¡Bendito encierro!

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Por: Martha Rotavista Pinzón

Hace seis días que estoy encerrada ya se imaginarán por qué…el tema de moda: el rey de los virus ha llegado para ‘reclutarme’ en casa.

Y sé que suena muy egoísta pero quisiera saber si alguno de ustedes no ha pensado cosas como: -A buena hora llegó, no vamos a poder salir, rumbiemos ya porque quién sabe si nos cierran el bar aunque si nos cierran el bar la seguimos en la casa, nos jodieron el concierto o el partidito o la Semana Santa o simplemente, ¡qué drama hacen por una gripa!

Pues bien, no se sientan mal, pues les confieso que yo también.

Desde que el pasado viernes escuché la intervención del presidente de Gobierno de España, Pedro Sánchez, diciendo que: yo…¡que tengo ‘tantas’ ocupaciones! no podía salir sino a comprar mercado, a la farmacia, al médico y a sacar los perros (y aquí ni perros tengo); entré en un sustillo extraño, lo confieso, y por unos minutos maquiné en cómo explicarle yo a ‘ese señor’ que aceptaba ver las clases de la universidad en modalidad virtual, pero que no podía dejar mis entrenamientos de natación, ni mis clases de flamenco que recién comencé, ni tampoco podía dejar de ir al parque, al centro de Madrid, al voluntariado en el que le buscamos familia a animales sin hogar y mucho menos, al cine de los miércoles… cómo le explicaba yo, que el domingo me gusta dar una vuelta por la ciudad ver a la gente y caminar, sííí, caminar por las calles y que ahora no iba a poder hacerlo.

¿Cómo decirle al presidente que estoy en un país que no es el mío…cómo decirle que no me venga ‘a encerrar’ por favor que yo pa eso estoy grandecita y que no puedo perder ni plata ni tiempo?

En fin, eran muchos pensamientos juntos en los que, al parecer, y me da pena decirlo, solo yo era la protagonista. Sin embargo, con todo y esa frustración que da que nos dirijan la vida, sabía que en el fondo todo eso era lo correcto.

Para ser honesta, yo no quería enfermarme, pero mucho menos quería que por mí se enfermara alguien. Así que dejé la quejadera, sin dejar de sentir un poco de tristeza por estar aislada y a la vez tan lejos de mi casa, de los míos.

Este encierro aunque forzado (porque aquí multan al que salga y no sea para lo que está autorizado), me obligó a voltear la torta, es decir, a verle el lado bueno a una situación completamente extraña para mí.

Saqué los libros que no leía ‘por falta de tiempo’, organicé un cronograma para entregar la tesis del máster, contacté a personas con las que hace meses no tenía contacto, volví a escribir, en fin, comencé a llevar la situación de otra manera, a pensar en los demás y con esto, a ver las cosas diferentes, aunque suene cliché, comencé a ver la bondad en tiempos de crisis.

En mi barrio cada noche a las 20 horas (8 pm) los vecinos salimos a las ventanas, muchos no nos conocemos pero sonreímos y con el orgullo que nos da sentirnos cerca, comenzamos a aplaudir por varios minutos al personal de salud, como un agradecimiento por su servicio incansable y poco reconocido, en muchos casos. Ahí de verdad, sentí lo valiosos que son.

En esas mismas ventanas vi arcoíris con muchos colores y frases de unidad y ánimo que dibujaron los niños como un mensaje para toda la comunidad, vi carteles en que los más jóvenes se ofrecen para ir a comprar el mercado, sacar la mascota o llevar la medicina de los abuelos.

Las compras poco a poco comenzaron a racionalizarse, y también mi manera de ver la vida.

Ahora siento que tengo que agradecer lo que antes daba por sentado: tener una cama, agua en mi ducha, alimento, platos para servirme, tecnología para sentirme cerca de la gente que antes, por estar viendo las redes, ni siquiera notaba su compañía.

Comencé a disfrutar el aire que entra por la ventana que hoy, por cierto, parece estar más fresco; comencé a disfrutar tanto del ruido de los loros, como del silencio, del placer que da poder estar en casa. También pensé en todo los que no tienen esa fortuna y en tantos que no tienen nada.

Si usted tiene ahora al menos en qué leerme, déjeme decirle que es como yo, que recién descubrí que me estaba perdiendo de tanto…así que tengo que decirlo: ¡bendito encierro! Gracias, me has quitao la ceguera, ojalá que a usted también.

16 COMENTARIOS

  1. Excelente artículo, Martha y ante todo muy bien matizado con las vivencias reales en comunidad y muy ameno. Felicitaciones.

  2. Muy buena reflexión y muy apropiada para nosotros en Colombia que apenas iniciamos este calvario. Ojalá aprendamos muy pronto a sacarle el lado bueno a esta situación y no a sacar lo peor de los seres humanos como el egoísmo que ahora mismo vemos cuando la gente acapara todas las compras!!

    Luz Adriana

  3. Martha! Muy interesante y real tu escrito…. me ha encantado! hay muchas cosas que nos olvidamos de disfrutarlas por falta de tiempo o compromisos.. ahora es el momento! Haber si con este mal momento de salud que estamos pasando, apreciamos lo poquito que tenemos y disfrutarlo con humildad y cariño… un abrazo msrthica!!

  4. Muy buena tu columna Mathica, tendrás en la pluma un buen entretenimiento y al paso que vamos, creo que vas a poder escribir un libro.
    Un abrazo paisanita, te acompaño desde Valencia.
    Dios te proteja🌹🍀

    • Genial martica, son tantas sensaciones y tantos pensamientos que tenemos, pero esto nos va a servir de mucho! Como volver a valorar lo q habíamos olvidado. Un gran abrazo

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