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LUIS FERNANDO CARDONA
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ActualidadCuerpo, Alma y Espíritu

Cuerpo, Alma y Espíritu

Sigmund Freud afirmó, casi que de manera dogmática que, la religión es la neurosis obsesiva más común en el género humano. Las investigaciones actuales no han podido confirmar esta visión freudiana del hecho religioso. Víctor Frankl llega a decir, por el contrario, que la religiosidad reprimida de manera indebida, se convierte en patógena y es la que se convierte verdaderamente en fuente de neurosis del hombre contemporáneo.

En su obra “La experiencia ignorada de Dios” habla de un Dios presente en la profundidad inconsciente de muchas personas hoy en el mundo. Un “Dios inconsciente” que está latente y presente en lo profundo de muchas personas, aunque la relación con él haya quedado reprimida.

El inconsciente no contiene solamente elementos impulsivos, sino también un elemento espiritual. Este elemento espiritual se sitúa dentro del inconsciente, por lo tanto, se llama inconsciente espiritual y será objeto también de la “logoterapia”, que el escritor considera un complemento necesario en la terapia tradicional. Congruente con sus antecedentes existenciales, considera que el ser humano, lejos de ser un ser impulsado, es un ser que decide, un ser responsable, un ser existencial.

Es por ello que Frankl habla de la persona espiritual que tiene un elemento psicofísico; no somos simplemente alma y cuerpo, entendiendo por alma lo anímico o psíquico, somos espíritu, alma y cuerpo. Lo espiritual es lo más propiamente humano y lo que da integridad y hace una totalidad corpóreo-anímica-espiritual.

La psicología de Freud, limitaba la profundidad inconsciente a la impulsividad humana, por lo que Frankl la califica de una psicología profunda del ello, mas no del yo, no de la persona total, espiritual-existencial.

El yo, la persona, la existencia es irreflexionable, y por tanto no es analizable. Es un fenómeno primario e irreductible, como lo son también la conciencia y la responsabilidad. No pueden reducirse ónticamente, es decir en un plano meramente inmanente.

Suelen ser muchos los factores que repriman la experiencia de Dios en una persona, una de ellas puede ser el imperio absoluto de la razón científica que ahoga toda inquietud religiosa; en otros el llevar una vida pragmática y superficial que impide llegar con profunda hondura al fondo del ser; en otros la búsqueda de satisfacciones inmediatas, y el placer a cualquier precio, dejando, la experiencia de Dios a un lado, vacío que es llenado por los diosecillos de turno.

Padre Pacho

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