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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

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¿Cómo les fue a los congresistas de Risaralda durante el gobierno de Duque?

Nuestro departamento tuvo siete congresistas durante el gobierno de Iván Duque, tres en el Senado y cuatro en la Cámara de Representantes. Haciendo un rápido balance de su gestión en estos cuatro años y empezando por la bancada del Centro Democrático se puede afirmar sin lugar a duda —en un análisis apartado del posicionamiento político de cada uno de ellos— que Gabriel Jaime Vallejo se destacó como el congresista estrella de la región. Acucioso, participativo, deliberante y sintonizado con la problemática local, Vallejo fue el menos ausente de todos, el que asistió al mayor número de sesiones, el que más logros legislativos obtuvo. Un comportamiento público ceñido a la ética y muy lejano a los vicios parlamentarios, al manejo amañado de los cupos indicativos y a las coimas contractuales. Un lujo de congresista. Sin embargo, no todo fue color de rosa para él porque hizo parte de un bloque en el que fue subestimado por su partido y por su gobierno. Casi nula fue su representación en el aparato administrativo de Duque y muy escasos los apoyos a sus muchas gestiones de carácter territorial. Al final pierde su reelección por la torpeza política de su partido que lo dejó solo en la dura batalla electoral.

El senador Alejandro Corrales sufrió el mismo desdén gubernamental a pesar de su enorme gesta en pro del gremio cafetero, en el que consiguió resultados destacables. Hay que resaltar su compromiso con la región y con su partido político y con las prácticas limpias del ejercicio legislativo. También sufrió el abandono electoral de su partido y naufragó en su intención de regresar. Una lástima.

El exconstituyente Iván Marulanda Gómez fue un senador protagónico. Lideró la bancada «verde» erigiéndose como una de las voces más reconocidas y deliberativas de la oposición al gobierno de Duque. Intentó con ferviente entusiasmo sacar adelante la «renta básica» para los más pobres y presentó oportunamente una contrapropuesta seria y aguerrida contra la naufragada reforma tributaria del gobierno. Muy lejano a su ciudad de origen, Pereira, Marulanda obtuvo muy pocos votos para su reelección y sucumbió en el naufragio de Sergio Fajardo. Otra lamentable ausencia en el nuevo Congreso que empieza este mes.

El senador Samy Merheg y el representante Diego Patiño son caciques que ladran echados. No fueron deliberativos ni propositivos. No lo han sido nunca. Dan prioridad al ejercicio puramente electoral y no se destacan por sus logros regionales que son muy escasos. Quizás por eso son tan exitosos en su tarea reeleccionista y estarán de nuevo por otros cuatro años. Nada más que decir de ellos.

Al representante Juan Carlos Reinales le fue «como a los perros en misa». Llegó como exponente del equipo del «cambio» y terminó ignorado y abandonado a su propia suerte, de la misma manera que ejerció su curul. Al final termina con una investigación que pesa gravemente sobre él y que muy seguramente lo mantendrá mucho rato con dolores de cabeza y ahogado en el quehacer político.

El representante Juan Carlos Rivera parecía encaminado a convertirse en otro de los grandes caciques de la región. Alcanzó dos veces una curul en la Cámara y se destacó por su compromiso regional. Trató de construir un electorado propio y no lo consiguió. Cuando se apartó de sus jefes políticos perdió su espacio y parece imposible su recuperación.

En términos generales fueron siete congresistas desunidos, con muy poca audiencia en el gobierno nacional, con logros muy precarios y claramente incapaces de lograr una participación presupuestal digna para Risaralda. Seguimos siendo un departamento menospreciado y abandonado a su brío y a su propia suerte. ¡Otra vez será!

1 COMENTARIO

  1. Realmente no entiendo qué tenemos los votantes en la cabeza que nos impide hacer mejores decisiones. Es importante iniciar una conversación departamental para «Arreglar la casa» a futuro. Una en la que más que palmaditas de espalda y sonrisas socarronas, se pueda poner sobre la mesa el diagnóstico real de nuestro departamento y el plan de acción a futuro. Una conversación que integre amplia representación de la ciudadanía. Hay que cambiar las prácticas políticas del dpto empezando porque no se unen y lo dejan huérfano ante el gobierno nacional. Urge.

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