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A todos aquellos héroes del campo

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Por: Alejandro Corrales, Senador Cafetero

Colombia atraviesa una crisis nunca antes vista, jamás el país había detenido su normal funcionamiento de forma tan abrupta, jamás se nos había pedido quedarnos en casa tanto tiempo. La aparición del Covid-19 en nuestro territorio nos ha puesto grandes retos como sociedad. Nos ha obligado a cambiar nuestra forma de vida y nos ha demostrado qué es lo realmente importante.

Empezamos a valorar el tiempo en familia, los amigos, las salidas al parque, nuestra salud y lo más importante, empezamos a valorar los alimentos que llegan a nuestra mesa.

Mientras nos quedamos en casa algunos colombianos siguen trabajando diariamente, Fuerza Pública, equipo médico, transportadores y productores del sector agropecuario no han parado un minuto.

Nuestros campesinos han trabajado diariamente por seguir produciendo alimentos, poniendo en riesgo su vida y la de su familia, y por eso merecen todo nuestro reconocimiento, gracias a ellos la línea de producción de alimentos no se detiene, las tiendas y mercados del país pueden tener sus estantes llenos y las familias colombianas pueden comer a diario.

Su papel es tan crucial para el país que el Gobierno Nacional no ha escatimado recursos para apoyar el sector, se han abierto distintas líneas de crédito con el Banco Agrario y Finagro, se han dirigido recursos para cuidar su producción y se han presentado alivios económicos para los deudores.

Por otro lado, se han girado los dineros referentes a los programas sociales Familias en Acción, Jóvenes en Acción y al Adulto Mayor para poder mitigar la crisis en los hogares de la ruralidad colombiana.

Pero aún con todo esto, el campo nos necesita. Porque de nada sirve que nuestros campesinos adopten nuevas responsabilidades crediticias, si no existe un verdadero compromiso en la compra de sus cosechas a precios justos, si no hay mano de obra para cosechar los alimentos o demanda suficiente no lograremos salir adelante.

Para combatir esta crisis desde lo rural debemos permitir que los jóvenes puedan trabajar y apoyar a sus padres y abuelos, debemos estimular la compra de alimentos dejando a un lado a los intermediarios, que son al final quienes suben el valor de los alimentos. Qué bueno seria una compra masiva por parte del Gobierno Nacional a nuestros campesinos y que desde nuestras casas empecemos a comprar alimentos 100% colombianos, que defendamos nuestra industria nacional y les demos un impulso a los campesinos que hoy ven con angustia el futuro de sus cosechas y sus familias.

Como país nos enfrentamos a una crisis jamás antes vista, pero no por eso debemos desfallecer, por el contrario, debemos salir más fortalecidos de esta contingencia, apreciando lo verdaderamente importante, siendo conscientes de nuestro papel en el cuidado del planeta y reconociendo que durante todo este tiempo tuvimos unos héroes silenciosos, escondidos entre hectáreas de cultivos trabajando por llevarnos comida a nuestras casas.

Si hay algo que les puedo asegurar es que nuestros campesinos son héroes, son personas dedicadas, buenas y muy trabajadoras. No olvidemos todo lo que hacen por nosotros, no olvidemos que ahí están, dispuestos a salir cada mañana a seguir produciendo nuestros alimentos.

Espero, finalmente, entendamos con toda esta situación, la urgencia de apoyar a este sector con mejores escuelas rurales, mejores vías terciarias, mejores viviendas, mayor respaldo para la compra de sus insumos y fertilizantes, y mayores facilidades de venta de sus productos.

En Colombia no podemos seguir acostumbrados a que el campo está para combatir la pobreza. Hay que ser claros: el sector agropecuario debe estar, para generar riqueza!!!

¿Nos vemos y jugamos parqués?

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Por: Olga Caro

Lo siento no puedo salir de casa.  Quizá esta es la respuesta más frecuente ahora, pero también es posible decir, si acepto, pues las relaciones interpersonales en este momento tratan de sobrevivir de cualquier forma, aunque sea a través de una pantalla o de una aplicación de juegos en línea.

