…Lunes 30 de marzo de 2020…

El reloj marcaba las 5:43 de la tarde, eran contados los minutos que hacían falta para poder retirarme de mi lugar de trabajo, por cosas del destino había tenido que salir de mi casa para dirigirme al centro. Una lluvia de ideas empezaba a rondar por mi cabeza, tenía muchas cosas en mente, pero había una que me llamaba mucho la atención.

El tema del COVID-19 había infectado no solo a muchas personas en el país, sino también a los medios de comunicación y a las redes sociales, ya todo el mundo hablaba de eso, era el tema del día: “la cantidad de muertos en Europa y como iba aumentando la cifra en nuestro país”.

El reloj anunciaba las seis en punto, tenía un listado de referencia de cosas que ya se habían hecho y de qué hacía falta. Hacía unos buenos años no me sentaba a pensar en un reportaje, pero aún recordaba el valor de la humanidad y marcar la importancia a la hora de escribir. Ya eran pasadas las 6:30pm, la noche estaba un poco fría, decidí salir a la calle con un lente luminoso para no tener que usar flash sobre las personas. Con buso, tapabocas y cámara en mano salí a caminar en búsqueda de esos héroes que nadie conoce.

En mi mente había una sola cosa. Quería aprovechar que todavía había un poco de luz para poder sacar las mejores fotos, al salir de la oficina todo el ambiente había cambiado, Pereira parece una ciudad fantasma, sus calles se encuentran totalmente desocupadas.

Son pasadas las 10 de la noche, ya cansado decidí tomar la última foto, en los Rosales conocí al señor Alonso, un taxista que durante el camino de regreso a casa me contó parte de su historia y me pidió que le explicara sobre este reportaje; Le dije que como fotoperiodista estábamos en la obligación de narrar la verdad, pero siempre humanizando a las personas.

A él y a todos los que participaron en este reportaje, mis más sinceros agradecimientos.

Ustedes también son unos héroes. Unos héroes, de los que no hablan.