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LUIS FERNANDO CARDONA
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CulturaLiteraturaAlonso Quijano poguea en un bar punk de Bogotá

Alonso Quijano poguea en un bar punk de Bogotá

Ella, quien es él, cuando de ser toca;

la que palidece cuando sangra

pero aun así no se cansa ni  acongoja,

tira a matar con lo primero que atrás coja

no copia de respeto, por amor se aloca,

escucha metal, su Reino es El infierno,

pero parece una princesa roncando en su lecho

con su pijama de lunas y luceros

Fragmento del poema LA DULCE NEA del poeta caldense

IBAN DE JESÚS ALARCÓN (El GATO)

Por Miguel Angel Rubio Ospina

Irrumpir con novedad en un escenario tan difícil como el cinematográfico y más en Colombia, es una apuesta que de cuando en cuando sucede en el celuloide nacional con aciertos  y desaciertos.

Es el caso de “Un tal Alonso Quijano”, película muy promocionada en redes sociales y televisión, que ha sido realizada por estudiantes de la escuela de cine de la Universidad Nacional de Colombia, bajo la dirección de Libia Estella Gómez, profesora de cine y directora de películas como La historia del baúl rosado (2005)  y Ella (2015)

Me vi la película una mañana de domingo. Debo confesar que el ritmo inicial de la trama, se me hizo de entrada tedioso y pesado. De por sí, la prosa cervantina, que requiere oído como estomago de rumiante dada su sintaxis y barroquismo, supone una lectura lenta, diccionario en mano, un tratar de discernir las filosofías y modos de pensar de la España del siglo de oro, y dado el sagrado, casi sacerdotal respeto que la academia te enseña a tener a la más grande obra en Español jamás escrita hasta ahora, ver a un Quijote en moto Lambreta,  por las calles de Bogotá, en la figura de un profesor de literatura de nuestro tiempo, es una osadía artística muy arriesgada.

Una visión urbana del personaje cervantino en la persona de un ya anciano profesor de Literatura, que elude una realidad trágica, la muerte de su esposa e hija a manos del narcotráfico de los noventas en un avión que explota en pleno vuelo.

En la literatura, más específicamente en la obsesión literaria por el Quijote, el profesor Mallorca, “Un tal Alonso Quijano” escapa de la realidad llegando al terreno de la locura y el delirio, y terminando en una clínica de reposo, donde la apuesta cinematográfica tiene un punto alto al recrear el pasaje de los Galeotes, uno de los más famosos y comentados en el libro de Cervantes. 

Mientras tanto, Carrasco, el bibliotecario venido a menos y que ahora barre la hierba y asea caballerizas de la facultad de veterinaria, esconde este empleo, para no sentirse avergonzado ante  su esposa. Carrasco, le sigue el juego al profesor Mallorca, siendo su Sancho Panza, en la realidad paralela que este ha construido para huir de la verdad.

Una película donde la literatura es escape y a la vez búsqueda, gana en cuanto al paralelismo entre la locura y la realidad.

De una narrativa sencilla, sin muchas pretensiones, (creo que por el poco presupuesto) una película que es también un homenaje a nuestro teatro, pues hay juegos de escenografía, máscaras, actuaciones muy propias del teatro y las tablas, referencia a la gran producción del Quijote de la Mancha realizada por el teatro La Candelaria, actores de primera línea que sostienen la atmosfera de locura y tragicomedia.

Sin embargo, y aunque la película no es ni de lejos, la gran joya cinematográfica colombiana, hay una escena que condensa todo en ella y que la hace salvable. Resulta que toda la historia de Tragedia y locura de Albino Mallorca, y de Vergüenza y redención de Santos Carrasco, es atravesada por la historia de Lorenza, una estudiante de literatura que, en la búsqueda de su identidad, se inserta en el movimiento Punk de la ciudad, cambia su vestimenta, y va encontrando en las líneas de Cervantes, que el Quijote es también una obra de incomprensión, Lorenza, la Aldonza Lorenzo, Dulcinea del Toboso, convence a Alonso Quijano de que vaya a ver su trabajo final sobre la obra. Tenemos entonces una escena digna de pasar a la historia, un quijote de máscara y caballo de palo, con su amigo Sancho, en un bar Punk de Bogotá, observan y escuchan un concierto de este género, en el que los músicos se han vestido como personajes de la obra, y dónde nuestra Dulcinea Punk, interpreta una canción que habla de su caballero y su dama.

Miguel Ángel Rubio Ospina.

@rubio_miguel

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