Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadConocimiento y deterioro.

Conocimiento y deterioro.

ENSAYO FILOSÓFICO.

El final del siglo XX dio paso no sólo al nuevo siglo sino también a grandes avances tecnológicos de suma importancia para la labor humana. Es así que, estos grandes avances tecnológicos, en las últimas tres décadas han entregado y continúan entregando más y nuevas facilidades al hombre. Su demanda y su evolución van en crecimiento persiguiendo el propósito de hacer la vida del usuario, tras cada actualización, más práctica. Hoy, en muchas esferas, la voluntad no es un fundamento para realizar una tarea determinada, en el lugar de una persona puede haber un sistema automatizado que se encargará de hacer un trabajo, tanto o, incluso más eficaz que el que realiza un ente humano directamente. Productos muy útiles son puestos a nuestra disposición y con intervenciones mínimas, comandos y direcciones, obtenemos realizaciones complejas.

Entre este vasto mundo de la tecnología y su aún más vasto mundo de utilidades, tomo un elemento, uno diario, fundamental, pero controversial y de doble filo en sus utilizaciones posibles, tan diferentes según el usuario. Se trata de la tecnología de la información, una que ha supuesto lo que puede denominarse como la revolución del conocimiento, una revolución que, como las demás, está marcada por la innovación y el significativo aumento de productividad en su propia materia.

Esta tecnología de la información es, a lo sumo, una gran red donde convergen un gúgol de informaciones particulares, de todas las materias que a día de hoy puedan pensarse. Su sede principal es la internet, por ser la más grande, y le acompañan en la categoría los demás medios de comunicación, como la televisión y la radio, no menos influyentes e importantes, que también han sido objeto – y asimismo entregado sus resultados – del avance tecnológico de la información. Su inmensa variedad, la de la red informativa, es el principal factor responsable de su productividad, puesto que – y en esto se diferencia esencialmente de otras categorías tecnológicas – el sistema apenas sirve de canal y es el hombre quien, sirviéndose de la globalidad que le brinda el sistema, expone al público una información determinada, información que al receptor le significa conocimiento.

En el sentido pragmático, está muy bien. Pero ¿Se ha preguntado el lector sobre la veracidad de la información que está recibiendo? Esta pregunta conduce directamente a otra: ¿Qué tan veraz es el conocimiento que un usuario promedio logra adquirir asistiendo a los canales informativos actuales? El origen del elemento informativo es otro hombre, y generalmente no es uno en específico con cualidades o competencias especiales, sino uno cualquiera. En nuestro tiempo una gran parte de la humanidad tiene acceso a canales de información y, ligado a este, tiene la posibilidad, no sólo de actuar como receptor, sino de hacer el papel del emisor también, en un escenario donde los filtros, tan necesarios en un caso como éste de globalidad, son nulos o, en los términos más optimistas, deficientes. Problemática en mucho apoyada descaradamente sobre la manipulación del derecho a la libre expresión, transmutado en libertinaje desordenado.

Bajo esta tergiversación ha surgido una gran cantidad de pseudoperiodistas sociales, de la economía, de la religión y de un sin número de esferas más que a cada uno compete, o no, según la persona. Son antagonistas de la profesión que publican temerarias proposiciones sin fundamento en cualquier tipo de medio comunicativo, cometiendo, lo que no se yerra al denominar así, sacrilegio ante la antes exaltada en este texto, revolución del conocimiento. Esta parte de la sociedad, la de los desinformantes, en unión con otra parte, la de los incautos, convierte nuestra época en un paralelismo contradictorio: libertad de opinión, habladuría descontrolada; publicidad del conocimiento, prostitución de la palabra y el concepto; facilidad de acceso al conocimiento, deterioro de la sociedad. Ambas partes, igual de culpables (una por faltar al fundamento y la otra por escatimarle importancia) derogan el objeto real en su interacción nociva. Representan, además, una mayoría de los participantes de este congreso global. Un fenómeno que es grave, en demasía, para el desarrollo de la educación de las recientes y las nuevas generaciones; y si el asunto no cambia, las venideras, en mayor grado afectadas.

La responsabilidad consiste en el análisis y la verificación juiciosa – no prejuiciosa – del contenido que en cada caso se recibe, teniendo en cuenta que el aprendizaje, camino del conocimiento, está atado en su esencia con un lazo irrompible a la investigación.

Finalmente, y en todas las instancias existe una garantía válida y vigente en su antigüedad, que resulta siempre un apoyo importante para la obtención del conocimiento: el libro. Adoptado con la misma responsabilidad expresa puede entregar, y lo hará, insumos mejor cuidados por la objetividad. Por preceder esta y tantas épocas, le es el libro fundamento, y es preciso acudir al fundamento para comprender su generado. Su relevancia efectiva es tal, que aquel que acostumbra valerse de su utilidad, no suele ser engañado, y al contrario es dilucidador.

Leer es, además de un acto benéfico para el propio ser, una obra social.

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