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ActualidadDonald Trump, lecciones para Colombia.

Donald Trump, lecciones para Colombia.

Por JOSE DANILO SALAZAR

Cuando el señor Trump se ganó la nominación de su partido para ser candidato presidencial, en todas partes se oyeron voces de rechazo a su candidatura y de prevención hacia sus actuaciones, incluso analistas colombianos y norteamericanos dieron por cierto que era una payasada la candidatura del citado señor, y que solo sería sino un capítulo más del folclore político norteamericano, más de un analista dio por cierto que los electores gringos, con gran madurez política no lo elegirían a las presidencia. En ese tiempo pensé que tanta animadversión podría deberse al hecho que el citado candidato y luego presidente era un acaudalado hombre de negocios, afortunadamente el tiempo les dio la razón a sus críticos y contradictores, y con sus actos demenciales el señor Trump demostró no solo su baja calaña, sino su pésimo liderazgo y sectario estilo de gobierno.

El presidente saliente de la Casa Blanca, peló el cobre en demasiadas ocasiones, pero no haré un repaso, solo quiero traer a cuento el ataque al capitolio en Washington, que inicialmente creí que era solo un acto de algunos desadaptados bochinchosos, tipo hinchas de futbol colombiano, pero viendo noticias pude percibir que fue un ataque a la democracia norteamericana, de un desesperado mal perdedor, quién a dos semanas de tener que dejar el cargo, lanzó sus hordas a interrumpir las sesiones del congreso, en el día en que éste órgano oficializaría a Joe Biden como ganador de las elecciones y futuro ocupante de la Casa Blanca. Para algunos autores esto fue una tentativa de autogolpe.

A pesar de que el actual mandatario gringo, salió a justificar las actuaciones de los asaltantes del congreso, diciendo que era la reacción de dolor por el robo de las elecciones, y les pidió que regresaran a sus casas, a nadie con dos dedos de frente, se le olvida que durante meses el señor Trump ha posado de víctima y ha azuzado con mentiras a sus seguidores, preparando la asonada que ocurrió el pasado 6 de Enero, según comentaristas bien documentados, a pesar de la violencia y los muertos de ese día, las cosas pudieron haber sido peores ya que los asaltantes tenían bombas molotov y armas de asalto que por alguna circunstancia no usaron.

De este episodio se puede sacar la gran primera lección, el vocabulario puede ser bien o mal usado y puede desencadenar la paz o la violencia, aquí tenemos líderes políticos de alto rango, no integrantes de las J.A.L. Propiamente, que usan una lenguaje descalificador, venenoso, insidioso, que señalan como con desprevención a sus opositores políticos, jueces o periodistas no arrodillados a su mezquino y guerrerista estilo, cuyas afirmaciones mal intencionadas pueden generar actos de intolerancia, vandalismo y hasta asesinatos, que a duras penas dan una disculpa entre dientes cuando son demandados en estrados judiciales; cómo dijo el capellán del senado de Estados Unidos: “ésta tragedia nos ha recordado que las palabras importan y que el poder de la vida y de la muerte está en la lengua”. La gran coincidencia es que los líderes de aquí y allá, se parece en que son: vanidosos, ególatras, convencidos de ser mesías y poseer la verdad absoluta, queriéndose perpetuar en el poder a como dé lugar. Claro que la gran diferencia es que allá, la sociedad y hasta los opositores políticos reaccionan y se unen en contra del demagogo y aquí le lanzan incienso, los disculpan y hasta lo dejan en la impunidad, si no vean al actual fiscal, el señor Barbosa más interesado en gastar dineros oficiales en promover su imagen de “gran fiscal”, en investigar a Petro, que desentrañar la ñeñe-política de su patrón el presidente Duque. ¿Si todos son bandidos, por qué clasificarlos en bandidos de primera y segunda categoría?

