ActualidadCambiar de régimen político, para atraer también inversiones

Cambiar de régimen político, para atraer también inversiones

Mucho se viene hablando de lo que supuestamente haría o no Gustavo Petro en caso de asumir la Presidencia de la República.No hace falta tener demasiadas luces para advertir las falacias malintencionadas, con tal de hundir la figura del único candidato capaz de sacar el país adelante en el caso de traducir en obras sus propuestas de gobierno.

Dejando de lado las propias palabras de Iván Duque Márquez asegurando impedir el advenimiento del aspirante del Pacto Histórico a la Casa de Nariño de cualquier manera, algo totalmente impropio en el marco de una democracia real y no formal, existe la negativa rotunda de la mayoría de la clase dirigente por renunciar al subdesarrollo.

Otro de los aspectos sin recalcar en el discurso del propio Petro, no sólo es avanzar hacia una reforma político – económica con repercusión decisiva en lo social, descartando cambios drásticos en el modelo económico, sino favorecer el ingreso de divisas en forma de inversiones.

Salir del estancamiento económico, implica el abandono a rajatabla de la actual estructura feudal de producción, obsesionada en el acaparamiento de tierras, para abrazar el crecimiento industrial, la protección de las empresas existentes, con la consecuente demanda de productos al campo y estímulo al comercio. Pero tan ambiciosa tarea, resulta imposible si puerta de entrada a las inversiones permanece cerrado.

Perspectiva

Aunque el desplome del bloque socialista pareció evidenciar el fracaso estruendoso de los modelos estatistas, treinta años de neoliberalismo dejaron en evidencia idéntico resultado. Lejos de beneficiar a los grupos, a las corporaciones económicas, la democracia liberal de mercado trajo consigo la depredación del tejido social, la destrucción del empleo, la pérdida irrecuperable del valor del salario real, junto a la incertidumbre de las mayorías respecto al futuro.

Mientras el autoritarismo del pasado daba la impresión de amenazar de muerte los distintos derechos cualitativos de las mayorías, quedó en pañales si se lo compara con una clase de libertad en la cual su misma búsqueda implica resignar necesidades cualitativas como la vida, el derecho al trabajo, a la salud, a la educación.

Quedó demostrado que no hace falta policía secreta, guardias armados, grilletes, cadenas, ni muros, cuando ese anhelo legítimo acaba por convertirse igual a su contraparte antidemocrática, en el negocio de unos pocos.

El régimen político impuesto a fuerza de razón, debe ser uno donde en el cual tener acceso a los bienes materiales y espirituales no se traduzca en el sometimiento o la resignación de los derechos fundamentales. Ni siquiera en nombre de la libertad económica. Lo exige la dignidad humana.

Se impone un sistema mixto que posibilite un balance entre derechos u obligaciones, donde el respeto a la vida impida someterla a las fluctuaciones del libre mercado, pero también la responsabilidad colectiva de la sociedad sea la columna vertebral en ese modelo de direccionamiento hacia el progreso.

Libertad con hambre, no dura. Tampoco, las tiranías administrando derechos y bienes, decidiendo de forma arbitraria quiénes deben tener acceso o no, al vivir a expensas de enormes sectores de la ciudadanía en una suerte de populismo a la inversa.

Crecimiento

En el fondo, la verdadera causa de la ruina en Colombia, es la negativa de la clase política, secundada por los sectores empresarios, industriales, terratenientes, de resignar su negocio resultante de un modelo de subdesarrollo desigual, que les genera pingues ganancias.

Con sólo avanzar hacia un modelo de capitalismo nacional como el propuesto por Gustavo Petro, donde el estado de derecho asociado a la generación de riqueza allane el camino a un pacto social, en el cual convivan los actores económicos con perspectivas mutuas de progreso, incluso arribarían capitales para acabar de impulsar la tan ansiada reactivación.

¿Pero quién demonios invertiría un solo peso en la inseguridad generada por el conflicto interno armado, bajo preceptos de seguridad limitada al orden impuesto en base al reparto de plomo a diestra y siniestra? ¿Algún empresario o corporación, arriesgaría su dinero con temor a ser secuestrado, extorsionado a cambio de ganancias y donde para colmo de males el poder adquisitivo está bajo el nivel del suelo? El capital invita al capital. La afluencia de dinero aumenta la posibilidad de ingresar divisas. El único requisito, es generar las reglas de juego para que dejen ganancias. De allí la necesidad de sustituir el modelo político, el económico, a fin de dar al traste con las mafias haciendo del Estado el negocio perpetuo de una docena de familias acomodadas.

El 13 de marzo y más aún el 29 de julio, tendrán lugar las elecciones más importantes de la historia de Colombia de los últimos cincuenta años. El escenario político, la multitudinaria demanda social de cambio hace inminente la posibilidad de fraude. Si las mayorías se “tomaran la molestia” de asegurarse el futuro, exigiendo lo justo, observando las instituciones de la misma forma en la cual toman el tamal o la limosna politiquera, podrían tener la última palabra. El tiempo dirá si del mismo modo que sus abuelos y padres, desaprovechan o no la oportunidad.

Escribe: CARLOS ALBERTO RICCHETTI

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