Cantis Pipincholis

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Por: JUAN CARLOS PARRA SANABRIA (JUANVIAL)

Los millennials se aterrarán por las palabras que voy a utilizar para describir las relaciones sociales desde el punto de vista del juego de las bolas (canicas), los que en este instante somos mayores de 40 años en cualquier momento tuvimos la oportunidad de abrir un hueco en la tierra, con una tapa de gaseosa y jugamos con amiguitos del barrio, el juego de las bolas, con muchas variantes, pero con algo en común: había unas reglas naturales y un código de ética sencillo que se aplicaba en el desarrollo del esparcimiento.
La palabra “cantis”, así como la leen, corta y sonora, tenía un significado aceptado por todos; era cuando el niño estaba en una posición difícil o incomoda, por estar al lado de un pared o de un poste, entonces gritaba “cantis”, que significaba palabras más, palabras menos, que el jugador podía hacer un movimiento de 360 grados hasta encontrar un lugar donde tuviera más comodidad o pudiera tener una mejor posibilidad de tiro y golpear exitosamente la esferita del adversario.
Estas actividades en la calle nos enseñaron a trabajar en equipo, a plantear estrategias y comunicarlas a los miembros del grupo, a socializar el significado de las reglas y de las consecuencias de no acatarlas; el recreo callejero es el tendón esencial del musculo que hoy tienen los exitosos equipos de trabajo en todos los niveles.
La lúdica influye en nuestras vidas de manera permanente, ya siendo adultos ponemos en práctica las diferentes reglas que habíamos aceptado cuando pequeños: Cantis, pipincholis, tapo la meca, encholao, entre otros nombres llenos de contenido y que ahora se recuerdan en medio de la nostalgia, porque las nuevas generaciones no tendrán la super estructura que llevamos implícita los mayores de cuarenta, por eso es una lástima que estas personas sean sub valorados en el campo laboral en los países latinoamericanos.
El ser humano necesita cambios de manera permanente, hay que perder el miedo a la derrota y también la obsesión por el triunfo. La vida como se plantea en los medios de comunicación, las religiones, en los libros de automotivación, el sector financiero y alguna música, irónicamente, nos plantea un individualismo adicto al consumo, por eso necesitamos un “cantis” si alguien no está a gusto en su trabajo, incomodo en un restaurante, en algún momento deportivo o una relación amorosa, tiene la posibilidad de cambiar su posición, por otra en que se sienta mejor y en donde tenga una perspectiva de la vida completamente diferente.
El juego infantil grupal, nos podría dar una tabla de salvación para mejorar el desorden de nuestras ciudades, las cuales colapsan en medio de vehículos estacionados en los andenes, conductores borrachos, ciudadanos perdiendo valioso tiempo de sus vidas en medio de la congestión diaria, la explosión de los índices de los siniestros viales, en medio de cifras dantescas de víctimas fatales que se escapan de los discursos de los dirigentes políticos. El progreso urbano nos lleva al retroceso.
Es preciso decir, que la zona de confort nos está matando lentamente, si no nos movemos y nos despertamos para ponernos la camiseta de la movilidad sostenible, la seguridad vial y la protección del medio ambiente, o seremos parte del problema y el día menos pensado las malas noticias tocaran a nuestra puerta.

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