ActualidadAtragantados con sus huevos

Atragantados con sus huevos

Ya no es ridículo, sino verdaderamente triste el papel de los pasantes de la comunicación, atragantados con sus propios huevos y dispuestos a exhibir espectáculos derivados de su ignorancia.

Pasó una mañana con cita y formalidades de «rueda de prensa» y desayuno, en cierto hotel de Pereira. La introducción de Gabriel Vallejo para relanzar su aspiración a repetir en el Congreso fue su Código de Ética y la publicación del estado de rentas y patrimonio suyo y de su cónyuge. Y a más de presentar su equipo de trabajo, navegó sobre algunos temas de campaña entre los que usó cierta figura, no sabemos si retórica, para impactar. Puso sobre la mesa las condiciones actuales del político que NO desearía ser y por esas mesas comenzaron a pasar los meseros con las tortillas de huevos… Alguien se perdió del inicio de esa ilustrativa definición de la política colombiana partidista y no llena de cosas positivas, sino más bien de contradicciones.

Madrugando al día siguiente en cierta cadena de radio la noticia fue que un político declaraba que no lo avergonzaba ser torticero, pedir coimas, presionar contratos y otras perlas que enredaron en el discurso, por el inoportuno paso de esos huevos en los que se atragantó el reporte. La huevonada es demostrativa del precario estado de cosas en un oficio que demandaría de mayor preparación que un simple hervor cito de pichones con pretensión de célebres chistosos de la información. Para ser periodista se requiere mucho más que el remoquete del tercer apellido ese con el que pisotean el oficio para presentarse como «reportero XXX de Caracol»…

Y si fue –peor aún– que no le sirvieron los huevos porque no asistió, se dejó meter la mano en la cava por algún oportunista malevo, que le contó el cuento y el «tiró» esa grabación. Así no se hace periodismo, señores. Eso es manoseo y abuso del oficio.

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