Dignos de indulto, no de insultos: Periodistas ¡a secas!

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Por GABRIEL ÁNGEL ARDILA

Si la condición para ir a la mesa y «prestarse» a negociar, es la impunidad total, el sistema no está al borde del precipicio sino sumido entre la perversidad. Cabe denunciar e investigar a las autoridades omisivas por el desacato que eso configura, de toda norma aprobada para contener la turba y sostener el orden dentro de la normalidad justa. Termina siendo todo eso un insulto a la inteligencia y burla flagrante a la justicia.

Bien reza la norma que para hacer peticiones debe usarse formas respetuosas:  plantear el problema y sus soluciones. La alevosía imperante es inaceptable.

Conduce al caos.

Uno no está obligado a nada: pero atiende los llamados a su aporte por mejorar lo que hemos disfrutado o también, sufrido. Siempre hay motivos para activarse y cooperar.

Con el comportamiento cotidiano, se aporta. Hemos transitado un camino de sobrevivientes, nada fácil pero en constante crecimiento. A esta ciudad y a esta región, aportamos. Todo lo posible con más de 6 años de servicio cívico como consejero de planeación y más de la década de entrega en la docencia universitaria; más de 14 años en los recorridos de nuestros caminos pueblerinos resaltando valores regionales al servicio de humildes comunidades desde ese aprendizaje ambiental. Y por más de 35 años describimos la laboriosidad, la honestidad, el empuje de trabajadoras infatigables y agricultores de la región cafetera en nuestra novela que activa (como explicó el profesor José Reiner Rivera, vicedecano de medicina deportiva de la UTP durante el lanzamiento del libro) en el auto retrato de una sociedad que bulle por su laboriosidad y dedicación a cosas buenas.

Ha sido una labor pública, conocida, desde distintos medios de comunicación.

Y no se reclama sino respeto. Por añadidura y sin buscarlo, recibimos mucho: el permanente reconocimiento de colegas, de alumnos ya muy formados, prósperos y productivos; de amables expresiones desde el corazón de madres y padres de esos discípulos agradecidos por ver sus progresos con laboriosidad inculcada, sentido de respeto, responsabilidad y alegría de cumplir la tarea diaria. Vale mucho. Pero también respaldo a nuestras obras, columnas y labores con algún gesto inmerecido, pero que tiene el valor de haber sido hecho ¡en vida! Eso merece ser correspondido y por eso servimos y seguiremos en misma disposición.

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