Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadComisión de la verdad: Convocatoria a la paz grande.

Comisión de la verdad: Convocatoria a la paz grande.

Tal como debía ser por lo prometido en campaña  y  lo ejecutado en su desgobierno, el señor Iván Duque estuvo ausente en la entrega de éste  documento, crucial para darle un nuevo norte a un país donde la democracia que cacarea nuestra clase gobernante, se limita  por lo general a votar  por el ungido de los  las multinacionales gringas y los cacaos económicos del país, para “ legalizar”  su  mandato, con excepciones  honrosas como la elección de Gustavo Petro como presidente de Colombia.

 La comisión es fruto de los acuerdos de paz con las FARC-EP, y forma parte del Sistema Integral Para la Paz  junto con la Unidad  de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas UBPD, y la JEP.  Sobre sus funciones aclara: “No somos un organismo judicial, por eso nuestra verdad no es forense. Aun así, esta urgencia de establecer y aceptar responsabilidades es indispensable para la paz, porque sin ella  la construcción de futuro se paraliza”     

Frente al informe final de la comisión de la verdad hay las primeras reacciones, muchas de ellas descalificando la titánica labor llevada a cabo, intentando mostrar sus resultados como un documento de poca monta elaborado por personas sin autoridad intelectual, moral y ética de sus autores, nada más alejado de la realidad.

Intentaré hacer una divulgación  de apartes importantes del documento hacia la paz duradera, esperando motivar a otras personas para leerlo.

Hay varios llamados de atención que deberíamos acoger sin reserva los colombianos:” detener un conflicto en el que 80% de las víctimas  son civiles no combatientes y menos del 2% de las muertes ha ocurrido en combate” (página 9). “Sacar las armas del espacio venerable de lo público. A  tomar distancia de los que meten fusiles en la política. A  no colaborar con los mesías que pretenden apoyar  la lucha social legítima con ametralladoras” (página 10).

En la página 19 del documento  dice  que esclarecer la verdad sobre el conflicto se ha hecho en 2 momentos, el primero:”Al  escuchar para acoger la realidad del impacto físico y emocional de la violencia en las personas y comunidades, a esos daños  y dolor incuestionables que no necesitan interpretación”, el segundo:  “Al buscar la verdad que explique  ¿Por qué pasó eso?, ¿Quiénes lo hicieron, cuál es su responsabilidad y cómo evitar que continúe?, ¿Qué pasó con la sociedad y  el estado mientras esto ocurría? Desgraciadamente aquí  pasó  lo  mismo  que en  la  Alemania  Nazi: una sociedad anestesiada que  lo permitió. 

Para recuperar nuestra dignidad y orgullo como pueblo, al igual que allá: deberíamos asumir como propio el sufrimiento de las víctimas evitando el negacionismo,  reconociendo  nuestra responsabilidad  colectiva como nación, donde fallamos unos por acción (los perpetradores), y  nosotros por omisión, por no levantar la voz e impedir las atrocidades cometidas, pretendiendo ser  testigos neutrales, el resultado: una sociedad con  más de 9 millones de víctimas.

El informe en su página 20 declara que: “Las fosas comunes y cadáveres de muchachos y muchachas rurales desperdigados en las montañas, muchos de ellos indígenas y afros que fueron llevados  como guerrilleros, paramilitares, o soldados y que murieron sin saber porqué peleaban”. Me pregunto: ¿Por qué  la pasividad de gran parte de la sociedad? , y respondo: este  fue un conflicto periférico, en territorios alejados del centro económico y político del país,  entre un pequeño grupo de protagonistas, que  no  afectó casi nunca a personas prestantes, un conflicto lejano, que la mayoría de colombianos  vimos en noticieros, sin sufrir la  trágica realidad de: abaleos, cilindros bombas, bombardeos y fumigaciones de la fuerza pública, masacres, desmembramientos a punta de motosierra y despedazamiento de campesinos y gentes humildes a los que el  indolente Molano llamó “máquinas de guerra”.

En la  página 20, el informe recuerda que la naturaleza fue victimizada y  sus ríos  convertidos en cementerios, sus quebradas llenas de petróleo, selvas quemadas, centenares de especies animales nativas desaparecidas, y cientos de miles de hectáreas envenenadas por químicos  usados para elaborar base de coca y, arruinadas por el glifosato regado para acabar con  esos cultivos .

“El Espectador domingo 3 de Julio 2022, página 2, trae a colación otra de las recomendaciones de la comisión , un  cambio en la política de drogas, aunque en ese aspecto se ha contado con colaboración norteamericana, la entidad propone que haya un cambio sustancial  “Que incluya superar el prohibicionismo  y transitar a la regulación de los mercados”. “Este cambio  debe dejar atrás el abordaje  del problema de las drogas como asunto de seguridad nacional y debe contribuir a  desmilitarizar la relación entre  el estado y la ciudadanía”, ese cambio debe darse en el marco de DIH, “Se debe reformular  la  política internacional  en particular con el gobierno de Estados Unidos”.

