Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadCONOCIMIENTO 360°

CONOCIMIENTO 360°

Más tiempo para construir y menos para demostrar

La sociedad ha caído en la trampa de marcar divisiones en aspectos que deberían ser indivisibles. La injusticia es siempre amiga de la parcialidad, de la exclusión de lo diferente; hemos llegado al atrevimiento de sugerir a las personas dejar sus sentimientos en la puerta de sus casas cuando van a su trabajo, de pedirles abandonar la capacidad de pensamiento adquirido a lo largo de su vida y en su paso por la academia, les hemos pedido renunciar a su sabiduría empírica, para dirigir las organizaciones con fórmulas preestablecidas, fundamentadas en el eficientismo de corto plazo que no garantiza ni la sostenibilidad, ni  la transformación de lo esencial. Hemos construido una carrera con fragmentos de realidad. Encontramos a cada momento formas o excusas para desmembrarnos como sociedad y crear guerras, generando una garantía de supervivencia al más hábil para el conflicto, aunque sea el menos capacitado, frustrando así a los más sensibles y sabios.

Filósofos como Pitágoras, Platón o Aristóteles, explicaron y midieron el universo a través de los números, aplicándolos a la geometría y a la aritmética, además de utilizarlos para fundamentar conceptos como los de simetría y equilibrio, primordiales en la cultura griega. A partir de ellos el ser humano asumió casi de forma imperiosa, la explicación de la vida a través de los números. En la medida en que ha ido ampliando su capacidad, se ha dado cuenta que existen algunas particularidades, por ejemplo, no se puede explicar el amor con los números, no porque sea un fenómeno que no tenga manifestaciones cuantificables, sino porque es un sentimiento en el que se mueve todo el ser interior, cuerpo y espíritu, por lo que necesitaríamos otra forma de asimilar ese sentimiento. No obstante, se utilizan los números, no solo para medir procesos, sino también para determinar las acciones del ser humano, como los kilómetros que nos desplazamos, frecuencia cardiaca, respiratoria, el peso, el número de contactos, la calidad y la intensidad de nuestro trabajo, entre muchos otros.

Este afán por medirlo todo, ha permeado también las instituciones, organismos que agrupan a personas con un propósito compartido. Hemos fragmentado la sociedad con el fin de generar bienestar a través del cumplimiento de los objetos sociales de las instituciones y hemos formado personas para que se ocupen de cada objeto social. Pero ahora esas personas han abandonado el propósito; se han desviado debido a que hemos tratado de proponer un paradigma dominante fundamentado en los números, desvirtuando así, esos objetos sociales.

Es así como, las exigencias de las instituciones reducen sus objetivos a metas cuantificables, por ejemplo, a un policía le exigen incautar un número de armas determinado, número del cual dependerá que reciba una recompensa o un castigo, según sea el resultado, a un médico atender por día un número mínimo de pacientes, al político traer los recursos suficientes para su territorio, al guarda de tránsito realizar un número de comparendos y al taxista recoger la entrega mínima. Para todos ellos la sociedad ha suplantado su objeto social por un indicador, no se les pide transformar realidades, sino que se les obliga a transformar cifras para lograr obtener su recompensa sin importar los medios ni las consecuencias, siempre y cuando su gestión se vea reflejada en números. Eso se considera más importante que prevenir accidentes, preservar la salud, mejorar la movilidad, garantizar la seguridad, liderar el desarrollo integral, movilizar pasajeros protegiendo su vida, integridad y comodidad.

Así con la buena intención y rigurosidad hemos inducido a la creación de grandes males reconocidos en este mundo, ¡quien creyera que la forma como se observa y mide el actuar humano pueda desnaturalizar el objeto social de las instituciones y deshumanizar a sus integrantes! No me voy a detener a juzgar el modo de actuar de todos ellos, finalmente no es culpa del policía, ni del médico, ni del científico, ni del político. Es de la sociedad que les ha exigido hacerlo, con la intención de dar una única visión social, la cuantitativa; motivada no por obtener resultados efectivos, sino por el cumplimiento de las cifras que nos indican que el ser humano se ha convertido en una tendencia de miles de millones que lo condenan a ser parte de las estadísticas.

Algunos pensadores inconformes con esa perspectiva propusieron una forma distinta de ver el mundo, aquella donde se viaja a través de lo profundo del ser humano, para explicar la vida desde la multiplicidad de vivencias, culturas, experiencias y conocimientos. La realidad vista desde la subjetividad de las personas en el enfoque llamado cualitativo que nos vuelve más sensibles porque comprende las batallas internas de cada ser humano.

Sin embargo, tomar una perspectiva subjetiva en todos los ámbitos de la vida tampoco es una alternativa viable. La multiplicidad de categorías que componen los diversos aspectos personales si bien nos permite ver la realidad de cada caso, no permite inferir sobre todo el universo con el riesgo de reducir la realidad a puntos de vistas sesgados que serían consecuencia del recorrido de cada uno, miedos, rencores, culpas y dolores que condicionan cada percepción según la circunstancia y la historia particular.

Entonces se necesita una forma de comprender el mundo diferente a la de los números, sin pretender aplicar un análisis subjetivo en todos los aspectos, ya que se perdería el rumbo objetivo que mantiene los enfoques de los diferentes campos de la vida y el conocimiento.  Así las cosas, tanto la visión cualitativa, como la cuantitativa tienen limitaciones, por tanto, sugiero retomar una visión mixta de la realidad, que consiste simplemente en mantener la objetividad que los números, como herramienta cuantificable de los fenómenos que ocurren en el mundo material, respetando el análisis a plenitud de lo que expresan las personas desde su mundo interior en lo inmaterial, analizando el sentir de los actores que intervienen en ese mundo.

Es urgente tener esta visión 360°, el mundo no soporta más divisiones y conceptos parcializados, esta visión mixta, exigiría mayores esfuerzos de las instituciones en cuanto a responsabilidad social y ética, pero facilitaría a la humanidad su transformación, dejando que la tecnología se encargue de capturar los números y que cada profesional se dedique a la esencia de su objeto, actuando de manera ética bajo la premisa del respeto a la dignidad e integridad de cada persona, entonces nuestros médicos volverían a ser promotores de la salud en todo su sentido, nuestros abogados profesionales que promueven la justicia y el equilibrio, los docentes maestros, los policías garantes de la seguridad, los políticos líderes del desarrollo integral, los profesionales de deportes cultivadores de la salud, los ingenieros creativos y los científicos gestores de la verdad, los cocineros y taxistas cuidadores de vidas.

Bajo estas premisas, tendríamos la esperanza de construir otra sociedad, solo buscando en la naturaleza de la humanidad para recomponer el rumbo. El milagro no está en escoger líderes que piensen diferente a los demás o que piensen igual a nosotros, orientados por una sola línea de pensamiento, sino en la capacidad integradora del ser humano para utilizar todo su cúmulo de conocimiento a lo largo de la historia y a lo ancho de la realidad actual para construir un nuevo presente y futuro. Necesitamos organizaciones que se ocupen durante más tiempo en hacer el bien y menos tiempo en demostrar que lo hacen.

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