Algunos autores ven en los hechos ocurridos el pasado 6 de Enero, la más grave crisis de la democracia norteamericana después de la guerra civil, y dicen que los factores que desencadenaron la crisis son complejos, pero comunes a otras democracias como el incremento de la desigualdad social, la pérdida de poder adquisitivo de los obreros, allá de los obreros blancos, que han dado respaldo a medidas contra inmigrantes, a quienes les achacan su rabia y desencanto. Las élites democráticas tienen la responsabilidad de hacer causa común, a pesar de sus intereses y diferencias políticas, para oponerse a líderes extremistas y evitar su ascenso. Rodrigo Uprimny, en su columna de “El Espectador”, domingo 10 de Enero de 2021, trae a recuerdo lo ocurrido en Francia cuando en el llamado “frente republicano”, la derecha y la izquierda se unieron para impedir el triunfo del candidato de ultra-derecha Le Pen. Contrasta esta actuación con la de los alemanes, donde por cálculos oportunistas, las élites políticas permitieron el ascenso de Hitler al poder, luego de que este siniestro personaje intentase un golpe de estado, quemase el Reichstag y aprovechara en su favor el vacío de poder. Los intentos de cuestionar jurídicamente el resultado de las elecciones del señor Trump, son un factor de inhibición del poder judicial, sobre todo, cuando las más de 60 accione judiciales presentadas por sus abogados fueron desestimadas hasta por jueces nombrados por él, qué diferencia con éste país donde el presidente Duque y su partido de gobierno, ostentan todos los cargos judiciales de importancia, logrando que los titulares de estos despachos, actúen como marionetas, fallando, no en derecho como debería ser, sino, según el interés de sus jefes.

El señor Uprimny considera que esta crisis estadounidense nos deja al menos dos lecciones: “ i) la importancia de proteger la independencia judicial para preservar la democracia y ii) la responsabilidad de las élites políticas: aunque la democracia no dependa solo de ellas, pues el ciudadano de a pie tiene un papel central, los dirigentes políticos, de izquierda o de derecha, tienen el deber de lograr, a pesar de sus diferencias, acuerdos eficaces en defensa de las reglas democráticas básicas”.

Humberto de la Calle, por su parte en su columna en “El Espectador”, domingo 10 de Enero 2021, cree que lo ocurrido, el 6 de Enero, fue positivo, se logró la ratificación del triunfo de Biden, y la acción de Trump, causó una ruptura en el partido republicano, y lo que sigue es desmontar su legado funesto, dice el señor de la Calle que lo ocurrido sirve para demostrar lo que se venía, o se viene pierna arriba en nuestro territorio: “ es un freno a la franja lunática porque muestra que bajo supuestas banderas patrioteras hay una inspiración antidemocrática. La exacerbación de las pasiones, la creación de fantasmas para infundir miedo, la manipulación de la verdad, la disolución del equilibrio de poderes, el estado de opinión para desnaturalizar la democracia directa a fin de inventarse referendos para echarle tierra a la otra media verdad”, “dejar quieta la recuperación de tierras despojadas, poner primero los negocios que la protección del medio ambiente, estigmatizar al que piensa o siente diferente, manipular las religiones para convertirlas en algo tan poco trascendente como simple vehículo para conseguir votos. En fin. La desaparición del relato liberal, aquel que ha iluminado por siglos el destino de la humanidad genuinamente democrática”

Creo que el señor De la Calle comparte la visión del señor Uprimny, acerca de la necesidad de acuerdos entre partidos, para evitar la llegada al poder de políticos de extrema derecha o extrema izquierda y nos deja esta lección en su escrito : “En éste país también se requiere una respuesta centrista, equilibrada, respetuosa. Toca construir los propósitos compartidos. Y después, solo después, hablar de personas y mecanismos. Pero el mensaje común es urgente. Todos aquellos que aspiran a ganar desde el centro tienen que alzar ya su voz. Construir un centro audaz. Una plataforma genuinamente democrática debe contener en mayúsculas el signo del cambio. Ante el silencio el centro se puede diluir”

Infortunadamente creo que estoy pensando con el deseo, pues, mientras los norteamericanos tienen la capacidad de aunarse y rectificar el rumbo, y juzgar a sus líderes políticos, aquí soportamos ocho años de espionaje del D.A.S. al poder judicial, la prensa y la oposición, sin que el autor de esos desmanes se haya despeinado, en U.S.A . Donde sí hay dignidad, por espiar la convención de sus opositores Nixon fue obligado a dimitir. ¿ Ocurrirá alguna vez aquí el juicio y condena a los políticos de alto rango?

2 COMENTARIOS

  1. Excelente articulo Danilo, son lecciones no solo para colombia si no para el mundo entero. estoy muy de acuerdo con usted en el último párrafo, se piensa con el deseo. Aca la ética esta por el suelo, incluso diría que esta al revés: lo bueno parece malo y lo malo parece bueno. Somos un pueblo sin memoria y esas lecciones políticas que nos brinda USA seguramente se perderán, somos un pueblo en su mayoría movido por el» corazón grande.»

  2. Buen discernimiento Don Danilo, aunque la política no es un tema que me apasione, considero que mientras el pueblo no defienda la democracia, seguirán los abusos del gobierno, que según se ve, reinará por los siglos de los siglos, sin embargo, muy allá en el fondo, siento una posibilidad de que el panorama nacional tienda al cambio, pero en el momento es solo una gran utopía.

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