Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadEl antifaz

El antifaz

6:00 am sonó la alarma y luego la siguiente, y la siguiente, ésta última me indica que ya es tiempo de levantarme de la cama. Me incorporo con prisa porque el tiempo tiene la manía de correr el doble de veloz entre las 6:00 y las 8:00 am. Me fijo en el clima, para saber qué ropa, pero, sobre todo, qué calzado debo usar; elijo cuidadosamente los accesorios perfectamente combinados, a excepción de uno que, por invisible para los demás, pasa desapercibido. Cada mañana, a la par que preparo mis ropas, alisto el antifaz que uso para ir a trabajar. Ninguno en la oficina se percata de su existencia, tiene matices del color de mi tez; ahora que lo pienso bien, hace parte de mí, de lo que soy o de lo que les he hecho creer que soy, o de lo que ellos esperan que sea, o quieren que sea, o como sea. Al principio se sentía cómodo, liviano, pero mi piel empezó a reclamar el oxígeno que los poros no pueden tomar y simplemente, se tornó pesado. No siempre usé el mismo, construyo uno diferente para cada ambiente laboral, según las personas, su rango de edad, sus títulos académicos, su clase social. Sin darme cuenta, pero, sobre todo, sin proponérmelo, resulté con una colección de ellos. A mis ojos, algunos de ellos son bellos, pero otros, absurdamente aterradores, ¿en qué estaba pensando cuando los elaboré?, quizá por eso dejé de usarlos, o de frecuentar a las personas con quienes los utilizaba, para no tener que ponérmelo.

Mientras continúo con mi soliloquio, empiezo a hacerme consciente de los lugares y las personas que visité, lo que me regalaron o se llevaron de mí, preguntándome por qué siempre tuve que usar un pedazo de pasta para cubrir mi verdadero rostro. Me dirijo al closet donde los escondo, aunque nadie más los ve; Los mantengo alejados de mi vista porque su existencia no me enorgullece. Me detengo a observarlos ¡Son muchos! ¡No quiero contarlos! Para las fiestas, los amigos, la familia, mi hijo, mi pareja, los trabajos, los vecinos, los jóvenes, los adultos y los niños… ¡Son muchos! ¡Qué cansancio! Y recuerdo, que algunos de ellos han pesado mas que otros. Algunos de ellos me dejaron cicatrices que nuevamente, solo yo puedo ver. Los observo con detenimiento y con desilusión, los más tenebrosos me recuerdan la mujer que ya no quiero ser, que tuve que ser en contra de mi voluntad, o la mujer que fui siendo consciente de mi oscuridad. Los bellos me hablan de las veces que quise ser todo aquello que quisieron que floreciera en mí, pero incapaz de conseguir la cosecha, la fingí, los usé para crear la ilusión de la magia y la dulzura, aunque más que miel tuviera sabor a bilis, amarilla y amarga.

Un amanecer cualquiera, por simple rebeldía o quizá por lealtad hacia mí, saqué todos los antifaces del closet y los tiré a la basura. Al principio temblé de miedo por no poderlos usar, después de un tiempo uno empieza a acostumbrarse y a sentir que todo aquello que llevas puesto con frecuencia, se vuelve parte de ti. Será por la manía de no querer pertenecer y de que nada me pertenezca, que elegí así, un día de la nada, en una fecha que no puedo recordar, simplemente deshacerme de ellos. Boté todos los antifaces e incluso los disfraces que complementaban algunos. Dejé de frecuentar los sitios que demandaban que me camuflara, por detestables o por exigentes; de igual manera le dije no a las personas que pertenecían a esos mundos, a ellos y su manía de cambiarme. Fue asombroso ver como todos, aunque no se percataron de la existencia de los antifaces, notaron su ausencia; y poco a poco algunos de ellos se alejaron voluntariamente. En ocasiones el viento me trae el susurro de sus voces preguntándose por qué cambié, y yo solo estoy siendo lo que soy, pero es mi responsabilidad, por haberlo ocultado.

Me miro al espejo y veo la mezcolanza de ideas, creencias y aprendizajes que dejaron huella en mí, por opresión o apropiación. No pienso como luzco, no luzco como soy, no vivo como creo, no sé bien quién soy; y es que, si lo supiera o me atreviera a adivinarlo, estaría aceptando que mi trabajo estaría terminado, que conseguí la quimera de la vida. Soy un tónico agridulce, aguado o espeso, frio o caliente, todo depende de aquel que lo beba, ya no depende de mí. Soy un tónico sin sabor, incoloro, inoloro, que algunos prefieren tinturar para poder beber, endulzar, calentar o no beber. Así me presento al mundo: incómoda, impertinente, ruidosa, explícita, desubicada, egoísta, pero sin antifaz; este si es mi verdadero rostro.

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6 COMENTARIOS

  1. Siempre me sorprende como describes y plasmas los sentimientos y emociones,la palabra precisa, la mirada perfecta.Esa busqueda personal y dolorosa a la que nos enfrentamos a diario,en el afán de crecer.
    Espero el próximo.

  2. El antifas de no tener antifas… es el antifas ilusorio más viejo del mundo.

    Yo puedo ayudarte a encontrar tu verdadero ser más alla de los patrones concientes e inconcientes ilusorios y autoegañosos de tu mente con los cuales te identificas.

    Porque tu verdadero ser va incomparablemente mas alla de la logica, el entendimiento, los pensamientos, los estereotipos, los roles o etiquetas, el «bien» o el «mal», o reconocer con total honestidad la negatividad…

    eres y somos un milagro Que no se puede etiquetar ni limitar Maritza, como el sol detras de un dedo o tormenta… tu eres la conciencia y atencion Que se da cuenta y comtempla que lo que te digo sientes que es verdad…aunque sea muy en el fondo… porque es lo que somos, y a travez de mi te estas contemplando a ti misma.

    Maritza, Llamame si estas lista:
    321 704 15 96

  3. Felicitaciones bella !!! Tienes el don de trasmitir el sentir de muchas que como yo , nos identificamos con la pluma que hoy diriges .

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