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Actualidad¿Dónde están las cometas?

¿Dónde están las cometas?

Por Luis García Quiroga.-

Las cometas no solo son importantes en la narrativa histórica y científica que revela la experiencia de Benjamín Franklin inventando el pararrayos. También lo son para experimentar esa emocionante sensación de libertad controlada que se vive cuando con una cometa, se logran dominar los caprichos del viento.

Y sobre todo los niños, para quienes parecería que hubieran sido inventadas. Para un adulto son entretenimiento y deber de buen padre. Para un niño son vivencia de inolvidable gozo.

Agosto es (era) el mes de las cometas. En lugares como Villa de Leyva es muy concurrido el concurso de cometas ingeniosas y gigantescas unas, estrambóticas otras, pero igualmente todas espectaculares en su desplazamiento todo lleno de expectativas que, como la vida misma, solo son superadas por la capacidad de maniobra inteligente o habilidosa que impida -en lo posible- un vuelo frustrado.

¡Cielos! ¿Dónde están las cometas? Ya entramos en la recta final de los esperados vientos de agosto y es visible la orfandad del firmamento agitado por la brisa cometera. Y la soledad del espacio público que cada año por estas calendas, se viste de la alegría multicolor de los vendedores de cometas en las avenidas. 

¡Qué desencuentro! hasta el rebusque cometero se contagió de pánico.

El IDEAM nos había prometido un agosto con tiempo de verano y vientos favorables, pero en contravía llegó un invierno torrencial. Y las cometas como los gatos le temen al agua; o como los perros a los truenos que presagian lluvia. ¡No puede ser posible que también los benignos vientos de agosto le teman al coronavirus!

Parece que como ciertos políticos y gobernantes, el IDEAM se ha especializado en matarnos la ilusión. Deberían abstenerse de hacer anuncios de cosas que no van a cumplir o no están en sus manos cumplirlas.

En este agosto lluvioso, de movilidad limitada y encierro forzoso, extrañamos las cometas. A las grandes y a las chiquitas. A las bellas y las que uno cree que no lo son tanto, pero que igual se suman a la estética cometera cuando aportan su dosis de encanto en el cielo todo lleno y encendido colores y de ágiles gambetas, como una metáfora de movimiento y color representando belleza, esperanza y vida.

¿Dónde están los buenos vientos cometeros?  ¿Por qué están escondidos y dejándonos con esta nostalgia de hilos, afanes y emociones, si aún no sale el decreto de cuarentena presidencial prohibiéndolos?

Alguien que consiga un chamán indígena que invoque a los protectores dioses ancestrales de la Pacha Mama, para que en lo que queda de este agosto gris, alejen las lluvias y traigan los vientos locos, juguetones y fiesteros. Y si de paso, se pueden llevar el coronavirus, quedaremos más que agradecidos.

Extrañamos la alegría de las cometas, del mismo modo que extrañamos la libertad secuestrada por este virus siniestro y letal.

Pereira, lunes 24 de agosto de 2020

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