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La jovialidad argentina

Respuesta que le di a mi hermano «Majitus», radicado en Connecticut (al noreste de los Estados Juntos EE. JJ.), a su pregunta de si Carlos Alberto Ricchetti, director de uno de los periódicos en los que escribo (El Politicón) era argentino. Le pareció que sí porque escuchó su voz, en un audio que le compartí.

Agregada a esa pregunta, la euforia y jolgorio de los “pibes” que alcanzaron el título de campeones en la Copa  Mundial de la FIFA Catar 2022, vinieron a mi mente gratas reminiscencias que –por curiosas– le compartí:

“El amigo Ricchetti es un reconocido cantautor de tangos, poeta y periodista, residente en el Eje Cafetero: Armenia, Manizales, Pereira y ciudades circunvecinas. No parece ser tan creído como pintan a los argentinos, más bien –al contrario– un buen elemento, todo un caballero, conversador y dicharachero; de muy agradable y distinguido trato”.

Claro que eso es como el mito de las fufurufas de Pereira, y los palos en las ruedas que la oposición irreflexiva les pone a las iniciativas y realizaciones del actual gobierno del cambio en Colombia: ¡puras mentiras, y especulaciones!

Corría el mes de octubre del 2006 cuando estuve por esos lares de la Patagonia, no vi ni un solo rioplatense que se creyera más que los demás: artistas, empleados bancarios, de bibliotecas, de teatros, de restaurantes, taxistas, empleados del hotel, todos, todos… sumamente amables, sencillos y serviciales.

No sé si te conté la anécdota vivida con nadie más y nadie menos que el presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, el doctor Horacio P. Fargosi ( q. e. p. d.), a quien conocí en el avión, y nos invitó una noche a todos (éramos como 20, entre familiares y amigos) a un concierto de jazz, tangos y valses. Nos tenían reservadas una acomodación en primera fila, VIP.

La sorpresa que nos llevamos fue enorme, porque todos, bailarines, cantantes, músicos, orquesta e invitados especiales lucían trajes de gala; y nosotros llegamos en traje de calle, bluyines, camisas de colores, cachuchas tenis, mochilas y morrales…, hechos unos zarrapastrosos. ¡Qué penononóóóóóóón tan berraco!

Y él, muy formal, nos brindó un efusivo saludo de bienvenida.

Pero ahí no para todo –al salir de ese grandioso concierto– nos invitó a conocer las instalaciones de la Bolsa. Subidos, con él, en el ascensor exclusivo para el presidente y sus subalternos más cercanos, recorrimos pasillos con bóvedas de valores de altísima seguridad, y pantallas gigantes para las cotizaciones de compra y venta de divisas; eso, sí, sin usar nuestras cámaras fotográficas… La misma vaina: ellos superelegantes (muy pocos, que trabajaban hasta tarde), y nosotros de paisanos, cual turistas campechanos.

Y –para cerrar con broche de oro– nos invitó a un café Kunek, producido en Colombia, con galletas alfajores; una gentileza en su lujosa oficina (muy bonita, incluida su secretaria).

Ahí, el doctor Fargosi, nos dio una minicátedra acerca de las semejanzas y variantes del kirchnerismo y el peronismo.

En fin, el hombre encantado con nosotros y nosotros con él y ellos por su amabilidad y deferencia con los turistas colombianos.

Mejor dicho…, nos sentimos tan orgullosos; algo así como si Maradona nos hubiera invitado –después del 5-0– al cementerio de La Chacarita a tomar mate, fumar Pielroja, y a escuchar los icónicos tangos  de Carlos Gardel.

Siguiendo con estas reminiscencias, podemos poner también como ejemplo de caballerosidad argentina a Daniel Alonso y a Bibiana su esposa, los amigos de Héctor Iván, allá en los EE. JJ.

Y… acá, en Cali, tengo otro amigo cantante de tangos, buenísimo; pero… colombiano.

Creo que te puse algunas canciones del hombre, el abogado doctor Gustavo Ruiz Montoya, garante del proceso de Paz entre el Ejercito de Liberación Nacional y el gobierno del «Innombrable». Busca a Gustavo en Google y YouTube, como tanguista, porque canta toda clase de música, y ahora funge como actor de cine en películas que dirige y produce su hijo Óscar Ruiz Navia.

Muy gratas experiencias, todas.

www.ogil.info

@OscarGil

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