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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadCorrupción Esructural

Corrupción Esructural

Para tratar de entender las causas por las cuales ciertas naciones eran ricas y otras pobrísimas Adam Smith, un filósofo moralista, partió de ciertos conceptos aparentemente elementales pero muy realistas, como este: «No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés». 
Desde entonces esta noción_ que considera el interés particular como motor económico del mundo_, ha permeado los estudios económicos y sociales. Quienes la rechazan suelen ser tratados de ilusos, cuando no de comunistas; y así aquellos que la aceptan acostumbren manifestar al tiempo ciertas reticencias de carácter ético, pocos negarían que los responsables económicos y políticos mundiales rarísimas veces se abstienen de ignorarla. En otras palabras, aunque todos quisiéramos ser productivamente intachables, tarde o temprano nos encontraríamos con obstáculos provenientes del interés ajeno.

Ahora bien: una economía basada en ese absolutista interés particular, por su propia dinámica desbordará cualquier tipo de controles, sean éticos o legales. Debido a ello a través de los siglos se presentan actos repetidísimos de corrupción, incluso en espacios como el Vaticano, donde negociaron hasta con la mafia italiana. En economía parece pues que la corrupción es tan poco evitable como lo es el pecado a la religión. 
Un ejemplo de ello lo tenemos con en el escándalo Odebrecht: ni el gobierno de Uribe, ni el gobierno de Santos salieron libres de sus consecuencias. Y antes existieron el de Dragacol, del cual poco respondieron ciertos funcionarios de Pastrana; y el sonado proceso 8.000, que liquidó a la administración Samper Pizano. Y muchísimo antes existió el de los hijos de López Pumarejo, del cual salieron tan incólumes que uno de ellos, «Alfonsito», fue elegido presidente. Para no hablar de la riqueza atribuida a la familia del dictador Rojas Pinilla. Y podríamos seguir con otros muchos, incluyendo al virrey Solís etc. etc.
Debido a lo anterior, constituye un acto de suprema hipocresía mostrarnos sorprendidos con la corrupción y aún proponer, como todos los que nos han gobernado, que votemos «contra la corrupción».

AGM-27-III-2024

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