Clonación terapéutica

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Por FRANCISCO ARIAS ESCUDERO – PADRE PACHO

La clonación es un tema atractivo para muchos. Se argumenta que, con ella, podríamos «inmortalizar» artistas famosos, políticos, estrellas de cine, etc. Otras personas con argumentos más conmovedores la promueven para reemplazar a un hijo tempranamente muerto; permitir a personas infértiles tener descendencia; obtener órganos para personas enfermas.

Clonar significa «dividir o aislar»; significa obtener uno o varios individuos a partir de una célula somática o de un núcleo de otro individuo, de modo que los individuos clonados son idénticos o casi idénticos al original.

Existen básicamente dos posibilidades de clonación. La primera es el proceso de unión entre la célula materna (óvulo) y la célula paterna (espermatozoide), el nuevo ser humano es una sola célula que se empezará a dividir para desarrollarse como un ser completo. Cuando se ha dividido en cuatro células, cada una de ellas todavía tiene toda la capacidad de desarrollar un ser humano completo.

La segunda técnica consiste en tomar el núcleo de una célula madura de cualquier parte del cuerpo de un adulto y depositarla dentro del óvulo materno, al que previamente se le ha extraído su propio núcleo. De esta manera, el núcleo de la célula madura «ordenará» a la célula primitiva la formación de un embrión que será depositado en el útero de la madre.

Son muchas las legislaciones que prohíben la clonación reproductiva de seres humanos, la discusión hoy radica en que si es con fines terapéuticos, ¿es licito realizarla?

Lo primero que podemos pensar es que la clonación terapéutica es menos mala que la reproductiva y en realidad es mucho mas grave “fabricar” un ser humano destinado al desguace “clonación terapéutica” que “fabricarlo” y dejarlo nacer “clonación reproductiva”. Crear un ser humano por clonación siempre estará mal, pues nadie puede imponer una identidad genética a otro ser humano. Quien crea un ser humano para despedazarlo en beneficio de otros, siempre será algo no solo grave sino injusto.

Cualquier sistema de derecho que se base en un mínimo de justicia debe tener en claro que el amor al hombre desde el primer momento de la concepción es un valor fundamental; ningún ser humano es menos digno de respeto que los demás seres humanos; nadie pude ser reducido a un objeto, a servir como material de laboratorio, para el “progreso” de la ciencia.

La clonación humana tanto terapéutica como reproductiva, nunca podrá ser justificada, porque toda legislación debe tener como principio defender la vida de cada uno de los miembros de la familia humana.  

En la Instrucción Donum Vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, establece claramente que la investigación médica debe renunciar a intervenir sobre embriones humanos vivos, a no ser que exista la certeza de que no se les causará daño y también menciona que la experimentación en embriones humanos es un claro atentado contra la vida y dignidad del ser humano.

Todo el problema radica en la concepción que se tenga sobre la vida humana, sobre su origen, fundamento y dignidad.  Es muy distinto para quienes la vida es un don de Dios o una realidad misteriosa o trascendente que para quienes la entienden como una mera propiedad inmanente de ciertos seres autónomos que pueden disponer libremente de ella. Es claro que la clonación, incluida la terapéutica, atenta contra el deber moral y contra la dignidad de la vida misma.

Padre Pacho

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