Algo es algo, dijo el diablo

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Por: Jaime Diego Bedoya Medina.

En una ceremonia hermosísima, con actos cultuales preparados por la gobernación del Quindío, que recrearon la vida de los habitantes de la región cafetera cuando la mula y la enjalma eran los protagonistas en el trasteo de personas y cosas y, en la que se evidenció el oso y la ingratitud del presidente Duque que ni por cortesía nombró al expresidente Santos, el mandatario que más impulsó la obra y bastante lo promovió en su carrera profesional, se inauguró el Túnel de La Línea, vía determinante para el desarrollo del país y de la región cafetera, en particular. El movimiento de carga y pasajeros se verán muy beneficiados en el trayecto Armenia-Bogotá, único sentido de la megaobra. De regreso, a partir de Cajamarca, seguiremos transitando por la vieja vía que, aunque en una sola dirección, seguirá siendo un viacrucis. Entonces, bien se puede decir, que lo ahorrado en tiempo, combustible, trancones y paciencia de ida, se pierde de venida. Algo es algo, dijo el diablo. Pero, ¿por qué no previeron la construcción en doble dirección, e incluso con la caverna lista para adaptar los futuros ferrocarriles? ¿Se imaginan la enorme vuelta que deben dar los habitantes de veredas ubicadas en contravía?

Propongo: usar el túnel en doble sentido, con horarios programados. O, ¿será que no resiste tanto tráfico?

Aparte, impresionante el avance de nuestra ingeniería: Cómo revistieron la comba de la bóveda con un manto especial para recoger las aguas filtradas, tratarlas y darlas a la vecindad, para salvar la obra del hundimiento. El recubrimiento con acero y cemento de las paredes para afianzarlas, como el sistema de alumbrado, cámaras de seguridad y evacuación, dejan al turista boquiabierto. Mil gracias a quienes nos sacaron medianamente de ese atolladero.

Bautizado DARÍO ECHANDÍA, el chaparraluno liberal, por tres veces designado presidente de Colombia, que el 9 de abril, ante el desespero de los liberales por hacerse al poder, soltó la babosa la frase que lo hizo célebre: “el poder para qué”, respondida sabiamnte por la historia: pues para poder, señor. También famoso por calificarnos, merecidamente, de “cafres”. Luego, se convirtió en la conciencia moral del país, quizás arrepentido y atormentado por traicionar a su pueblo en el momento propicio para impulsar la transformación por la que luchó y murió Gaitán.

**Con mentiras bajas, intentan desprestigiar al magistrado Reyes. Sean serios. Busquen argumentos de peso. 

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