Las video llamadas, las redes sociales e incluso los juegos en línea entre amigos; se han vuelto la solución a una situación que nunca nos imaginamos iba a suceder, pues en tiempos de “Coronavirus” cualquier estrategia es válida cuando de mantener la comunicación con los más cercanos se trata y de paso, ocupar el tiempo libre.

En los últimos días, las notificaciones de invitaciones a juegos en línea con amigos de redes sociales han venido aumentando y sorprende ver que estos juegos son tradicionales para nuestra cultura y los más buscados en aplicaciones o medios tecnológicos, como es el caso del parqués o parchís en otros países; el cual ha venido teniendo una gran acogida en la cuarentena, este se ha vuelto una excusa muy particular para volver a tener contacto con amigos de redes sociales con los que muy poca veces se habla.

“Parchís Star”, es una aplicación que en países latinos y en España ha venido arrasando y volviéndose uno de los más descargados, curiosamente en los últimos meses, llegando a más de 10 millones de descargas pese a que fue lanzado en el 2017, no había tenido tanto éxito como ahora, incluso ha tenido cientos de publicaciones en medios de comunicación en el mundo?

¿Pero qué pasa cuando entre parejas que están lejos? Es ahí donde la creatividad es la protagonista y los cientos de programas para realizar video llamadas, la celestina de los romances a distancia, pues a través de estos medios se han realizado matrimonios con invitados y notarios incluidos y hasta fiestas de cumpleaños para los que celebran en medio de la cuarentena en sus casas.

Hay quienes van más allá, desde hace mucho se conocían términos como sexting, sexo a través del chat y por webcam, una práctica íntima poco segura que cobró incluso la cabeza de un defensor del pueblo en Colombia y que ha puesto a muchos en aprietos al ser víctimas de ciber extorsiones, sin embargo, en algunos casos donde parejas tratan de avivar la llama del amor y donde hay confianza se recurre a esta práctica.

Es momento de reinventarnos pero de fortalecer los lazos con amigos, familiares, de fortalecer el amor y guardar la esperanza que el mañana será mejor.

Congresistas virtuales

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Por: Alberto Zuluaga Trujillo

Para hoy lunes 13 de abril el país nacional espera que finalmente se inicien las sesiones ordinarias del Congreso de la República, las que debieron comenzar el pasado 16 de marzo y que, en razón de la cuarentena que el país vive, debió aplazarse mientras se debatía la posibilidad de su convocatoria a sesiones virtuales.

Mediante la expedición del decreto 491 expedido por el presidente Duque al amparo de la emergencia económica, se despejó el camino para que los congresistas se reunieran de manera remota, actividad ésta de difícil cumplimiento pues, si bien plataformas como Zoom y Skype permiten el teletrabajo, carecen de elementos técnicos para el desarrollo de este tipo de sesiones, entre otras, la verificación del quórum, manejo de intervenciones, control del micrófono y la radicación  de proposiciones y constancias en tiempo real.  Igual, al darse comienzo a la sesión, cualquier correo que a ella llegare, podría tomarse como la presencia del congresista en la sesión virtual. Pero aun así, superados todos estos tecnicismos, revisada la Ley 5 que trata sobre el reglamento del Congreso, en manera alguna autoriza la virtualidad en el procedimiento legislativo, decisión esta que debe provenir de una norma orgánica de la misma rama.

Difícil le resultaría a la Corte Constitucional, que a la postre es el órgano que entraría a debatir la exequibilidad de las leyes aprobadas aceptar la vulneración a lo prescrito por la Constitución Nacional en su artículo 149: “Toda reunión de miembros del Congreso que, con el propósito de ejercer funciones propias de la Rama Legislativa del Poder Público, se efectúe fuera de las condiciones constitucionales carecerá de validez. A los actos que realice no podrá dárseles efecto alguno y quienes participen en  las deliberaciones serán sancionados conforme a las leyes”. Ahora bien, el Presidente está facultado dentro de los estados de excepción para dictar decretos con fuerza de ley, mas no está autorizado para modificar la Constitución.

