Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadDIRECTORES DE ESCUELAS, DOS HISTORIAS: CONTRASTES  ENTRE LO SUBLIME Y LO  HORROROSO.

DIRECTORES DE ESCUELAS, DOS HISTORIAS: CONTRASTES  ENTRE LO SUBLIME Y LO  HORROROSO.

Dedicado a Ernesto Herrera (q.e.p.d.) y  a  sus hijos Carlos, Luis Fernando y Liliana.

En días pasados me enviaron un video  donde un personaje narra  un acontecimiento de sus años de estudiante pobre,  describe como  un maestro de la institución donde estudió  da muestras la gran calidad humana,  tal  como  muchos otros docentes que supieron encarretar a sus estudiantes con las asignaturas que enseñaban y además tenían un gran conocimiento del entorno  en que aquellos vivían, maestros que eran grandes líderes comunitarios, que sabían de las angustias y pobrezas de sus estudiantes, que además eran las suyas  también,  porque esos viejos maestros de escuela ganaban salarios muy bajos y al vivir en medio de una comunidad  pobre, también soportaban afugías económicas,  y aun así, en medio de sus necesidades,  intentaban remediar el hambre de muchos de sus estudiantes;  caso muy diferente  al de un docente que vive en otra ciudad, se desplaza a su sitio de trabajo  y regresa de laborar sin saber  en qué situación social y económica viven sus estudiantes.

El profesor de matemáticas, una historia de vida.

Hoy quiero  rendir un homenaje de gratitud y admiración (aplazado  desde que escribí mi primer artículo para el opinadero),  a un gran ser humano, gran  educador,  hombre cabal y honesto como pocos,  a quién conocí cuando llegué a la escuela  Alfonso López Pumarejo del barrio Boston a hacer  mi  primaria, allí  cursé mis tres primeros años  escolares; pasados muchos años   tuve  el privilegio de  matricular a  mis dos  hijos menores allí mismo,   para educarse,  corretear en los recreos por sus recovecos, disfrutar la sombra que ofrecía  el viejo palo de mango del patio central, es decir, conocer la vieja escuela donde empezó a educarse su progenitor.  Por desgracia no conocieron la cancha de “mi  escuela”  porque esa fue  robada por  invasores,  que construyeron allí sus viviendas.

 A  quienes llegábamos a  “primero chichigua” como lo llamaban despectivamente,  nos tocó  ser estudiantes de  don Ernesto Herrera,  un señor al parecer  entre cuarentón y cincuentón, quien además de  ser el maestro estrella de primero,  era el director de la escuela, uno de  sus hijos, Fernando  fue mi compañero de clases. Todas las semanas,  los lunes a las 8 a.m. se hacía una izada de bandera en el patio central, se cantaban los himnos de Colombia,  Caldas y Pereira,  y se hacía una programa  de variedades,  recuerdo haber oído  a un niño llamado  Aquimín  cantar  una canción que luego supe era el corrido de Mauricio Rosales, También oí  a  Alberto Giraldo  cantar varias veces  “Dos Gardenias”; después de la presentación cultural eran llamados al escenario  y frente a todo el alumnado,  los  que habían cometido faltas como tirar piedras y hacer daños, haber jugado futbol en la calle y haber partido vidrios,  tirar cauchera y matar  pajaritos,  y  fumar  en la calle,  todos ellos   denunciados por padres o vecinos ante el director;  la mayoría de los castigos  recibidos eran  reglazos en las manos;   los fumadores tenían que  prender un tabaco, fumar medio,  apagarlo,  y  masticarse el otro medio, esto  generalmente causaba  vómitos y se suponía era la cura para el tabaquismo; el espectáculo se repetía izada tras izada.

En una ocasión uno de los castigados,  un mocetón  le gritó al director: ”Ud. es un viejo fariseo  y no tiene autoridad moral para castigarnos,  porque también fuma”, don Ernesto lo escuchó y sin perder la calma le contestó que dejaría de fumar para  tener  autoridad para castigarlos; después de ese día y por varios meses el director se ponía un esparadrapo en la boca, y seguramente cada vez que quería fumar  se paseaba como un león  enjaulado por la escuela, dejó el vicio  y nos dio una lección de vida  y de  hombría, pues respetó el  documento más sagrado de aquellas épocas: la palabra empeñada.

