PolíticaEl Acuerdo de La Habana

El Acuerdo de La Habana

El 24 de noviembre de 2016 se firmó en el Teatro Colón de Bogotá el Acuerdo de La Habana, con el cual se puso fin al conflicto y se inició la construcción de la tan anhelada paz. El documento de 310 páginas, fue el resultado de los diálogos emprendidos en la Isla, desde el 2012, entre el Gobierno y las FARC. Este nuevo capítulo de nuestra historia contempla seis puntos sobre los que se sustentan las bases de una paz estable y duradera: 1) Reforma Rural Integral. 2) Participación política. 3) Cese al Fuego y Hostilidades y reincorporación de las FARC a la vida civil. 4) Solución a las Drogas Ilícitas. 5) Víctimas. Y 6) Mecanismos de Implementación y Verificación. Tras el acto formal de la firma el 26 de septiembre en Cartagena, se llevó a cabo el Plebiscito por la Paz arrojando una votación de 6.377.482 votos por el SÍ, y 6.431.376 por el NO. Ante 53.894 votos de diferencia y habiéndose establecido que la campaña por el NO había sido engañosa, buscando hacer votar a la gente “enverracada” como lo manifestó el gerente de la campaña Juan Carlos Vélez, del Centro Democrático, el Gobierno convocó a todas la fuerzas políticas en lo que se denominó el Gran Diálogo Nacional permitiendo llegar a puntos de encuentro en más de 75 reuniones con ciudadanos, organizaciones sociales, étnicas, grupos de víctimas, mujeres, jóvenes, sindicatos, partidos políticos, iglesias, empresarios y diversos actores de las campañas del SÍ y del NO, lográndose que el Gobierno y las FARC, en prolongadas e intensas reuniones entre el 4 y el 14 de noviembre, concertaran el Acuerdo Final que resolvió las dudas e insatisfacciones expresadas en forma democrática en el Plebiscito y el cual fue firmado en el Teatro Colón, despejando el camino para acabar con seis décadas de conflicto interno. Pese a los innumerables obstáculos, el 70% de los excombatientes siguen en proceso de reinserción a la sociedad. No obstante, la paz sigue amenazada. Si bien no ha llegado a todos los territorios, el descenso de los indicadores de violencia es un hecho innegable. Con ocasión de la celebración de los cinco años de la firma, el expresidente Uribe como cabeza del Centro Democrático, el partido de Gobierno, principal enemigo del proceso, que en campaña prometió a sus votantes hacer trizas la Paz, ofrecimiento hecho por el candidato Duque, hoy Presidente, le hizo llegar una extensa carta al Secretario General de la ONU en la que afirma que, Acuerdo de Paz no ha habido, afirmación que hace cegado por el odio en una disputa personal con el también expresidente Santos, y de cuya enemistad el país ha sufrido sus funestas consecuencias, comprometiendo en materia grave la confianza en sus instituciones. Que lo digan los 297 firmantes de la paz asesinados y los 1263 líderes sociales silenciados desde la firma del Acuerdo, 172 en el 2021, o las 88 masacres registradas en el presente año, o los incontables desplazados por la nueva violencia, alimentada por un narcotráfico creciente y violento que, pese a haber transcurrido más de tres años del actual gobierno, sigue culpando al anterior, de este y todos los males existentes. Contrario a lo que unos pocos piensan, el Acuerdo conserva la fortaleza de la razón permitiendo que un ejército de violentos cambiara fusiles por azadones y, que un país anegado en sangre, experimentara que la paz sí es posible, desinflando poderosos liderazgos, cimentados en el odio y la mentira. Por fortuna, el alto funcionario Guterres en declaraciones a la prensa internacional y como una clara respuesta a la falsa afirmación del expresidente Uribe ha dicho: “El Acuerdo está vivo. Colombia es hoy un símbolo de paz para el mundo”.

Alberto Zuluaga Trujillo                                                     alzutru45@hotmail.com     

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