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El creador de la capital del despecho podría ser alcalde de la querendona

Hace 32 años, Carlos Alfonso Victoria, entonces exitoso cronista de La Tarde y El Pueblo se inventó el festival nacional del despecho, convirtiendo a la trasnochadora, querendona y morena en “capital” de un sentimiento, o más bien, una sensación de desolación que siente el desahuciado por un amor nunca más correspondido.

Esta vez, sin embargo, el despecho era el de quienes él llama los “viudos del poder”, aquellos que durante los últimos veinte años gobernaron el país y que en escasos dos meses del presidente Gustavo Petro en el poder salieron a las calles a reclamar por las reformas que apenas intenta aprobar en el Congreso.  Porque a esa misma hora protagonizaban protestas callejeras en varias ciudades, mientras el jefe del estado reabría la frontera con Venezuela para salvar de la crisis social y económica a la zona fronteriza.

Victoria llegó puntual a la cita con El Opinadero, en una especie de fogueo verbal antes de asumir de lleno su nuevo destino como columnista, al lado de otras 98 voces de otros tantos librepensadores que han encontrado en este medio su refugio y el canal más democrático para comunicarse con sus lectores.

Carlos Alfonso es licenciado en Educación, periodista, docente universitario, político, activista ambiental, teatrero, entre muchos otros artes y oficios, sin olvidar el de columnista a la edad de 17 años en la Voz del Norte, en Cartago, pero el rol que prefiere es el de humanista, como repite con orgullo citando a un amigo suyo que así lo describe.

No está muy seguro si le ciñe bien el mote de “político”, considera que esa palabra hay que resignificarla.   Sin embargo, es covocero del partido Colombia Humana para el departamento de Risaralda, en él recayeron muchas decisiones acertadas o no en el pasado proceso y ahora mismo se ha echado sobre sus hombros la responsabilidad de coordinar los diálogos regionales vinculantes, a través de los cuales el presente gobierno pretende estructurar el Plan Nacional de Desarrollo y su plan plurianual de inversiones.

Horas antes de nuestra cita había presidido un encuentro con líderes del gremio cafetero, a quienes explicaba la metodología y los propósitos de esa especie de “torre de Babel” (ojalá resulte ser más que eso), donde se van a cotejar los intereses de todos los sectores pujando por la aprobación de los proyectos que más convengan, según los criterios de cada quien, a la ciudad y la región.

Carlos Alfonso fue tentado por el bicho de la política en la ola verde de Antanas Mockus hace doce años y reincidió con Petro, después del estallido social contra la Reforma Tributaria de Duque y la rebelión de los “nadies” encabezada por la hoy vicepresidenta Francia Márquez. 

Mucho antes, por allá a finales de los años ochenta, había sido secretario de Educación de Risaralda, y desde entonces está convencido como el que más que en esa área está la verdadera clave del desarrollo social y económico del país.  Es un fanático de la sociedad del conocimiento.

Hoy, habla con total convicción del proyecto político del jefe del Estado y defiende como el que más su discurso pronunciado en el pleno de la ONU, que según sus palabras resume la intención de convertir a Colombia en una potencia mundial de la vida.

“Mire esa gran paradoja:  uno de los países más hermosos del planeta, pero donde corren ríos de sangre”, observa, para significar que “todo este proyecto apunta hacia algo fundamental que es la paz total y no la paz por pedazos o la paz inconclusa del año 58 del siglo pasado”.  Lo anterior, según explica, lo ha venido aprendiendo en los últimos diez años cuando se ha dedicado por completo al estudio de la Maestría en Historia y el grupo de investigación de Filosofía y Memoria de la UTP.

Carlos Alfonso sostiene que el conocimiento de la historia es vital para comprender el presente, lo cual le ha servido de brújula para orientarlo en torno a lo que no se puede repetir en el país si se quiere vivir en paz como meta suprema del ordenamiento jurídico.

Con Carlos Alfonso Victoria conversamos sobre sus responsabilidades presentes y futuras y sobre una idea que no descarta de plano, la de jugar un papel importante en el proceso electoral que se avecina y donde quienes sepan asumir liderazgos en los diálogos regionales serán, sin duda, las voces cantantes en los próximos comicios.

¿Una aspiración temprana a la Alcaldía de Pereira?  Tal vez, yo no lo descartaría, ¿y usted?

Nota.  Les comparto la entrevista con sus fallas de sonido de origen, como una evidencia de lo aquí narrado.

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