Actuar ya, pensando en mañana

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Por Humberto Tobón*

La reactivación económica del país se va a tardar por lo menos siete años y en el nivel regional interno, muchos territorios van a requerir por lo menos una década. Los resultados positivos se empezarán a observar más rápido, en la medida en que se tomen oportunamente las decisiones de política pública que se necesitan.

Pero no basta la reactivación económica, también es necesaria la recuperación social, porque los efectos que está dejando la pandemia de la Covid 19, son especialmente dañinos en términos de relaciones y competencias ciudadanas y de equilibrio emocional de los individuos.

¿Cómo se va lograr esa reactivación y recuperación? Es la pregunta para la cual todos esperamos una respuesta definitiva que, sin embargo, no existe. Lo que sí hay, son experiencias que se han puesto en práctica en otras latitudes, y que ayudan a comprender nuevas teorías, para saber hasta qué punto se pueden adaptar a la realidad de países como el nuestro, donde prima la inequidad en la distribución de la riqueza, son amplias las brechas sociales y se fortalecen los desequilibrios en las oportunidades.

Entre esas experiencias que es necesario estudiar, figura la decisión de los gobiernos de las grandes economías occidentales, de poner dinero en el bolsillo de las familias, para tratar de mantener a flote la economía por la vía de la demanda. Y el efecto ha resultado relativamente positivo, porque la caída macroeconómica, aunque dolorosa, no fue tan dramática como inicialmente se presagiaba y el proceso de recuperación ha sido seguro, aunque lento.

Permitir que la gente tenga dinero para cubrir sus necesidades básicas de alimento, pagar los alquileres y cumplir con las cuotas bancarias renegociadas, es lo que ha ayudado a que países como Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Francia, y en general la Unión Europea, estén avizorando nuevos y mejores vientos en su economía, y que las abultadas tasas de desempleo de abril y marzo, estén cediendo.

El dinero también fluyó hacia muchas empresas por las vías del crédito y los subsidios, con el fin de garantizar los empleos existentes y generar caja para el intercambio con los proveedores. Los beneficiados con estas decisiones no sólo fueron las grandes empresas, que debieron desprenderse en muchas ocasiones de sus acciones para entregárselas al gobierno en garantía por los préstamos, sino también los pequeños emprendimientos, que tanto en los países desarrollados como en el nuestro, son los grandes generadores de puestos de trabajo.

Para obtener el dinero suficiente para financiar la crisis, los gobiernos acudieron al crédito interno, al aumento del déficit, a la priorización del gasto y al endeudamiento externo. Ninguna medida del recetario tradicional de la economía, que se encuentra en los libros, se puede desestimar. Porque si no se actúa ya, el impacto socioeconómico será devastador en las décadas venideras.

Cuando las decisiones de política pública son lentas, inadecuadas o restringidas, conllevan a la desconfianza de los mercados, a la disminución del gasto de las familias, a la pérdida de ingreso de las empresas, a la baja captación de impuestos del gobierno, a la pérdida de productividad y a la incompetencia. Un cóctel muy dañino, cuya resaca se sufre en pobreza, marginalidad y mucho más subdesarrollo.

*Los conceptos emitidos en esta columna no comprometen el pensamiento de la RAP Eje Cafetero, entidad de la cual soy Subgerente de Planeación Estratégica Regional.

1 COMENTARIO

  1. Hto.definitivamente tu eres una persona muy erudita y conocedora de este tema de la economía a nivel nacional y mundial .te felicito por esa inmensa inteligencia y conocedora de estos temas tan interesantes.fuerte abrazo.hernan.

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