Luego el Congreso, mientras no legisle sobre dicha materia, deberá reunirse de manera presencial para dar cabal cumplimiento al mandato Constitucional. Inaceptable sí es, que mientras un sector importante de la población dedicada a la salud como son los médicos, los enfermeros, personal de las clínicas, hospitales, laboratorios, farmacias, miembros de la Fuerza Pública y en fin, un sinnúmero de  servidores públicos con un salario bajo, corren los riesgos que la pandemia implica por cumplir con sus deberes, un reducido grupo de privilegiados, como son los congresistas, no cumplan con el suyo por temor al contagio permaneciendo resguardados en la comodidad de sus casas, recibiendo sin falta alguna 42 millones de pesos que es la totalidad de lo que perciben por su heroico servicio en favor del pueblo colombiano.

Superada la pandemia, dentro del nuevo orden de cosas que habrá de imponerse, el Congreso deberá sufrir los correctivos necesarios para mantenerse como expresión de nuestra democracia, al tiempo que debemos cerrar la brecha abierta por un capitalismo salvaje que irrumpió al habernos olvidado de los fundamentos y postulados de la sana y necesaria doctrina capitalista.

 alzutru45@hotmail.com

El mundo feliz

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Por: Juan Guillermo Ángel Mejía

Esta crisis se presta para todo, para difundir mentiras, para incrementar los delitos, para abusar de los recursos destinados para hacer menos dura la cuarentena, para tomar decisiones de género sin razón alguna diferente a hacer prevalecer una condición que hoy nadie discute, pero que no es razón suficiente para obligar a las mayorías a comportamientos ajenos a su manera de pensar, a los asaltos, para que prolifere el “Pensamiento Grupal, en la mentalidad de rebaño” del que habla Mauricio Rubio en el diario El Espectador,  dado que en situaciones de riesgo de lo primero que hay que cuidarse es de la estupidez. Así las cosas, a pesar de que siempre habrá quienes buscan soluciones y hasta a se arriesgan para salvar al prójimo de la misma manera asomarán quienes se dedican a buscar culpables, estériles como las mulas y abundantes como los pendejos de los que hablaba Borges.

Uribe con coronavirus, el editorial del Washington Post, que el cuñado de la alcaldesa de Bogotá contrate por más de mil doscientos millones de pesos, que detuvieron a un profesor de Harvard por entregar a los chinos el virus mortal, algunas serán ciertas, usted dirá, pero la plaga es de tal magnitud que tenemos que poner en cuarentena toda esa carga de información que nos llega sin ningún filtro y que obliga a verificar lo que dicen los políticos sin principios.

Las cuarentenas, las pestes han sido eventos recurrentes en la historia de la humanidad, dejan una estela de dolor y todas ellas han generado cambios radicales en las estructuras de poder y en la distribución de la riqueza; casi siempre la falta de brazos ha empoderado a las mayorías, otras, las menos, han incrementado la represión;  hoy, en un mundo interconectado, vaticinan que esta plaga será el fin del capitalismo salvaje y del estatismo absoluto, en pocas palabras no podrán existir ni los multimillonarios capitalistas ni los estados propietarios de todo, entonces que será, “¿cómo ha de ser, cómo ha de ser Dios mío?”.

No hace muchos años, cuando aterrizaban los viajeros provenientes de los países ricos, se escuchaba una salva de aplausos, unos pensaban que era un homenaje a los pilotos, otros lo interpretaban como la alegría de “haber coronado” del exitoso periplo del narcotráfico; en las islas del caribe el éxito en el delito se celebraba con jolgorio colectivo, actitudes que contrastan con el: “no basta conocer el bien, hay que desearlo, no basta conocer el mal hay que despreciarlo”, requisitos para que la ley moral gobierne nuestras vidas, que menciona Victoria Camps y que permita despreciar el boato producto muchas veces del delito tolerado.

¿Será posible que termine la feria de las vanidades,  que la humanidad abandone el deseo de poseer mucho más de lo necesario, será posible que los hombres dejemos de multiplicarnos de tal manera que nuestra sola existencia extermine las otras formas de vida?, ese es el dilema.

