ESCAMPAVIA.
Es titular de prensa la multa de casi 18 millones de euros que aspira recaudar el fisco de España de nuestra Shakira, los grandes astros del deporte saltan matones perseguidos por las tesorerías de los países en donde cobran sus millonarios sueldos y dado que tanto la muerte como los impuestos son inevitables, la pugna de los países para participar de la bonanza de los muy ricos está en el orden del día.
Algunos estatutos tributarios maximizan las tasas de contribución para conseguir mayores ingresos, estrategia que se tropieza con la de aquellos otros que, por el contrario, establecen tarifas bajas, compitiendo de esta manera, de una parte con los que cobran mucho y de otra desplazando a los llamados paraísos fiscales de los cuales hoy huyen quienes tienen fortunas bien habidas, bien distintas de aquellas amasadas por: mafiosos y guerrilleros armados, presidentes, políticos y empresarios corruptos o de nuevos ricos sin mayores reatos de conciencia.
Las residencias fiscales son una modalidad que tiene reglamentaciones diversas que reconocen una realidad inocultable: mientras que el agua fluye acorde con la fuerza de gravedad, el dinero, por el contrario, permanece allí donde le brindan seguridad y estabilidad legal; sistemas variopintos que recuerdan vagamente a aquellas enormes urnas localizadas en un poste en el patio principal de las mezquitas, que era donde depositaba su fortuna el viajero musulmam, o las cartas de crédito que facilitaban los cruzados o los judíos a los comerciantes que viajaban sin oro en las alforjas.
Todos los presidentes, todos ellos han hecho reformas tributarias; quien rompió todos los récord fue el presidente Santos quien, entre leyes y decretos, modificó siete veces el sistema; el presidente Petro no será la excepción, por el contrario ha propuesto la reforma que espera recaudar la mayor cantidad de dinero de la que se tenga memoria; las reaciones no se harán esperar, una vez se tenga claro el texto de lo que propondrá al legislador.
Los economistas Levitt y Durnet, en su retador Freakonomics, muestran paradojas de como el dinero, que es al fin y al cabo el intermediario e instrumento indispensable para transar, se mueve de acuerdo a intereses que son bien dispares según quien de él disponga o aspire a conseguirlo, así cuando de tributos fiscales se habla, no siempre mayores tasas producen más ingresos.
Como presumimos que el nuevo gobierno quiere disponer de dinero suficiente para atender a las necesidades apremiantes no solo de la poblacón vulnerable, sino también para lograr un crecimiento racional y una reorganización del estado, vale preguntar si la reforma buscará recuperar los enormes capitales que han emigrado para no tener que afectar gravemente a millones de colombianos, puesto que debemos partir de algo cierto, somos un país que apenas se asoma a salir de la pobreza extrema, así cuando el presidente Petro habla de no incrementar los impuestos a quienes ganan menos de diez millones de pesos, les recordamos que ese es casi el salario mínimo en Alemania y que las altas tasas de tributación que se aplican a los impuestos municipales, pesarán doblemente sobre los hombros de los trabajadores y asalariados.
Predecir es el trabajo de pitonisas y adivinos, por ello no me anticipo ni a vaticinar el fin de la historia para Colombia, si es que imita lo que han hecho los otros gobernantes de izquierda en nuestro vecindario, ni un gobierno reformista como lo hiciera López Pumarejo, una revolución sin sangre, solo quiero pensar que Petro decida pasar a la historia como alguien quien gobernó cambiando lo que hace rato debimos cambiar, conservando lo bueno que hemos construído a lo largo de historia y entregando un mejor pais que el que ha recibido.


