El amigo alemán

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POR  CARLOS ALBERTO CARDONA MONTOYA

CONTRACRITICA, Con Humor, Amor y … Ardor

Al finalizar la consulta, el médico psiquiatra  hizo sentar al paciente, un joven de apenas 62 años, a quien miró fijamente a los ojos  y le dijo: “Amigo, le tengo dos  noticias: una buena y otra muy mala”; el joven  sin vacilaciones respondió: “Doctor, yo  no nací en el mes de los temblores, yo estoy hecho pa´ las que sea, así que péguele primero a la noticia mala”.

El médico se acomodó en su silla ante su ordenado escritorio, a un lado un par de libretas, una pluma fuente de oro, y estratégicamente en el centro, y de frente a su paciente, una hermosa calavera, probablemente de alguien que en vida perdió la cabeza; tragó saliva, carraspeó un poco, entrecruzando sus dedos y mirando por encima de sus lentes  se la soltó de una, como un partido de futbol contra Ecuador en los primeros cinco minutos, sin compasión, sin que mediara defensa alguna,: “Amigo, usted  tiene Alzheimer”.- De inmediato nuestro joven paciente espetó sin titubear, sin vacilación, “Doctor, y eso que carajos es”.

Bien, se trata de una enfermedad terrible, que arruina totalmente las condiciones y calidad de vida de la persona que la sufre, destruye su entorno, la vida familiar se vuelve insoportable, comienza con una pérdida aguda de la memoria, hay cambios bruscos en los estados de ánimo, y poco a poco ocurren horribles efectos en la personalidad, se deteriora la capacidad de caminar, aparecen dificultades para comunicarse, la energía baja a niveles muy mínimos, la persona empieza a olvidar para qué son las cosas, como por ejemplo coger una naranja, saber que se llama naranja pero no sabe para qué es, es incapaz de resolver operaciones aritméticas sencillas, como por ejemplo desconocer la diferencia  entre un gol y seis goles, es realmente horrible.

Un poco aturdido por la explicación, nuestro joven amigo comentó: “Ay juemadre doctor, esa vaina es como jodida, realmente es una mala noticia; ahora, entonces después de toda esa explicación tan completa, dígame, ¿Cual es la buena noticia?. Sin sonrojarse, de pié, y con las manos entre los bolsillos de su bata blanca, el médico le respondió: “La buena noticia es que en 20 minutos  a usted se le va a olvidar  todo lo que tiene”.

La esposa del joven  paciente, quien no  había musitado palabra alguna, podría decirse que parecía una lechuza, no hablaba pero ponía mucha atención con los ojos bien abiertos, dejó pasar algunos segundos de  gélido silencio, llevándose  el dedo índice de su mano derecha a los labios, y con su bolso-talego agarrado firmemente con la otra mano, con una vocecita tímida, y alargando las palabras, se atrevió a preguntar:

-“Doooctooor, ¿Será que esa enfermedad tan maluca también le da a los gobiernos?

-“No entiendo su pregunta, querida señora”

  • “Si, doctor,  es que mire  pa´que vea pues”, hace como 18 años en éste país eligieron como presidente a un señor, que acabó con la caja Agraria, acabó con Telecom, Acabó con los dominicales triples y las horas extras, a la gente se le olvidó  y votó por el que ese señor dijo; según lo que usted dijo, eso es Alzheimer”, ¿Si ve? Ahora estanos más jodidos que mi marido.

-“ No querida señora, eso no tiene nada que ver”.

  • “¿Como así que no doctor?,  Usted mismo acaba de decir que  en el Alzheimer, la persona  empieza a olvidar para que son las cosas, Ahí tiene en Pereira, a la gente se le olvidó que el anterior alcalde fue sancionado y no pudo terminar su mandato, y que al actual le anularon su elección, esa enfermedad  sí le da la gente; es como en su ejemplo de la naranja, pues la fiscalía, la procuraduría, esas cosas de la justicia, la gente sabe que ahí están, pero nadie sabe para qué sirven”.

-“Señora usted está confundiendo las cosas, una cosa es la enfermedad del Alzheimer en las personas como su marido y otra cosa es la ignorancia de la gente que no sabe elegir a sus gobernantes”

  • “Doctor, estoy empezando a creer que el Alzheimer se transmite a través de los tamales”

-“No querida señora, eso es imposible, el Alzheimer es una enfermedad debido a la reducción de la producción cerebral de acetilcolina (un neurotransmisor), lo que provoca un deterioro en el rendimiento de los circuitos colinérgicos del sistema cerebral, y eso no lo hacen los tamales”

  • “Pues créame que Sí, en las elecciones para alcaldía del año pasado, a la gente le dieron como 50 mil tamales, y a la gente se le olvidó que la platica de los abuelos y los almuezos escolares, se la robaron, un negociado de un lote que fue escandaloso también se olvidó, el torcido de la venta de la Empresa de Energía también se olvidó y les habían advertido, que iban a regalar el aeropuerto  y también se les olvidó”.

Hubo un silencio sepulcral, la pareja abandonó la consulta, y nuestro médico  quedó atónito, meditando acerca de las reflexiones hechas por la humilde mujer, y recordando las enseñanzas del neurólogo alemán Alois Alzheimer, y su colega Emil Krapaelin, descubridores de la tenebrosa enfermedad, se decía a si mismo: “si mi amigo Alemán estuviese aquí, le diría que , efectivamente, lo que ocurre en los pueblos también es patológico, si la gente olvida  el origen de sus miserias, el cerebro que los gobierna se pudre, y produce cosas  como las que dijo la esposa del enfermo”.

Al reaccionar súbitamente, el médico advirtió que su paciente ya había abandonado  el edificio, y a él, se le había olvidado cobrar la consulta.

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