¿ Será que El Mundo Feliz que imaginó Aldous Huxley, aquel totalitario y deshumanizado que describió el novelista,  enemigo acérrimo de las simplificaciones de los dogmatismos políticos, ya que es indudable el florecimiento de los populismos autoritarios y de la masificación de los estribillos que embrutecen, todo ello sumado al crecimiento desmesurado, del consumo sin límites, son realidades que hacen peligrar al mundo y con él, el fin de la historia, o por el contrario veremos un mundo feliz que perdure y sobreviva a la estupidez de nuestra especie, quizás nos encontramos en un momento en el que produzca una ruptura epistemológica, un cambio radical en la sociedad existente.

Publicada originalmente en El Diario y reproducida en El Opinadero con autorización expresa del autor.

Una propuesta de subsidio al empleo con financiamiento público de largo plazo

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Por: Jorge H Botero

A algunos podría interesar este documento, que he escrito con un economista importante, Eduardo Lora, sobre uso de recursos de emisión monetaria durante la pandemia.

Descargue aquí el documento completo >>

Obligados a reinventarnos y redescubrirnos

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Por: Hugo Ocampo Villegas

Los escenarios están cerrados. No hay competencias, los micrófonos en los estadios están silenciados, las salas de redacción están vacías.

Y en este prolongado receso, nosotros los periodistas alejados de los campos deportivos y con el computador más que imprescindible buscando espacios en las nubes tecnológicas, escribiendo temas de reflexión y análisis –como casi nunca lo hacemos-, hurgando en los archivos para evocar el pasado glorioso o rememorar hechos anecdóticos en este incierto presente y profundizando en el rostro humano del deportista ante la escasez de información.

Un receso obligado, que ni en vacaciones tomamos torturándonos con que la noticia no tiene horario ni fecha en el calendario, y que nos obliga en tiempos de crisis a reinventarnos en el trabajo pero también a redescubrirnos en nuestra vida personal y el valor de la familia.

Uno, reinventarnos en el trabajo. Por allá en 1974 –llevaba ya un año de haberme iniciado como comentaristas de fútbol- quienes cubríamos los partidos del Deportivo Pereira entramos en huelga, con el respaldo de los medios para los cuales laborábamos, cuando el alcalde de turno pretendió cobrarnos el ingreso al estadio. Fue un mes de silencio informativo y en ese lapso se disputaron tres juegos en el Hernán Ramírez con asistencia de público que echaba de menos las narraciones ruidosas de los locutores y las sesudas opiniones de los comentaristas pues el aficionado se sentaba en la tribuna con el transistor pegado al oído para que otros le contaran lo que él estaba viendo.

Ahí entendí que no sólo de fútbol debía ocuparme y cambié mi rótulo de comentarista a letrero de periodista en ciernes, sintiéndome obligado a incursionar en otros deportes y explorar los otros géneros del periodismo. Tocó renovarme.

Hoy el término de moda es reinventar. Con la fortuna de tener al alcance de nuestra profesión –oficio, según el honorable Congreso que eliminó la tarjeta profesional de periodista- todos los avances de la tecnología que a la vez se han convertido en amenaza si los medios y nosotros no entendemos la necesidad de transformarnos. Pues bien… la pandemia llegó para obligarnos a ello.

El riesgo es que nos quedemos pegados a esa montaña informativa, la que es cierta y la que no lo es, que se desparramó por las redes sociales sólo para consumirla, sin hacer uso de nuestra capacidad de investigación y discernimiento. Porque no es sólo avanzar en la utilización de la tecnología digital sino en aprovecharla para producir un buen periodismo. ¡A reinventarnos se dijo…!. Llegó la hora y día del trabajo inteligente.

Dos, redescubrirnos en nuestra vida personal y el valor de la familia. Bien vale decir que el deporte con su multiplicidad de disciplinas y eventos, pero en esencia el fútbol, nos sacó -a quienes optamos por el periodismo deportivo- de nuestras casas todos los fines de semana y nos alejó de la esfera familiar por largas temporadas de días consecutivos.

Recuerdo que no pude asistir al grado de un hermano y al matrimonio de otro mas me demoré en llegar para comer un pedazo de torta que en salir a un cubrimiento deportivo.

