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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadDefinitivamente Woody Allen es un genio

Definitivamente Woody Allen es un genio

CINE

Es muy probable que todo el mundo sepa quién es, ha sido y será, Woody Allen. En el mundo del cine, claro. Los amantes de la liga europea del fútbol y del Real Madrid y del Liverpool, muy probablemente conozcan al dedillo a James Rodríguez y a Luís Díaz, pero en materia de cine, sería muy raro encontrar desconocedores de este genio que, al lado de Don Clint Eastwood, ya (estando vivos), han dejado una profunda huella de su extraordinaria creatividad para contar a la perfección, obras maestras dentro de la historia y la industria del cine.

Allen, por esta parte, la que ahora nos convoca, acaba de hacer su película número 22 y a decir verdad, no se le nota que pueda tener 85 años, pues la manera como orienta a sus actores, como escribe sus historias, como ordena al director de fotografía que debe iluminar sus imágenes, como maneja en la edición los tiempos, los silencios, los efectos especiales, la música y mil detalles más, demuestra que está en perfectas condiciones para desempeñar a cabalidad, el difícil papel de director cinematográfico.

Durante los 45 días que duró el rodaje de “El festival de Rifkin”, esta majestuosa cinta, Woody Allen grabó en los escenarios más turísticos, reconocidos y simbólicos de San Sebastián. Fue su particular carta de amor a esta ciudad, que ahora le quiere devolver el cumplido con una ruta interactiva que permitirá a donostiarras y paseantes, adentrarse en el universo del cineasta neoyorkino y visitar los principales enclaves que aparecen en su más reciente película.

Rodada por Allen en esa ciudad española durante el verano de 2019, fue concebida como un homenaje a San Sebastián y a los grandes directores del cine clásico, según dijo: “Quiero mostrar al mundo mi visión de San Sebastián como un paraíso, tal como hice con Nueva York hace muchos años”. El filme, cuyo estreno mundial se ofició en la jornada inaugural del Festival de Cine donostiarra en septiembre de 2020, se detiene en las mejores perlas de la ciudad: la playa de La Concha, la Parte Vieja, el teatro Victoria Eugenia, el Kursaal o el Peine del Viento de Chillida. Son 10 locaciones que forman un itinerario cinematográfico, turístico y gastronómico al mismo tiempo.

La propuesta permitirá al paseante “sentirse protagonista de la película de Woody Allen”, aseguró la edil donostiarra de Turismo, Cristina Lagé. El recorrido tiene una distancia de 8,3 kilómetros que se pueden completar andando en unas tres horas. Está señalada en Google Maps y ofrece información de la película, curiosidades y anécdotas del rodaje, así como una guía gastronómica por los bares y restaurantes que frecuentaron Allen y su familia y los actores de “El festival de Rifkin”.

El recorrido tras los pasos de Woody Allen arranca en el Kursaal, sede del Zinemaldia y uno de los escenarios centrales de la película. Del vanguardista palacio de congresos que diseñó Rafael Moneo, una alfombra roja imaginaria conduce al paseante hasta el triángulo mágico del festival que forman la plaza Okendo, el teatro Victoria Eugenia y el hotel María Cristina. La tercera parada se encuentra en plena Parte Vieja donostiarra, en la confluencia de la plaza Zuloaga, la iglesia San Vicente y el museo San Telmo, donde se reproduce una de las fiestas del festival con los murales de Sert de fondo. De ahí hay que acudir al quiosco del Boulevard y adentrarse después en el palacio de la Diputación de Gipuzkoa, donde se rodó una escena de El ángel exterminador (Luis Buñuel).

La sexta localización transcurre por la plaza Bilbao, el puente María Cristina y el paseo Árbol de Gernika, una alameda con edificios modernistas y detalles de Art Nouveau que encandilaron al director estadounidense. El voladizo del paseo de La Concha y la emblemática playa son otros de los platós más bellos para la película, por donde pasean enamorados dos de los protagonistas, Gina Gershon y Louis Garrel. Se llega hasta el Palacio Miramar, otro símbolo de la ciudad, donde Allen recreó el despacho del psiquiatra neoyorkino de Mort Rifkin y, en el jardín, instaló una puerta y una verja para simular una escena de “El Ciudadano Kane” de Orson Welles.

La ruta se detiene después junto al Peine del Viento, la escultura de acero rizada por el viento y el mar que creó Eduardo Chillida. Y el recorrido finaliza en el Palacio de Aiete y su parque, donde Allen filmó en blanco y negro, para representar los sueños de la infancia de Mort Rifkin, con los que quiso homenajear a otros de los grandes maestros del cine, Federico Fellini. Siguiendo estos 10 hitos se cierra un trayecto por los lugares de la ciudad que el director de fotografía de la película, Vittorio Storaro, trató de representar en todo su esplendor.

“Que un director de la categoría de Allen se haya valido de la ciudad de San Sebastián como un lienzo sobre el que pintar su película, no hace sino enorgullecer a los españoles mucho más por ser dueños de tan bella ciudad”, señala Lagé. Para dar a conocer y dinamizar la ruta, la entidad San Sebastián Turismo, creó un novedoso concurso en las redes sociales, a través del cual los participantes pudieron ganar dos noches de alojamiento y desayuno para dos personas en el hotel María Cristina.

¿Pero, y qué cuenta la película?

Mort Rifkin (Wallace Shawn), es un profesor de cine de Nueva York que debe viajar a San Sebastián (España) para acompañar a su esposa Sue (Gina Gershon), que es una periodista y varios años más joven que él, a cubrir el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Mort, es un intelectual hipocondríaco que se encuentra escribiendo una inacabada novela mientras pasa por un bloqueo creativo. Tiende a hacerse grandes preguntas existenciales sobre la vida y la muerte, concibe el cine como un arte y gusta de los grandes maestros del cine de antes, al tiempo que desprecia el cine comercial de hoy. Su matrimonio está en declive y cuando la pareja llega a San Sebastián, Sue comienza a relacionarse con Philippe (Louis Garrel), un exitoso y joven director de cine que presenta en el Festival su nueva película. Mientras tanto, Mort, dedicado a pasear por la ciudad conoce a una joven doctora, Jo (Elena Anaya), casada con Paco, un pintor vividor y bohemio, cuyo matrimonio también se encuentra en crisis. Mientras que Sue estrecha su relación con Philippe, Mort desarrolla un amor idílico por Jo, quien le entrega un nuevo impulso vital. En este contexto, Mort va develando sus inquietudes existenciales acerca del amor, el arte y la vida, a través de ensoñaciones y en clave de parodia cinematográfica de las grandes obras de arte. La película pasa de esta forma del realismo de la acción, a la fantasía cinematográfica de directores como Ingmar Bergman, Federico Fellini, Luis Buñuel, Orson Welles, François Truffaut o Jean-Luc Godard, de quienes, en un bellísimo blanco y negro, recrea sus escenas emblemáticas.

Una hermosa película que rinde homenaje a los festivales de cine, a los actores, a esos inmensos trapos gruesos que solo pisan las divas y los divos y que llaman alfombra roja, a los grandes directores y a algunas de las más importantes películas que a su vez son las más queridas por ese realizador que prefiere tocar el clarinete en una noche en un Bar de mala muerte, el mismo día y a la misma hora que en un elegante teatro lo están nombrando para entregarle un Óscar de la Academia que nunca recibió, y a la fantasía que tantas dichas nos han hecho vivir y soñar.

Un favor; no dejen de verla.

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