Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

CulturaCrema-unción y la fidelidad

Crema-unción y la fidelidad

Por GABRIEL ÁNGEL ARDILA

El valor de la fidelidad en tiempos de post pandemia, suple el vacío que van dejando los sepultureros, cuyo trabajo está pasando «a mejor vida». Preguntan cómo hacer para reconocer las cenizas de un pariente, entre los envasados de puchos de cenizas dispuestas con ceremoniales para dar la puntada final, en las despedidas de ahora, de los seres más queridos.

¿Apostamos?

Pero antes de eso, también está en la agenda el tema de morirse… ¡aunque fuere «dignamente»!

Veamos: La primer ocurrencia sobre alguna pista para los buscadores de afectos y de valores familiares, entre cenizas, es interponer un poco de fe y mucho de lo que del afecto condujere a la fidelidad: Una madre reconoce en medio de la muchedumbre a su hijo; una novia al ser querido y una amante sin titubeos hallaría por el aroma, los polvos de su bien amado así sea ya difunto. En serio. Es una de las mejores alternativas, por el fino olfato que desarrolla el poderoso motor del amor.

Ahora bien: entre las especulaciones de por estos tiempos de abundantes aquelarres humanos y piras con despojos de seres demolidos por covid y llevados a la crema-unción, resulta difícil de creer que en un horno de esos entren individualidades con cédula en mano u otra identificación precisa. ¡Todo se hará polvo! Simplemente llegan en viajes de los certificados de defunción y para que la operación resulte eficaz, van por parejas… ¡mentiras!… No es solo de a dos en dos, sino hasta de varias piezas por fogonazo, para que la operación rinda.

Después, con obituarios en mano, se inicia el envasado en las porciones que determinen esos documentos, para que alcance para todos, sin pelear… ¿Y quién a esa hora de la quema, se va a buscar un pleito?

Cierto: siempre quedan las dudas de cuánto del vecino le tocó a este vaso o cuánto menos al otro. En cementerios e iglesias hay lugares para el depósito, pues como creyentes siempre buscamos un lugar sagrado que es denominado «columbario» aquí, en Roma y en todas partes. ¡Curioso eso! Es por la tradición romana de disponer cinerarios en un lugar, y cuyo nicho lleva ese remoquete tan familiar para los colombianos. ¿Será por eso que quedamos así, como depósitos de muertos?

Lista la tarea, doña Fidelia: ¡Por el aroma de los polvos les reconoceréis!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Más articulos