Fueron muchos los encuentros familiares campestres en los que brillé por mi ausencia y ni que decir cuando al extinto Augusto Ramírez González le dio por inventarse la Copa Ciudad Pereira: la navidad la pasábamos en el Mora Mora y el feliz año nuevo lo celebrábamos primero en el estadio. Nuestra vida se resumía en: cerca de los estadios compartiendo con el deporte, lejos de nuestras casas abandonados de la familia.

Ahora, la forzosa cuarentena me ha permitido redescubrir –a pesar del narcotizante celular que acerca en la lejanía y aleja en la cercanía- el encanto del entretenimiento hogareño que viví en mi infancia y juventud, aún en medio de las dificultades económicas.

 Nunca le había invertido a fortalecer los lazos familiares con un parqués de seis puestos y sus más de dos horas tratando de llegar al cielo o en una película en primera fila con hermanos y sobrinos engordando aún más con crispetas, platanitos, papitas y gaseosas para darle gusto a Luciana, la ‘sobri’ que nos alegra los días de encierro. Reunidos hasta en la espiritualidad al asistir vía Internet pero con recogimiento al viacrucis de Cristo, como nunca antes lo hicimos.

Y más aún, en el solaz también de un momento personal, pude apreciar de cerca el maravilloso espectáculo de un ejército de hormigas cortadoras de hojas –cachonas las llamamos, también arrieras- que en un solo día deshojaron y dejaron desnudo el rosal del antejardín de la casa. Mi hermana decía que se estaban aprovisionando para la temporada de invierno y digo yo que no encontraron mejor supermercado que la espinosa planta heredada de nuestra madre. No menos interesante fue verlas replegarse a sus hormigueros consumado su trabajo invasivo.

¡A redescubrinos, se dijo entonces…!. La familia si tiene horario y tiempo en el calendario.

La esperanza está viva

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Por: Luis García Quiroga

Recién escribí una columna relatando cómo el gobernador Tamayo dijo en una reunión, que “Al hospital San Jorge se lo habían robado” e inclusive hizo señalamientos de corrupción respaldando el informe de la Corporación Vigía Cívica, detallando contrato por contrato, nombres propios, sobrecostos y otras irregularidades tan evidentes como el texto que usted está leyendo.

El tema del atraco contractual al San Jorge ha conmovido tanto que es probable que, si la indignación perdura de aquí a las próximas elecciones de Congreso, se les pondrá el dulce a mordiscos a quienes han sido señalados de prohijar el saqueo, no obstante, en esta crisis estar saliendo a repartir las migajas del festín de Baltazar, como se ve de manera obscena en las redes sociales.

Lo digo porque no salgo del asombro por la reacción de muchas personas cuando propusimos la donación de dinero para apoyar a un grupo de jóvenes pereiranas lideradas por la diseñadora Laura Naranjo.

Laura (a quien no conozco) había contactado a sus amigas para hacer una campaña dirigida a confeccionar trajes de tela antifluidos (incluyendo escafandra y botas) para donarlos a los médicos y personal sanitario de los hospitales San Jorge y Keneddy y les alcanzó el civismo solidario para donar diez trajes al Hospital de La Virginia, pese a que un funcionario de la Gobernación dijo que “tenían de todo”, lo que ojalá hubiera sido cierto.

Es lo que marca la diferencia. Hay mucha gente que está desplegando silenciosa generosidad y solidaridad sin falsos protagonismos. Personas que apoyan como en los terremotos: están ahí, salvando vidas a riesgo de las suyas propias; o simplemente retornando algo de lo que recibieron.

La respuesta no se hizo esperar. El arquitecto Jorge Enrique Martínez saltó como un resorte, me pidió el contacto de Laura y varios minutos después me dijo al whatsaap “Luis, dígales a la chicas que mañana les transfiero”. (Me parece obsceno mencionar cifras). Martha Elena Bedoya, Martha Manrique sumaron su apoyo ejemplar.

Por temor a quedarse con los crespos hechos, Laura y sus amigas tenían una meta de 60 trajes e hicieron 80. Y las seguían llamando para ofrecerles más apoyo pero tuvieron que parar porque la tela antifluidos se agotó en el mercado.

