Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadAgricultura de alto vatiaje

Agricultura de alto vatiaje

De «papera frustrada» pasó a viceministra de Belisario Betancur, tal como me lo contó en reportaje muy sonado en sus días por mi paso de editor de Agro en El Espectador. Lució en varios altos cargos como Jefe Nacional de Planeación, embajadora plenipotenciaria en Los Países bajos, ministra de Agricultura y directora general del Instituto de Seguros Sociales y siempre estuvo postulada para madrina de un hijo mío.

La Cecilia que yo conocí, de tono finamente costeño, discurso profundo como economista, coequipera con Roberto Junguito Bonnet y profundamente decepcionada por la actitud buro-politiquera de algunos de sus funcionarios a los que nunca decapitó. Se cayeron solos como las plumas que eran. Aunque alguna habilidosa se ganó la fortuna de una indemnización millonaria, por cualquier insustancial falla en el procedimiento de «cortar sus servicios» en dañina administración por aquí cerca… ¡Son los giros de esta ruleta!

Caímos en la función pública por su generoso ofrecimiento de amparo, cuando las circunstancias médicas forzaron nuestra salida de la nevera, buscando algún paraje en donde fuera posible brindar salubridad a cierta pasajera de mi nave amiga de Germán Duque, que toda la vida olvidó y siguió volando. Tuvo razón Cecilia López cuando me enseñó que eso del «huevito» hay que «cacarearlo», porque puede venir el zorro o cualquier mísero can y hacer notar que no habrías cumplido… Pero aquella si era una gallina clueca, la que sigue por ahí volando, y tiene mucho huevo!!!

En fin: por encima de áulicas del famoso «Plumón» prestamos ese servicio y con la dirección de Cecilia alcanzamos la coordinación del Grupo de Comunicación y Servicios a la Comunidad, que capacitó en gerencia del servicio no apenas a los de Urgencias, sino a gran parte del equipo de prestadores de servicios de salud en Risaralda en el citado establecimiento. Nos ayudaron mucho el Sena y Antonio Márquez, director médico de entonces. Con mis agendas, mi libreto y varios informes esa dirección se fortaleció, no obstante nos tocara a Cecilia y a mi, destorcer varios nudos que me hacían en principio un auxiliar de servicios con sueldo de médico, bata de médico y funciones de ratón de biblioteca en el CAB de Dosquebradas. Cecilia López saltaba en furia pues no era justo ni con ese instituto, ni con los pacientes, ni con el país, que así se tratara al talento humano donde las personas no atendían su especialidad, sino el capricho de ciertas capataces del turno. Por eso esta ministra es especial y puede y debe permitirse su concurso, para la hora de tantos nudos en una administración que recupera talentos, sin importar que pudieran ser de gabinete de corte «del viejito».

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