El desafío de Ámsterdam frente a la pandemia

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Por: Manuel José Gómez Robledo

Todos los países y ciudades del mundo tenemos el reto como sociedad, de aprender de los fenómenos y dificultades de la crisis que estamos viviendo; debemos analizar, diseñar y construir sobres las lecciones aprendidas y tomar decisiones estructurales que contribuyan a que nuestros municipios tengan las bases sólidas en el largo plazo y que nos permitan estar preparados frente a situaciones adversas y así reorientar nuestros modelos de gestión y esquemas de desarrollo territorial.

Hay que estar abiertos a cambiar, hay que estar dispuestos a pensar diferente y a implementar estrategias nuevas. Si seguimos haciendo lo mismo, obtendremos los mismos resultados y estaremos condenados a repetir la historia.  Expertos como el economista y Nobel, Joseph Stiglitz, han manifestado que esta crisis debe ser vista como una oportunidad para repensar cómo queremos que sea el mundo en los próximos años.

El Foro Económico Mundial, en su informe ‘Perspectiva de los riesgos del covid-19: un mapeo preliminar de sus implicaciones’, destacó que «la recuperación mundial luego del covid-19 podría tener forma de rosquilla». En este sentido realiza una invitación a los gobiernos a enfocarse a un modelo en el que las empresas, las personas y el planeta puedan crecer en equilibrio, tal como lo viene aplicando Ámsterdam y como lo plantea Kate Raworth, economista inglesa, investigadora de la Universidad de Oxford, en su teoría económica y en su libro “Economía rosquilla: Siete maneras de pensar la economía del siglo XXI”. 

Ámsterdam, una importante ciudad europea en los Países Bajos, sorprendió al mundo con la presentación del plan de la ciudad “Ámsterdam circular 2020-2025”, un plan que busca mitigar las dificultades económicas que genera el Covid19; adoptando el modelo de Economía de la Rosquilla, que promueve un consumo más consciente, con una reducción significativa en el uso de recursos y materiales.  Este modelo, fomenta un estilo de vida digno, justo y sostenible; convirtiéndose en una alternativa de solución para alcanzar un crecimiento sostenible y social en el mundo.  Las empresas deberían dejar de centrarse solamente en la rentabilidad económica, para empezar a tener en cuenta otros tipos de beneficios y rentabilidades: las sociales y las ambientales. 

En su plan de una economía circular, Ámsterdam ha establecido la incorporación de los siguientes principios a la vida de la ciudad: “(re)chazar; (re)considerar; reducir el consumo de nuevos productos; (re)usar; (re)parar; (re)fabricar productos que ya están en utilización y (re)utilizar; (re)ciclar y (re)cuperar productos desechados”. 

Para conseguirlo se hace necesaria la reducción  del consumo de recursos y materiales, hasta en un 50%, y en ese sentido Ámsterdam anunció algunas de las medidas que se piensan implementar: “como fomentar productos que duren más tiempo y permitan las reparaciones; el reaprovechamiento con carácter social de la comida que desechen restaurantes y hoteles; la promoción del uso de materiales más sostenibles en la construcción de edificios; o la creación de «pasaportes de materiales» en los que se identifiquen aquello susceptible de ser reutilizado en caso de demolición”.

Este año 2020 es un momento histórico para reflexionar y adaptarnos; modelos económicos como el de la Rosquilla, nos invitan a pensar diferente y a entender que quizás pueden existir nuevas y mejores formas de hacer las cosas.  

Es el momento de iniciar la implementación de estrategias de crecimiento y desarrollo sostenibles donde las emociones, las experiencias, los recursos ambientales y la responsabilidad social y ambiental sean los pilares que contribuyan a transformar la sociedad y a realizar los cambios estructurales necesarios, que nos permitan salir adelante y no volver a repetir la historia en la próxima pandemia.

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