De la pandemia al pandemonio

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Por Juan Antonio Ruiz Romero

Especial para El Opinadero

Nadie pensó que el aislamiento preventivo fuera a alargarse tanto. Unos pocos días. Quizás una semanas. En el peor caso, un par de meses. Sin embargo, casi sin darnos cuenta, ya llevamos medio año confinados y solo en este septiembre llegaríamos al pico de contagios en Risaralda.

A estas alturas, se percibe un agotamiento colectivo. Pasamos del estrés que nos generaban el trabajo, el estudio y las responsabilidades cotidianas, al estrés de la virtualidad por la infinita oferta de reuniones, capacitaciones, videoconferencias y charlas, tanto laborales y académicas como de otra índole, con las cuales invadieron nuestras horas en casa.

El virus nos volvió tan antisépticos que ya lo pensamos dos veces al saludar con un beso o un abrazo a nuestro círculo afectivo más cercano.

Y con el paso de los días, nos volvemos más neuróticos e irritables y aquello que nos causó gracia hace algunos meses, como los cantantes a domicilio, se convierten, de pronto, en motivo de molestia, sobre todo cuando llegan a mañana y tarde y tu barrio se transforma en escenario rotativo para mariachis, grupos vallenatos, papayeras y baladistas recién reinventados. Es cierto que cada quien trata de subsistir a su manera, y mientras algunos le agregan algo de originalidad a su espectáculo, la gran mayoría considera que, con buenas pistas y el parlante a todo volumen, es suficiente.

Al improvisado desfile artístico, debemos sumar la variopinta oferta comercial con megáfonos. Desde los camiones de poderosas embotelladoras de gaseosa y agua hasta los vendedores de mazamorra, aguacates y papayas. Cada quién buscando ingresos para su supervivencia, pero sin importarle cómo afecta el estudio, el trabajo o el descanso de los demás.

A todo ese barullo generalizado se suman los mensajes contradictorios de un gobierno, que se encuentra entre la espada y la pared. La pared exponencial de los contagios que muestra un aumento constante y la espada de una economía asfixiada y débil, que necesita reactivarse a como dé lugar.

Desde el 15 de agosto pasado, en Risaralda pasamos de 2.612 contagios confirmados a los 10 mil casos positivos que completaremos esta semana. Eso quiere decir que en las últimas cinco semanas, cuadruplicamos el número de personas contagiadas. En ese mismo lapso, pasamos de 28.500 muestras procesadas a casi 48 mil: 39.955 por PCR más 8.024 por antígenos. La pandemia ha confirmado que el mayor número de muestras es directamente proporcional al mayor número de contagios.

A pesar de las cifras en ascenso, la alcaldía de Pereira promovió una jornada de descuentos en el comercio, con motivo del Día del Amor y la Amistad y también Mercados Campesinos en diferentes sectores de la ciudad para ofertar los productos del agro, eliminando los intermediarios.

Y, aunque las discotecas siguen cerradas y la venta de licor en sitios públicos continúa restringida, la alcaldía de Dosquebradas “se hizo la de las gafas” frente a los negocios nocturnos del sector de La Badea que abrieron el pasado fin de semana y en donde se vieron largas filas de personas esperando turno para ingresar. ¿La falta de vigilancia y control de las autoridades municipales fue el regalo de amor y amistad para los dueños de las discotecas? ¿Les cobrarán a los negocios los impuestos sobre las ventas y de Industria y Comercio, por la actividad efectuada? ¿En caso contrario, quién responde por la falta de ingresos  del municipio? ¿Se configura detrimento patrimonial?

Según la Real Academia de la Lengua Española, pandemonio es un lugar en que hay mucho ruido y confusión. Y eso es lo que estamos viviendo por estos días, un pandemonio de contradicciones, incertidumbre y agotamiento.

¿Será esta la nueva normalidad?

1 COMENTARIO

  1. La contradicción entre lo que denuncian los gobernantes y lo que realmente ejecutan, es la constante del gobierno nacional y regional.
    El país al garete.

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