Dos guerras perdidas. PENSANDO EN VOZ ALTA.

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Por JAIME DIEGO BEDOYA

*Dos guerras perdidas. La primera fue declarada por el presidente Nixon en el 70 del siglo pasado. Los efectos han sido desastrosos por donde se miren: Corrupción, enriquecimiento sin medida de los capos, gobiernos y parlamentos comprados, gigantesco tráfico de armas, juventud presa del vicio, el medio ambiente destrozado con la tala de bosques y el uso de los precursores químicos que envenenan las aguas, campesinos desplazados de sus tierras a punta de bala que han venido a engrosar los cinturones de miseria en las ciudades y el colofón de todo: la degradación radical del clima. En este escenario desastroso, Colombia ha puesto la mayor cuota de sacrificio, dolor y muerte. Ha habido voces discordantes contra esta pelea inútil: Gaviria, Cedillo, Cardoso, Fox y Santos que, poco a poco van ganando terreno hacia un nuevo enfoque que, será la legalización con monopolio de estatal, como en Estados Unidos con licores y tabaco en los años veinte. Habrá que diseñar excelente pedagogía para frenar el impulso de los niños y jóvenes hacia el consumo y a los que sucumban, tratarlos como enfermos y proporcionarles la dosis que la ciencia establezca. Este diagnóstico, muy conocido, le quitaría el negocio a la mafia y convertiría el producto de las plantas en fuente de ingresos legales para el Estado, porque, además, esas no son “las matas que matan”, dado que de ellas se pueden sacar productos de excelente calidad para la industria y la medicina.

Otra guerra perdida es contra la pandemia. Esperemos a que no pasen más de 50 años para afrontarla como es debido: Cubrir bien a todo el mundo, sancionar al que se exponga, incluso con negarle los servicios hospitalarios, si por su culpa se infecta y darle vía libre al desarrollo de la economía que ya no resiste más paro. Es imposible encerrar a la gente sin suministrarle los elementos básicos de subsistencia. Los gobiernos y, nos consta que han intentado asistir a todo el mundo, no tienen los recursos para confinar al pueblo por años.

*¡Qué tal las joyitas de Las Farc! Cómo hubiéramos quedado en manos de una guerrilla corrompida. Mejor dicho, Pol Pot sería un dulce angelito frente a estos criminales. Los pueblos tienen derecho a levantarse contra la opresión, sí. Pero al degradarse los luchadores, como sucedió en Colombia, pierde valor moral su reclamo. Bien por la JEP.

De no haber sido por el presidente Santos, esta verdad no se habría conocido. Volveré a este tema.

Jaime Bedoya Medina.

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