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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadDos buenos pereiranos

Dos buenos pereiranos

Los amigos no mueren, se van de viaje a dimensiones desconocidas que se desvanecen en el olvido, aunque suelen regresar, cuando dejan su impronta en las instituciones perdurables, como las huellas que nos dejan Miguel Álvarez de los Ríos y César Alberto Salazar Duque.

Prefiero verlos de esa manera. Alivia la pena de su entrañable transparencia y su querida presencia, como en el bello canto del poeta Nicolás Guillén sobre el comandante Ché Guevara.

Dos buenos pereiranos y estupendos amigos que, con la sencillez de sus existencias y sus vivencias, tomaron el vuelo eterno.

Primero fue César, el empresario, político godo doctrinario, dirigente gremial y ex alcalde de nuestra Pereira.

De César destaco su carácter sereno y su vocación de servicio a Pereira, en especial a la Cámara de Comercio.

Todos teníamos el presentimiento del desenlace inevitable. César venía de tiempo atrás, luchando contra una cruel enfermedad, casi a la manera de Unamuno, quien sentenció que no agoniza quien está muriendo, sino quien lucha por no morir.

Pocos días después, partió Miguel Álvarez de los Ríos, escritor y abogado, pero ante todo y sobre todo, periodista total.

Así son las extrañas cosas que no queremos que sucedan, pero que, implacables, los estragos del tiempo y los achaques, hacen cumplir el inexorable hasta siempre. 

Miguel fue la pluma deletérea y de singular estilo digno, de ser imitado. Me gustó su “hecho en cemento armado” para definir las personas de valía. A nadie dio mérito zalamero. Del mismo modo que fue amigo de sus amigos y rencoroso y arrogante con aquellos que no merecieron su estima.

Como Truman Capote, quizás nadie conoció mejor la intimidad de los poderosos de Pereira, con la diferencia, que nunca escribió sobre ellos; salvo que haya dejado algo inédito. Tuve la certeza y alguna vez se lo dije, que sabía más de lo que escribió.

En mi opinión, el mayor relieve de Miguel fue su espíritu liberal, su nobleza de carácter y su amor por Pereira. Tuvimos un desencuentro a raíz de un libro que sobre el maestro Luis Carlos González editó la Gobernación de Risaralda a mediados de los 80. Miguel escribió: “fue un poeta bucólico…” y otras cosas. Le riposté en mi columna de La Tarde con el título “La soberbia del vikingo”. Escrito está.

Poco después, en un coctel (Miguel fue muy sociable y gustaba de los eventos aún con la fatiga de los años a cuestas), se me acercó y en tono sereno hablamos al respecto.

Miguel Álvarez es referente periodístico para las nuevas generaciones. 

Y también literario, porque confesaba que fue un impenitente ghost writer. Escribió casi todas las obras de quien dicen que, si se hubiera leído todo lo que ha escrito, sería reconocido como un gran escritor.

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