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LUIS FERNANDO CARDONA
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ActualidadBotero, grabado a fuego con la memoria…

Botero, grabado a fuego con la memoria…

Un documental muy bello ese que hizo para la memoria del arte antioqueño, colombiano, italiano y mundial, este cineasta documentalista y narrador de historias llamado Jorge Mario Álvarez y que nos lo dejaran ver la semana anterior en uno de los canales de televisión que no permite por nada del mundo, pasar una noticia positiva de nuestro actual Presidente de la República.

Lo digo, sencillamente, porque a pesar de que es una verdadera verdad, cualquier producto que se presente en este canal, corre el riesgo de perder credibilidad por su  morbosa obsesión de negarse a mostrar la realidad de lo que en este hermoso país sucede, y obvio, ahí caerían como cocos, las historias, las series, las películas, los documentales, las entrevistas y muchos de los acontecimientos que podrían servir para informar y construir el pensamiento y la conducta de los pobladores que habitamos a esta Colombia del alma.

Álvarez construye una película que tiene todos los elementos propios del documental que ha de informar, sin sobrevalorar ni ser enriquecido con exageraciones de ningún tipo, y sin necesidad de valerse de estereotipos propagandísticos que le añaden a la película elementos de ficción para acaparar espectadores y llenarle cabeza de cucarachas a los muchos que tienen el deseo y la necesidad de conocer verdades, que somos la gran mayoría.

Realiza entonces Jorge Mario, una película que pueden ver espectadores de nuestro país y de cualquier parte del mundo y quedar satisfechos con una narración que no desborda la realidad y que al contrario, describe, con la ayuda de la participación de sus familiares (hijos, hermanos y nietos), amigos y cercanos que lo sintieron respirar, hablar, dormir, soñar, pintar, desvelarse, anhelar, proponer y crear, demostrando las razones y los “porqués” de su talentosa, copiosa, imponente y significativa obra, que, aunque no es de mi predilección, bien vale la pena hacerla aparecer como determinante para la historia del arte colombiano y por qué no decirlo abierta y tranquilamente, UNIVERSAL.

Ubicada en sus comienzos con una participación potente de documentales verídicos de la época (años cuarentas y cincuentas), el espectador de una, se ubica en un contexto temporal preciso, y comprende claramente el por qué este artista llega a donde llega.

Vende dibujos desde muy joven, ilustra un valioso Suplemento Literario de un prestigioso periódico, gana un segundo premio en un Salón que le roba el principal, sencillamente porque tienen que otorgárselo a la nieta de un Presidente de la República que con el color de su partido le empaña con azul su visión cromática del mundo (hablamos de un tal Laureano Gómez), expone sus primeros trabajos en una pequeña Galería de un famoso fotógrafo, don Leo Matíz y brinca para Europa, a donde deben ir todos los que sueñan con ser grandes.

Claro que meses antes de este periplo, se refugia en la costa atlántica, buscando playa y mar, para hacer figuras como las que hizo Gauguin, que lo hermana con Picasso por su respeto y lo inician fuertemente en el figurativismo.

Allá en esas lejanas tierras, ve en una vitrina, en un libro de arte abierto, una hermosísima reproducción de una obra que lo trasnocha: “Visita de la Reina de Saba al Rey Salomón”, de ese famoso pero muy desconocido por muchos Piero della Francesca, sencillamente porque lo pone a mirarla más de una, dos, y cien veces, porque para él y para muchos fue y es de lenta decodificación.

Se sabe ya por culpa de este documental del Maestro Jorge Mario Álvarez que, a pesar de haber hecho algunas obras abstractas, extrañas, raras, siempre el Maestro fue figurativo y excelente retratista (famosos son su Ramón Hoyos, ese ciclista que se ganó más de una Vuelta a Colombia en bicicleta) y el Obispo gordo de Antioquia de sus años mozos y que muy pronto, encontrará por culpa de una boca chiquita que le hizo a una mandolina (guitarrita) que se escondía tímidamente en el vientre de ese instrumento, se le aparecería la Virgen en una obra de arte que lo llevaría por siempre al cielo de la fama y la fortuna. Con ese accidente aparece el volumen y esas dimensiones especiales que presentarán desde entonces y hasta la presente, sus objetos, personajes y composiciones.

Hace entonces Álvarez un documental con un personaje que se muestra coloquial, sencillo, seguro, ameno (a veces, muy pocas veces, no se le escucha bien lo que dice, pero uno le perdona porque tiene derecho a hablar como le dé la gana, porque más importante es su obra y en este documental está presente todo el tiempo) y que cuenta sus verdades de manera escueta y sincera, como no las cuentan muchos otros que son más fantásticos que concretos y sensatos.

Valiosos los momentos que el documental muestra de las escenas de prostíbulos y de esas personitas que vendían sus romances y su sexo con tertulias y poesía, mezcladas con licor y cigarros. Nada grotesco, al contrario, todo lleno de magia.

Y finalmente, se desnuda la fama de su PEDRITO, la obra que todo el mundo conoce, cree saber qué es y de dónde vino y porqué la hizo, donde aclara que es producto de un dolor que no tiene dimensión ni posibilidad de olvido y que es la que más le gustó de entre su copiosa creación. Niño, hijo, pedazo de su alma y de vida que queda en un cuadro que está en Medellín, su ciudad natal, donde no quedaron sus restos, pero sí, su inmenso corazón, que, aunque él no es su autor (de su corazón, obvio), los espectadores que tengan la oportunidad de contemplarlo desde ahora hasta que este mundo se acabe, lo podrán sentir palpitar. (A diferencia de La Monalisa de Da Vinci, que no se puede acariciar ni en el mismo Museo, por lo distante que la dejaron del público y por culpa de su diminuto tamaño).

Dicen muchos que cuando termina uno de ver este documental, siente que Botero, es de uno, un gran amigo.

P/D. Argumentó siempre el Maestro que su obra es de muy fácil lectura, que cualquiera persona en el mundo la ve y la entiende, independiente del idioma que maneje, y piensa uno en por qué lo fascinó tanto esa monumental obra de Piero de la Francesca, La visita de la Reina de Saba al Rey Salomón, una obra de 4 metros de altura por casi ocho metros de larga, que lo hizo ir al Museo dueño de ella, más de una vez, para intentar comprenderla.

Piensa uno.

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2 COMENTARIOS

  1. Hola Germán, millones de gracias por tu amable y generoso comentario. Le trabajamos con pasión durante muchos años. Es mi homenaje al gran amigo el maestro Botero.

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