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ActualidadAsí cómo Dios está en todas partes... El virus ... También.

Así cómo Dios está en todas partes… El virus … También.

JOHN JAIRO ARIAS HENAO

Cumplí 10 días aislado, salí positivo para Covid 19 en la mañana del lunes 19 de abril, cuando ya el calendario me indicaba que solo me quedaban 8 días para subir a los maravillosos años sesenta.

¿Quién me contagio? ¿Dónde fue?, ¿Cuándo?, ¿cómo?, ¿desde cuándo tenía el virus y no sabía?, Ante las dudas, acudí incrédulo por recomendación de una profesional y preciso, salí positivo.

Cuándo, dónde, cómo y quién me contagio, eso solo Dios lo sabe y ahí viene mi intervención muy personal de lo que han sido 10 días de aislamiento, a punta de acetaminofén, eritromicina, aspirinas, todas las bebidas habidas y por haber, las mismas que he utilizado hace un año (Moringa, jengibre, limón, Tomate de árbol, ajo y miel de abejas), más las que me fueron recomendando, Pronto alivio, eucalipto, matarratón,  y etcétera etcétera etcétera.

Si les digo dónde estuve en los días previos al contagio, no podría devolverme milimetricamente, que con quién hablé, menos, que si he estado en municipios, claro que sí, en zonas del área metropolitana, también, que si he saludado prudentemente, diría que si, ¿que si me encontré a alguien que me dijo: quieto que tengo síntomas?, nunca, ¿que si utilizo tapabocas?, claro al 100%, ¿si cargo alcohol?, también y por supuesto cero fiestas y aglomeraciones;  además en mis lugares de trabajo, todas las medidas de Bioseguridad.

Todos, absolutamente todos los lugares, sitios, espacios, personas y momentos, son sujetos de contagio, eso lo dicen las autoridades de salud y es impredecible, señalar que pasó.

Soy un hombre de fe, le tengo temor a Dios, y cuando me notificaron el contagio, me persigné, recibí la fórmula, me reporte y solo Dios sabe la angustia que se vive cada día en el aislamiento y tengo que confesarlo, me afectaron mucho las noticias de amigas y amigos que, antes y durante el aislamiento, partieron a la eternidad y porque muchos de los que se han ido, están en mi corazón.

No molesté a nadie, solo me dejé orientar vía redes sociales y me acompañaron virtualmente una gran profesional, dos amigos médicos y mi amigo sacerdote, el padre Rubén Darío Herrera Marín.

Lo más valioso, lo que para mí es un reconocimiento universal, el acompañamiento de mis familiares que desfilaron cómo hormiguillas hasta la puerta de la casa en Pereira y nada me faltó, por lo demás llamadas, mensajes y solidaridad.

Y una nota especial para mis amigos y compañeros de trabajo, a la distancia, siempre sentí su cariño.

Tuve suerte, los síntomas fueron suaves, algo leves y a Dios gracias, buen sabor  pero poco apetito.

Esta Pandemia es mortal, las cifras así lo demuestran, y solo en Colombia a 14 de mayo van 3.080.000 contagiados, 2.890.000 nos hemos recuperado y 80.250 han fallecido, por eso y aún vacunados, debemos seguir en máxima alerta, porque el virus está entre nosotros.

El virus no pide documento de identidad, tarjeta profesional o declaración de renta, poco le importa si eres católico, creyente, practicante o ateo, si en casa te esperan o tienes negocios pendientes, si eres misericordioso o tirano; nada de eso, el virus te acecha y sin que lo sepas llega a tu vida con resultados impactantes e impredecibles.

El Covid llegó a mi vida en el preciso momento de los sesenta abriles, fecha maravillosa, más por lo que viene que por los que ya no tengo y ahí me di cuenta de que un enemigo invisible, sin ser supremo, nos reduce al dolor, el miedo y la muerte, que nuestra vulnerabilidad es total y que es el verdadero padre celestial, quien, siendo supremo, nos da el don de la vida permanente para que nuestro corazón no se detenga.

En medio del aislamiento, la película de nuestra vida pasa una y otra vez y me queda muy claro que solo nos llevamos lo que hemos entregado y que esa maleta nunca habrá tiempo de empacarla, porque nada nos llevamos y que definitivamente es la tranquilidad del corazón y la conciencia la que nos hará el viaje eterno más emocionante para la rendición de cuentas, ante el padre celestial.

Seguiré la tarea que además hago por convicción y es acompañar a un gran ser humano como lo es el Gobernador de Risaralda Víctor Manuel Tamayo Vargas, porque esta pandemia no da espera y hay que seguir ayudando en la otra Risaralda, en invasiones y zonas marginadas, en resguardos y lugares de difícil acceso.

Absolutamente todos somos vulnerables y esto no ha terminado, el virus está en todas partes, menos mal Dios también.

Sigamos en cadena de oración por todos y todas y Pidámosle a Dios que el personal de la salud, aguante está batalla tan desigual.

John Jairo Arias Henao

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