Ellas nos llenan de ilusión porque simbolizan la esperanza. Nos enseñan que el ADN del civismo nacido en la simiente de la solidaridad y el concepto comunal está extraviado en el mundo de los negocios, pero mientras queden trazas, moléculas o señales del auténtico civismo, la esperanza seguirá viva.

El arte y la cultura, como un sistema de seguro moral en tiempos de pandemia

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Por: Alba Nury Orozco Gómez

Por estos días, algunos artistas y gestores culturales, reclaman al alcalde de la ciudad de Pereira, un plan de contingencia que permita a este sector prevenir los posibles efectos negativos que puede generar la aplicación de los decretos derivados de la emergencia por el covid -19. Desde diferentes orillas se han pronunciado artistas y gestores; hay quienes insisten en la necesidad de gestionar recursos para el sostenimiento de los proyectos colectivos y personales, y de otro lado hay quienes proponen hacerse a un lado, bajo el argumento solidario y poniendo de presente que quizás, hay otros grupos que deben ser priorizados ante la emergencia. Unos y otros en sus propuestas – que son mucho más ricas y completas de lo que aquí nombro- dan cuenta ante todo de la importancia de la cultura y el arte en la construcción de ciudad, pues son sus pronunciamientos la evidencia de una preocupación y de una sensibilidad necesaria, sobre todo en tiempos de alta incertidumbre y vulnerabilidad espiritual.

Si me permiten quiero mediar entre las dos posturas y proponerles pensar un plan de contingencia que centre su preocupación en la necesidad del arte y la cultura, para la ciudad; principalmente para las comunidades, los barrios y las personas que no pueden acceder a esta como un “derecho adquirido”. Dicha propuesta está respaldada por la experiencia en el diseño de  estrategias metodológicas para el trabajo comunitario de la Corporación Déjalo Ser, una organización que por más de 20 años ha insistido en el arte y la cultura como una  herramienta más que necesaria, vital, en la mediación de los procesos comunitarios. Con toda seguridad podemos decirle al alcalde que no se equivoca en poner al lado de la educación, la salud y la alimentación,  la cultura y el arte, pues esta resulta también esencial para la vida, una afirmación respaldada en la evidencia empírica, pero también en una convicción íntima,  casi vital: la literatura, la música, el teatro, la poesía, pueden salvarnos, o al menos domesticarnos un poco, y aplacar nuestros instintos más destructores.

Joseph Brodsky, ensayista y poeta ruso, en su discurso de aceptación del nobel nos recordaba:

Diré solamente […] que para una persona que ha leído mucho a Dickens disparar contra su semejante, en nombre de cualquier idea, sería más fácil que para una persona que no ha leído Dickens […] y hablo justamente de la literatura, es decir de la literatura y no de la alfabetización, no de la educación. Una persona alfabetizada, educada, puede sin mayor problema, después de haber leído uno u otro tratado político, matar a un semejante e incluso sentir con eso el éxtasis de convicción.

Brodsky en este mismo discurso (Citado por Alejandro Gaviria, en su libro Siquiera Tenemos las Palabras) se lamentaba, que su defensa por la literatura, estuviera basada solo en teoría y no en la experiencia, por fortuna y para nuestra defensa, podemos decirle a Brodsky que constatamos su teoría, desde Pereira, desde Colombia, que efectivamente, y no solo la literatura; el teatro, la música, la poesía han salvado a muchos. Que esa intuición que él tenía sobre el arte como un sistema de seguro moral, lo podemos constatar y que al igual que él creemos que tarde o temprano la oferta (ojala masificada) del arte y la cultura terminará creando su propia demanda.

El huevo o la gallina

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G20 meeting concept, flags of all members G20. 3D rendering

Por: Juan Carlos Parra Sanabria

Los seres humanos, progresamos y avanzamos gracias a los desafíos. Los tiempos difíciles hacen de este residente planetario un individuo creativo y fuerte, cada vez más resistente a los obstáculos, a los tiempos violentos que amenacen la supervivencia de la especie. El homo sapiens se levanta después de cada tormenta, camina erguido, domina o se defiende de los fenómenos naturales y les da forma y explicación a todos sus interrogantes, se alza en miles de guerras por el amor, el poder, el territorio y las debilidades que le hinchan el ego, pero siempre ha sucumbido a una pregunta: Qué fue primero, ¿el huevo o la gallina?

