Ciro Durán

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CINE PARA EL OPINADERO

En 1997 en Pereira, realizábamos en el mes de agosto, el tercer encuentro nacional de críticos y periodistas de cine, el cual, le rendía un merecidísimo homenaje al Cine Colombiano. En esas fiestas de la cosecha, la perlita del Otún tuvo la oportunidad de contar entre sus huéspedes de honor, con los más brillantes, sonoros, agresivos y cuestionadores realizadores de cine que en nuestro país, hacían películas (aunque pocas), casi todas ellas, sin miedo y sin pensar en la vulgar taquilla. Es decir, se hacía cine pensando en el público y pensando en formar una gran masa crítica, que tuviera la posibilidad de esperar con muchos ánimos, una maratón de películas buenas que estarían por llegar, pero que pudieran sorprender a un público ya capacitado para saborear historias que tuvieran un verdadero sabor, una verdadera esencia, un muy serio contenido, pues no habían “Paseos cursis”, ni los fastidiosos Sábados Felices soñaban con salirse de la pantalla chica donde don Pacheco, Alfonso Lisarazo y ni Jota Mario Valencia, albergaban la esperanza de tocar ni en sueños, las grandes pantallas de los grandes teatros que en nuestro país proyectan cine…colombiano. Entre los cineastas invitados y que asistieron, estaban Lisandro Duque, Jorge Alí Triana, Jaime Osorio, Ricardo Coral y obvio, Ciro Durán, quien dejó una muy grata huella de su participación en todos los debates, foros, conversatorios y diálogos que se propiciaron en esta valiosísima experiencia.

Hoy el cine colombiano está de luto tras confirmarse la muerte de este director santandereano, a sus 84 años.

El también productor era reconocido por obras como “Gamín”, una película documental lanzada en 1977 sobre los niños habitantes de calle de Bogotá, que le abrió las puertas en el mundo audiovisual internacional.

Durán nació en Convención, Norte de Santander, y aunque primero estudió química y matemáticas, en la década de los sesenta se decantó por iniciar Teatro y Cine en Caracas (Venezuela), tras la muerte de su padre, de quien heredó el gusto por la apreciación cinematográfica. Dirigió cuatro documentales: el ya mencionado “Gamín”, “Corralejas de Sincelejo” en codirección con Mario Mitrotti en 1975¸ “Niños de dos mundos” (realizado para la Televisión Alemana¸ 1979) y “La guerra del centavo” (coproducción con la cadena de televisión ZDF de Alemania¸ en 1985), que también fue una producción destacada y que aborda la labor de los conductores de transporte urbano.

Durán debutó en 1962 como director y productor con el mediometraje “La paga”, el cual narra las luchas campesinas de Venezuela, país en el que se formó, seguida por “Aquileo Venganza”, un largometraje que se grabó en Villa de Leyva y está enmarcado en la Guerra de los Mil Días, cuando grandes terratenientes atacaban a pequeños propietarios para quedarse con sus tierras.

En su producción se destacan largometrajes como “Nieve tropical” (coproducción con Estados Unidos¸ 1990)¸ “La nave de los sueños” (1996) y “La toma de la embajada” (2000), que es su último filme y una recreación de la toma del M-19 de la embajada de República Dominicana en Bogotá, el 27 de febrero de 1980.

Además, dirigió otras películas como “Las cuatro edades del amor” (1980), una de las tres partes de “Comment vont les enfants” (1990), “La nave de los sueños” (1996) de la que también fue guionista, mismo rol que asumió en la película “Juegos bajo la luna” (2000).

Ciro fue distinguido con premios internacionales como el Donostia a los Nuevos Realizadores por “Gamín”, en el Festival de Cine de San Sebastián (España) en 1979.

Sus películas tienen en su seno una intención de rebeldía y de inconformidad manifiesta que en gran medida ayudaron para que una gran cantidad de realizadores de cine no solo de nuestro país sino de muchos de Latinoamérica, se animaran a hacer un cine de denuncia, que velara por motivar a los espectadores a soñar con sociedades más justas y equitativas.

Recuerdo que luego de haberse exhibido “Gamín” en un Festival Internacional de Cine de La Habana (empezando la década de los 80s), muchos habitantes de la Isla, al abordarnos en las calles de esa hermosa ciudad caribeña, nos preguntaban si era cierto que esos niños “carisucios” y algunos ancianos vestidos con ropas muy desgastadas dormían en las calles, pedían limosna y eran de carne y hueso. La respuesta que dábamos los colombianos que participábamos del festival, la daba el color rojo que se apoderaba de nuestras mejillas, y ahora que pienso en ello, no se me ocurre ni imaginar, qué podría contestar, más de treinta años después, si me preguntaran lo mismo, pues nuestra realidad creo, sigue siendo la misma.

Un abrazo a su familia.

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