El almuerzo de los pilotos del rey

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Por ALVARO CAMACHO ANDRADE

En febrero de 1999 pocos días después del sismo que asoló el Eje Cafetero Pereira recibió la visita de Felipe Príncipe de Asturias, que llegó al aeropuerto Matecaña en el avión del rey de España, Juan Carlos de Borbón. Como fotógrafo de la alcaldía me correspondió cubrir el acontecimiento junto a Osvaldo Parra, periodista que era el Jefe de comunicaciones en ese momento. Felipe fue recibido por el presidente Andrés Pastrana, el presidente de Bolivia Hugo Banzer y el alcalde de la ciudad Luis Alberto Duque, quienes después de un corto saludo partieron a su rumbo en helicópteros.

Cuando nos disponíamos a regresar a la alcaldía una funcionaria del aeropuerto nos detuvo y nos dijo que se encontraba con los pilotos del rey de España, que querían ir a almorzar y ver desde un sitio alto la panorámica de la ciudad, salió por ellos para presentárnoslos, nos miramos con Osvaldo y casi al tiempo nos dijimos

 -!Marica nos jodimos!

 ¿Cuánto tiene?

 -$1.500 ¿y usted?

– $1.800, me respondió.

 -!Tiene mas plata una olla de aluminio! le dije.

-¿Qué hacemos?

– Llevémoslos al Mirador, allá buscamos al administrador que es conocido, le contamos el cuento y que le apunte la cuenta a la alcaldía.

-Listo.

Los pilotos eran tres, pero uno de ellos afortunadamente no quiso ir porque nosotros andábamos en un viejo Trooper destartalado en el que nos montamos y subimos rumbo al restaurante por la circunvalar. Al llegar salimos al balcón donde hicimos algunas fotos, uno de ellos el que era coronel  y el de más alto rango al ver el viaducto expresó: !vaya puente!, aproveché un momento para preguntar por el administrador y !NO ESTABA! ahora sí estábamos perdidos. En ese momento Osvaldo me dijo – Si nos toca quedarnos lavando platos o empeñados aquí !pidamos lo más caro, ya qué?.

Nos llevaron la carta y recuerdo que pedí Trucha al Ajillo y Osvaldo Filet Mignon con Coca Cola, ellos no sé qué escogieron pero me hicieron pegar un brinco cuando pidieron vino.

!PIDIERON VINO! yo le pegaba con la rodilla a Osvaldo y creo que él escribió en una servilleta la palabra «Descarados», ya las cartas estaban echadas y nos concentramos en almorzar bien, aunque no dejábamos de pensar en nuestro futuro inmediato. Para romper el hielo hablamos de fútbol, de sus viajes por todas las ciudades en las que solo llegaban a conocer el aeropuerto y que les gustó Pereira especialmente por el viaducto. Cuando terminamos de comer uno de ellos, no sé de donde sacó la tarjeta de crédito mas bella que haya conocido en mi vida, era dorada, su brillo no lo olvidaremos jamás. llamó al mesero, pidió la cuenta y antes de que se la pasara le pregunté a Osvaldo con la mayor propiedad ¿quiere postre?

Álvaro Camacho Andrade

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