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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadDibujando mis pasos

Dibujando mis pasos

Voy caminando a mi ritmo, hace poco que sentí que el tiempo empezó a correr al revés, y que, en esa visión contraria de la vida, quizá puedo estrellarme con él mientras viene en reversa. Camino sin prisa, porque reconozco la meta, mas no el camino. A decir verdad, no creo que haya un camino menos adecuado, lo construyo paulatinamente con cada paso que dejo marcado en la arena; con esa frágil marca que dejan mis huellas, le enseño a los que van detrás de mí, cuál es la senda que he elegido para llegar a nuestro destino. Dibujo uno a uno mis pasos, tratando de caminar con determinación para ir abriendo trocha, para irle dando forma entre tanto arbusto. El lugar al que vamos no existe en el espacio, lo que implica que nuestro camino no tiene fin. Quienes viajamos, iremos juntos hasta que los pies se nos cansen, o hasta que alguno decida que quiere explorar otras formas de llegar, cambiar la ruta, porque ha cambiado su rumbo. El destino que elegí por ellos, no es un lugar, es la promesa de un mundo que se construye mientras vamos en la marcha.

Suelo sentirme responsable cuando el cansancio me agobia, entonces me detengo. Pienso si he elegido con sabiduría, si cada paso dado, ha valido la pena. Si caminar bajo el sol y la lluvia, en una tierra donde el clima es variable, ha sido adecuado. Pienso que, si alguno de mis acompañantes se enferma, o renuncia a continuar, será mi responsabilidad, pues los traje conmigo sin consultar su elección. Mientras el miedo me abriga bajo sus gigantescas y oscuras alas, me voy haciendo minúscula y ellos desparecen. Los he condenado al exilio, los he llevado a la guerra, y ahora vamos por una travesía que cruza por completo la aridez de la tierra, donde seguro perderemos la batalla. Bajo aquel funesto abrigo, yacen las cenizas de un guerrero que avanzó con determinación por la senda de la muerte, hasta que sus decisiones, le arrebataron la vida. Es la historia que me cuentan las voces que oigo alrededor; pero justo cuando me he preparado para alzar las manos y rendirme, mis ojos chocan con la mirada expectante de quienes siguen mis pasos. No me miran con miedo, duda, o decepción. Sus ojos brillan porque cada paso nos ha llevado por un lugar que no conocíamos. Esperan pacientes a que tome aliento, y pueda incorporarme pronto para continuar. No quieren que renuncie, y mucho menos que pierda la batalla. Son mis fieles soldados, aquellos que izan con valentía la bandera que les entregué para que defendiéramos a muerte. Me siento tonta por rendirme sin luchar por defender nuestra causa. Los miro a todos, a cada uno de ellos, con los ojos brillantes de emoción, ávidos de sueños por cumplir, de una guerra por ganar. Verlos sentados esperando por mí, mirando al suelo para que continue dibujando mis pasos, me retorna el vigor.

Retomo el camino, pisando con fuerza para que la determinación borre de mi mente y las suyas, la duda que opacó nuestras conquistas; para que mis pasos queden en la arena por más tiempo. Les enseño a andar con convicción, con valentía, con esperanza. El miedo no se ha ido, me ayuda a permanecer alerta; me anuncia cuando otras tropas vienen a robar nuestra bandera. El lugar al que vamos, no tiene forma, ni un punto de referencia, pero no por ello deja de ser un destino. Un destino que construimos con certeza cada amanecer, aunque cambie de estación.

Mis compañeros de viaje me han enseñado todo acerca de la voluntad, la lealtad y el amor. Ellos han creído en mí, aun cuando yo había perdido la fe. Desconocen la duda con la que decido dónde pisar mientras dibujo mis pasos, y siguen con vehemencia el camino que les indico. Ellos me han elegido por la seguridad que les transmito, cuando son ellos los que me dan seguridad. Voy recorriendo la senda, dibujando mis pasos, abriendo una trocha en el monte lleno de árboles frondosos y naturaleza salvaje. No llevamos prisa, pero no perdemos el tiempo. Contamos historias, nos reímos de todo, miramos las nubes, la noche, la luna, el cielo. Vamos juntos a un lugar que he elegido como destino, aun sabiendo que nuestros caminos podrán separarse, tomar otro rumbo, mudar de meta, tomar un atajo o simplemente cambiar de recorrido.

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1 COMENTARIO

  1. Maravillosa metáfora de nuestro caminar en la vida, cada Y es un camino sin retorno y un nuevo camino sin trazar, cómo dijo machado, «hacemos camino al andar». bendiciones.

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