Al centro del huracán llegan pensadores griegos, ahora encontramos la cuestión: – ¿defender la vida o la economía? – vamos navegando en medio de una falacia, la famosa pregunta nos pone indefensos ante un círculo vicioso con tertuliadores de talla Aristotélica, físicos como Stephen Hawking y David Papineau, entre otros.

Discusión que toma importancia en las épocas actuales, después de la reunión virtual del G20, donde varios mandatarios se ubicaron en polos opuestos, por sus opiniones frente a las medidas para prevenir el contagio del corona virus en sus países, frente a la propuesta de una cuarentena obligatoria, el presidente de Argentina Alberto Fernández dijo: «Ante el dilema de preservar la economía o la vida, no dudamos: elegimos la vida». Pero el presidente de Estados Unidos dijo que quiere reabrir la economía del país después del domingo 12 de abril y desde Brasil, el mandatario Jair Bolsonaro se ha alineado con Donald Trump al priorizar la economía sobre los cierres impulsados por expertos en salud pública.

 Qué es primero, ¿la vida o la economía?, en medio de una pandemia mundial, Un enemigo invisible que ha arrodillado al más petulante de los países y deja a todos los gobiernos del mundo contra las cuerdas, Colombia no fue la excepción, para mitigar el riesgo se ordenó a todos los habitantes someterse a una cuarentena por medio  del decreto 457 de 2020, la fecha límite de este ejercicio de prevención de contagio era el 13 de abril, pero al acercarse el día final del encierro de los colombianos, se escuchó el rumor por todas la esquinas que la cuarentena se iba a extender.

Se responsabiliza a los empresarios y banqueros por presionar al gobierno para que implemente una cuarentena inteligente, en la cual, puedan salir muchas entidades a trabajar pero que se tomen medidas de prevención, en el otro lado, hay sectores que se oponen por el riesgo de contagio que tiene el corona virus.

La discusión va contaminada por un debate pobre, bajo, de inescrupulosos simpatizantes de líderes políticos a nivel nacional, algunos pretenden ocultar que el sector financiero se ha portado mal con el pueblo colombiano, disfrazan ese monigote agiotista en una oveja inofensiva en medio de un pantano plagado de lobos hambrientos, otros tienen muy claro que los trabajadores son los que tienen las peores condiciones de salubridad, están en los escenarios de mayor riesgo y que serán los sacrificados hasta en sus sistemas de transporte.

Por ahora la cuarentena se extiende, no se puede cerrar el debate, podemos citar las palabras del columnista Thierry Ways: “No hay otro camino, pues no hay disyuntiva entre vida y economía. Si se apaga una, se apaga la otra.”

El auditorio se enmudece

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Scene with red curtains and retro microphone. Vector illustration in cartoon style. Concert show entertainment, musical theater event

Por: Ricardo Tribín Acosta

Si, así es, a veces hay personas que hablan más que un perdido cuando lo encuentran y por tanto se apoderan tanto de la palabra que los oyentes dejan de serlo y se mantienen en silencio para luego dispersarse huyendo de la «cháchara» de esos insoportables conversadores.

Y es que pocas cosas hay más fastidiosa que las que se sufren en un «diálogo», si es que así se le pudiese llamar al cuasi monologo de un parlanchín, quien no para de hablar y de sentar cátedra en la conversación, olvidándose que ella es de dos, tres, o quizás más participantes, y no de uno solamente, el que casi no respira por seguir en su permanente diatriba.

«En boca cerrada no entran moscas» y por ello, ojalá este aserto, lo aplicaran aquellos para los que les es más que difícil permanecer en silencio y así tener la capacidad y la delicadeza  de escuchar la opinión de los demás pues, como dice un famoso poema, «ellos también tienen algo que agregar».

https://ricardotribin.blogspot.com
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