia, Marmato, Marsella, Mistrató, Pereira, Pueblo Rico, Quinchía, Riosucio, Risaralda, Santuario, Supía y Viterbo.

Antes de hacer referencia a quienes han actuado como Vigilantes u Obispos, que es lo mismo, hay necesidad de hacer referencia a símbolos históricos más antiguos que el nacimiento de esta jerárquica, que al ser absorbidos en su sacralidad, se convierten en identificativos consecuentes. Son ellos la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, erigida a esa dignidad en la disposición vaticana dicha; ha sufrido distintos embates telúricos pero con la superación intacta, se ha reconstruido cada vez que ha sucedido hasta llegar a lo que era su primigenia obra de arte. Y la devoción a la Virgen así denominada y representada en copia de su venerada imagen, (la original reposa en Cartago) siendo de tan profundo calado que se inserta en el pasado, el presente y porvenir en el contexto canónico y surge en su suplicada tradición como Patrona Tutelar de la urbe, y luego guía de la Diócesis.

El destacado jurista pereirano Senén Barrera Arboleda (q.e.p.d.), en un folleto autografiado al primer obispo, Baltasar Álvarez Restrepo, resumió el aserto así: “Según la tradición, la imagen de nuestra Señora de la Pobreza, fue descubierta por una humilde mujer llamada María Ramos, cuando lavaba algunos lienzos pertenecientes al convento de Cartago Viejo, en las aguas del río Otún en el año de 1608. Con el traslado de Cartago Viejo al lugar donde se encuentra hoy, al otro lado del Río La Vieja, y las Sabanas como era llamada esa región anteriormente y presidiendo la iniciación del desfile que dio comienzo al traslado, que duró por varios años, iba el Retablo de la Milagrosa Virgen de la Pobreza.

“Los habitantes de Pereira fieles a la tradición histórica y leales a sus convicciones religiosas, desde un principio se encomendaron espiritualmente a Nuestra Señora de la Pobreza como Patrona y, desde el año 1864, un año después de la fundación, en los primeros libros de la capilla de la naciente aldea, aparece su consagración a esta advocación.”

Lo anterior denota un magisterio inspirado que favorece a los feligreses en sus causas. Las ayudas a través de Cáritas, el impulso educativo, la asistencia a los desvalidos, la catequesis dirigida a diferentes grupos, al acompañamiento de las poblaciones étnicas, pobres y sufrientes de su jurisdicción diocesana son hechos concretos. En todas las justas ocurridas en el camino de la territorialidad, la presencia de la curia ahí ha estado no solo en el mensaje evangélico que es su razón de ser, sino también en el dolor de patria y en la alegría en los avances que estimulan el mejoramiento de la vida en comunidad.

De la fe y el civismo, y de la acción de sus cinco obispos, se continuará en el próximo artículo.

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