Don Ernesto recogía semanalmente donaciones  de mercado del  estudiantado para entregarles a las familias que estaban en  peores condiciones económicas, y  la celebración del día del niño (cuya fecha  no recuerdo) era todo un jolgorio,   hacíamos  una la alborada   acompañada de tarros metálicos, ollas viejas y otros  utensilios usados  porque la escuela carecía de la llamada Banda de Guerra, llamada hoy por hoy Banda de Marchas, en dicha alborada desfilaban los viejos maestros  con disfraces, uno de los que más recuerdo es el del diablo. Luego se mataba un cerdo en el patio de la escuela y había almuerzo para todos los estudiantes.

Otros maestros  que recuerdo son don Rogelio,  lombardo Posada, Doña Dagnibia, doña Ana Carvajal y la señorita rosario,  todos ellos  merecen una placa de mármol como gratitud por su labor docente y,  don Ernesto merecería una estatua de bronce  por su trayectoria docente y por su autoridad moral y buen ejemplo,  porque a pesar que regañaba con un rugido de león  era benevolente,  y  tenía la suavidad  necesaria para dar  un  consejo amistoso,  y  por  ser   bondadoso  con los humildes del  vecindario de  la  escuela. Dios los tenga en su gloria y ojalá sean recordados por sus grandes ejecutorias   y  corazones  nobles.  

En contraste con los personajes anteriores,  está la repudiable, vergonzosa y  espeluznante  historia de la directora de escuela  Lucila Inés Gutiérrez,   casada con el ex -concejal  Luis moreno, que   puso  la escuela Saque del corregimiento de Riachuelo  al servicio de la ocupación paramilitar. “Ésta es la historia de 70 niños  sometidos como esclavos sexuales en Santander. En el departamento operó una escuela de entrenamiento militar  y de reclutamiento forzado de menores de edad, dirigida por comandantes  paramilitares, que abusaban sexualmente de niños”. (Riachuelo, la historia de los niños sometidos como esclavos sexuales en Santander por los paramilitares (m.vangardia.com  25 de Agosto de 2021). Hasta una víctima de asesinato hubo allí, un labriego al que la mujer y su esposo habrían acusado  de guerrillero  al que los paramilitares enterraron en la huerta  escolar, dejando una  mano por fuera,  que fue vista  por los estudiantes; por éste hecho  el matrimonio  Moreno- Gutiérrez debía responder por homicidio y concierto para delinquir, según testimonios de comandantes desmovilizados, víctimas y residentes en Riachuelo.

Pero lo sucedido allí fue aún más lejos, varios menores fueron reclutados, estudiaban de día y patrullaban de noche, los niños eran reunidos e intimidados para mantener el silencio sobre lo sucedido;  se organizaron bazares  para los paramilitares, con cuotas obligatorias para los padres y hasta hubo un reinado de belleza con audiencia para, incluso había  colaboración de los esposos  en secuestros y torturas, pues para esas actividades prestaban  su vivienda. Pero sucedió algo aún más atroz, el encubrimiento de la violencia sexual que la directora facilitó, escogiendo  niñas  para los encuentros con los comandantes, aconsejando a las estudiantes como arreglarse y perfumarse,  siendo cómplice y escondiendo los hechos a los padres. Hasta la publicación del artículo en “El Tiempo”, los esposos andaban libres, y su presencia les impedía a los habitantes de Riachuelo  superar ese pasado  de dolor  del que ella fue partícipe y coautora.

“A  Riachuelo le pasó  lo que a varios poblados del país. En el 2000, el frente comunero Cacique Guanentá, del bloque central Bolívar, se asentó en este corregimiento del municipio de Charalá y estableció un centro regional de operaciones, con instalaciones para el entrenamiento, la recreación y las comunicaciones. Los paramilitares se tomaron hasta el puesto de salud, que dotaron de aparatos de vigilancia, rodearon de antenas y usaron para supervisar los movimientos de la gente. La población de Riachuelo quedó confinada” (El caso de Riachuelo, directora de escuela, “El  Tiempo” Miércoles 30 de Octubre de 2013,  página 20 por Laura Gil)-

Aunque  puede  desconocerse  la violencia del momento actual,  es indignante ver como Caracol, R.C.N.  y  Claro  tv.,   con evidente mala intención,   buscan  generar un ambiente  de angustia y zozobra entre los colombianos; la violencia  ha sido cotidiana  y constante en los últimos años en Colombia y no desparecerá  de  un día  para otro.   Sí el  “mesías Uribe” prometió acabar con la guerrilla en cuatro años, no pudo en ocho, buscó  quedarse otros cuatro, y no se logró  hacerlo en 20 años de gobiernos de sus  seguidores ¿Por qué exigirle a  Petro  lograrlo en un año?  Incluso  el denunciado  confinamiento de las comunidades  en estos días, ocurría en Riachuelo por esas épocas.     

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