Deja en claro la comisión, página 21  que  no teníamos que aceptar la barbarie como natural e inevitable, ¿Por qué los negocios,  actividades académicas, religiosas  ferias y futbol se siguieron celebrando  como si no estuviera pasando nada?  Pienso que somos una nación sin proyecto de nación; el fútbol, lo  único que logra  reunirnos. (Debemos  recordar  que, mientras las fuerzas armadas  “para rescatar la democracia, maestro” entrando a sangre y fuego,  igualaban la  barbarie  del M-19 en la retoma del Palacio de Justicia, pasaron un partido por tv.).  Se pregunta ¿Dónde estaban el congreso y los partidos políticos?, si calcularon  las guerrillas las macabras consecuencias de sus acciones, ¿Qué  hicieron los líderes religiosos, los educadores?, ¿Qué dicen los jueces que permitieron la impunidad? ¿Cuál fue el papel de los medios de comunicación? Y  ¿Cuáles  fueron las instituciones del estado  que no impidieron y más bien promovieron el conflicto armado?, preguntas que ponen el dedo en la llaga, porque cuestionan del papel que debimos asumir,  no  mirar hacia otro lado.

Dice el documento en su página 25: las más de 2.000 masacres fueron perpetradas  por todos los grupos,  “El análisis del Centro  Nacional de Memoria Histórica  muestra que la mayor parte de las masacres fueron ejecutadas por paramilitares con el apoyo de miembros de las fuerza pública”,  se recuerda la sevicia de todos los actores armados donde hubo pueblos masacrados  en decenas de ocasiones  por el mismo grupo, caso de las Farc con Caldono, y  otros destruidos por unos, y vueltos a destruir por otros.

El documento, página 30 nos pone ante la vergüenza de los relatos de  personas que siendo escolares  fueron convertidas en esclavas sexuales de los paramilitares en complicidad  con directivos de colegios, y que en varias partes del territorio nacional, se hizo “normal”  la obligación de  satisfacer  los apetitos sexuales  de los jefes armados cada vez que a ellos les venía en gana. No podemos olvidar  los casos del Paramilitar Hernán Giraldo apodado  “el taladro de la sierra” y del no menos perverso Otoniel, jefe del clan del golfo, extraditados ambos, sin pagar en Colombia por sus atrocidades.

En su informe, página 31 recuerda la Comisión de la Verdad que el conflicto causó más de 8 millones de desplazados, 4 millones de menores de edad, 5 millones de desplazados fueron mujeres y un millón de seres humanos debió salir del país como única manera de salvar la vida.  Y destaca además  la cuota de sufrimiento de los  campesinos  resaltando que las 393.000 parcelas despojadas en la llamada violencia política es una cifra pequeña ante los reclamos de 2 millones de hectáreas en el actual proceso de restitución de tierras, dice la página 33: ”Los avances de la lucha campesina por la reforma agraria en el siglo XX, fueron revertidos, en una contra-reforma agraria violenta   a principios del siglo XXI, el campesinado fue perseguido, marginalizado, estigmatizado”, según Tomás Eloy Martínez citado por la comisión: “Rara vez los adversarios combaten entre sí. Su campo de batalla es el cuerpo de los campesinos”; también nos recuerda la comisión el horror de los campos minados,  en ese tétrico asunto solo nos supera un país que estuvo en guerra contra un invasor extranjero, Afganistán.

Frente a la desigualdad social y la necesidad de cambio de modelo, hace notar el informe de la comisión que hay una descomunal concentración de tierras, como sabemos, acelerada durante  el conflicto;  se imponen a comunidades indígenas y afros, proyectos de minería y agroindustriales  que destruyen sus entornos  culturales y ecológicos, agrediendo selvas, montañas y ríos. El pueblo que habita territorios de inmensa riqueza ecológica, vive en abandono e injusticia social, mientras hubo millones de dólares para armas.

En la parte final de las recomendaciones, desde la  página 53, deseo resaltar una fundamental: “Acoger las verdades de la tragedia, la destrucción de la vida humana. Y tomar la determinación de no matar a nadie por ningún motivo, que toda muerte se rechace y nadie deba huir para proteger su vida”.

Las demás recomendaciones  son un verdadero “decálogo”  de cambios en lo educativo, político, judicial, cultural etc., necesarios  para construir  una patria grande, incluyente, tolerante con la diversidad de todo género, con menos desigualdad social y más oportunidades para todos, en especial  para aquellos sectores invisibilizados, discriminados y excluidos que siempre han soportado sobre sus hombros los proyectos económicos, sociales y políticos que los sectores más adinerados de la nación les han impuesto, la mayoría de las veces a sangre y fuego.

“Solo se  ama lo que se conoce” leamos  el documento, conozcámoslo, compartámoslo. Como primer paso al nuevo país en paz  ¡ NO AL ASESINATO DE POLICIAS!

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