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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadEl 2022, como en pandemia

El 2022, como en pandemia

La semana pasada hice un balance de lo que fue para el mundo entero y especialmente para los colombianos el 2022 destacando que definitivamente quedó como un año para olvidar; hoy pretendo hacerlo con la mirada puesta sobre Risaralda y la semana entrante sobre su capital Pereira.

«Si por allá llueve, por acá no escampa», reza un adagio popular que va como anillo al dedo al revisar un inventario de las cosas buenas que nos pasaron en este período que termina.

Al dirigir los binóculos hacia la gobernación solo se aprecian lánguidas expectativas: el más ambicioso e importante proyecto regional como es la Plataforma Logística del Eje Cafetero —PLEC— se la pasó dando tumbos y mostrándonos los dientes del fracaso. La llegada y pronta salida de varios gerentes expresan la dimensión de la crisis. Para la actual administración departamental este proyecto es un embeleco del anterior gobernador y no se aprecia el menor asomo de respeto por el que es un claro propósito nacional, amparado y apoyado por el sector central a través de un documento CONPES y que hace parte de una política nacional de largo plazo. Una terrible equivocación de Víctor Manuel Tamayo que la condenó a cuatro años de espera, en una agonía que amenaza su muerte. Decenas de invasores acechan como gallinazos sobre los hermosos predios que el gobierno nacional facilitó para tal propósito.

Las Vías del Samán, anunciadas hace dos años como 347 kilómetros de 5 corredores viales entre Risaralda y el norte del Valle del Cauca que serían intervenidos con obras de construcción, mejoramiento y mantenimiento, son otro fantasma que sale por las noches y asusta en los pasillos del palacio gris del parque Olaya. La doble calzada a La Virginia y las otras obras adicionales contempladas para este departamento parecen quimeras y bien puede el gobernador despedirse de cualquier ilusión de inaugurarlas; quizás ponga alguna primera piedra antes de su partida que se aproxima raudamente.

Y que decir del hospital de cuarto nivel que por su nombre pareciera aludir al número de generaciones que esperarán por su construcción. Veintisiete meses después de su anuncio (el 14 de septiembre de 2020) parece más una fábula que una realidad. Aún sin empezar no supera una difícil barrera ideológica. El proyecto nació en un gobierno de «derecha» con la perspectiva de ser una asociación público-privada que le garantizaría su éxito operativo y financiero. Se habló de una clínica de Alta Complejidad y bajo ese concepto obtuvo un primer giro apresurado del gobierno nacional. Iván Duque y Felipe Córdoba pusieron el acelerador a fondo antes de sus partidas y lograron un aporte inicial de 200.000 millones de pesos equivalentes a la tercera parte de su presupuesto total. Todo era color de rosa para el hospital que llevaría el nombre de la progenitora del saliente Contralor nacional. Pero ganó Gustavo Petro la presidencia y las cosas se pusieron «color de hormiga». Un gobierno de «izquierda» que poco o nada quiere saber de anegocios de particulares con la cosa pública condicionó su aval al concepto de empresa estatal. Un galimatías. ¿Hospital o clínica?. ¿Cómo lograr que el proyecto llegue a feliz término con un sector de la salud atiborrado de conflictos y en tales circunstancias que el mismo Petro habla de una reestructuración total por ser uno de los peores sistemas del mundo? Grave problema. Tamayo tiene plata pero esa «vaina» parece enferma. No camina y solo hemos visto una pomposa valla en la vía a Cerritos.

Feliz 2023 para todos mis lectores

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