¿Cuál verdad?

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POR LUIS ENRIQUE ARANGO JÍMENEZ

Últimamente se ha invocado la necesidad de la verdad como el pre requisito para darle solución a los problemas crecientes de nuestra atribulada patria. De ella se habla como si pudiera existir cuando se trata de temas asociados a la opinión, a los puntos de vista o a los criterios para juzgar las cosas.  Se llega a afirmar con gran solemnidad que todo es un problema de esconder la verdad y naturalmente quienes la demandan creen poseerla.

Gran equivocación. De acuerdo a los aprendizajes que me ha dado la vida debo decir que, excepto para situaciones sustentables por la ciencia, hay diversas verdades sobre los mismo, que aunque provistas de grandes argumentos no es posible volverlas unánimes.

Los intereses, la política y la religión quizás sean los mayores promotores de visiones totalizadoras alrededor de la verdad.

Vamos a encontrar la verdad del empresario minero, la verdad del corrupto, la verdad del guerrillero, la verdad del paramilitar, la verdad del ejército constitucional, la verdad del monje, la verdad del pastor, la verdad del político, etc. Me haría interminable si fuera exhaustivo en este listado.

Como siempre habrá discurso para defender una u otra verdad. Así las cosas, no basta con que sea verdad en estos términos, hay que exigirle otros atributos, verbigracia, que evite el sufrimiento, que no signifique venganza, que no excluya, que sea equitativa, solo para mencionar algunos.

Los países tienen sistemas legales para darle cauce y definición a los asuntos así se contraríen muchas opiniones. Los debates continuarán y las verdades relativas también.

Finalmente son las elecciones en los regímenes democráticos donde el mosaico de verdades hacen paradas periódicas y van modulando el devenir.

Pontificar alrededor de una u otra posición es una práctica muy arraigada y ha hecho parte del llamado debate político, potenciado ahora con el advenimiento de la tecnología, que viene pervirtiéndolo al masificar el uso de la falsedad sistemática y del agravio, como parte del libre accionar, lo que termina por dificultar la comunicación y por ende los cambios de opinión, tan necesarios en la convivencia humana.

La política implica persuadir ganar adeptos y sin comunicación se vuelve muy complejo por no decir imposible hacerlo.

Los grupos se atrincheran en sus posiciones y no quieren oír nada diferente a lo que las refuerza. La información se manipula ayudando a este encapsulamiento.

Polarización es el vocablo con que se está llamando este fenómeno, que afecta a muchas personas despertando sentimientos de rabia y de odio.

Tomar distancia de este entrampamiento se vuelve fundamental si queremos ganar espacio para la razón y para los acuerdos. El enfrentamiento ciego no trae sino enemistades y violencia, un camino que la historia nacional ya ha conocido y queremos dejar atrás.

Sin querer polemizar y solo a guisa de ejemplo, para un destacado columnista local esta es la verdad:

«Colombia estuvo muy cerca de caer hace dos años en las garras de una coalición del santísimo y la izquierda bajo el liderazgo de Gustavo Petro»

«Y casi cae por que Santos, los medios, y la izquierda, cambiaron la verdad, la distorsionaron al punto de poner a los asesinos a juzgar a los Inocentes»

Juzguen ustedes por sí mismos.

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