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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

SociedadEl escenario del fracaso

El escenario del fracaso

Carlos Vicente Sánchez, Cavisa

Ahora, y más que nunca, se hace necesario reconocer nuestro fracaso. Ha pasado apenas un mes de cuarentena en nuestro país, todavía no hay una cuota alta de muertes y ya se percibe una histeria colectiva en las redes sociales y en la prensa. Detrás de toda esta pandemia se esconde una contundente derrota que aún no hemos querido asimilar.

En aras de la esperanza se tendrá que decir que los errores se reponen, la vida no. Aun así, un montón de personas, políticos, economistas, hacen un esfuerzo inconmensurable por querer volver a la normalidad, es decir a los hábitos que nos arrastraron hasta este punto irreversible de la humanidad.

Fracasamos, este aislamiento que sin duda se prolongará hasta que no haya una cura distribuida por el mundo y que alguien venderá enriqueciéndose a costa de nuestra salud, hará que nuestras relaciones afectuosas y de mercado cambien inevitablemente. Al menos por un año. Entonces habrá que aceptarlo con resignación, para encontrar el camino de la redención.

Imaginen lo que siente un preso cuando lo condenan. De qué vive, ¿cómo se mantiene vivo o a qué se aferra? O una familia sin mercado, sin trabajo, sin recursos.

Este es el tiempo de la marginalidad, de las reivindicaciones, de la otredad. Esta es nuestra escuela universal del fracaso. ¿Qué vamos a aprender de ella? Esa es la pregunta. ¿Cuándo salgamos de las cuevas, qué vamos a hacer con nuestras vidas? ¿Qué vamos a cantar, narrar, pintar de estos tiempos?

Algunos perderemos cosas, dinero, trabajos; otros, vidas; otros, amores; otros ganan, otros deberán empezar de cero ¿Qué hacer al respecto?

Ante el bombardeo post o pre apocalíptico de las noticias, la caída de la bolsa, el conteo de muertos, un Donald Trump cada vez más miserable y asesino, es inevitable no sentir un grado de depresión. Creo que esta parte es peor que el mismo virus. Nadie, ni los medios de comunicación, ni el Estado, ni el asustado presidente o la torpe vicepresidenta que dijo que los psicólogos no valen un peso, (palabras más, palabras menos) han dimensionado la depresión emocional que nos va a sobrevenir. Y lo que es peor, las cosas capaces de aliviar a personas de espíritus lúdicos de estos súbitos arranques depresivos como lo son el cine, el teatro, los conciertos, la música o el encuentro con el otro, se han convertido en actividades inalcanzables, al menos en vivo. La increíble felicidad de una economía naranja que falsamente nos fue vendida, con sus 7 enanitos y todo ese discurso sacado de un cuento de hadas, se derrumbó ya del todo.

¿Qué hacer con semejante carga? Del grupo de Sala Estrecha aprendí que asumirnos en una estética del fracaso puede resultar liberador, nos quita las pretensiones y nos pone en frecuencias más creativas si se quiere. Todo el discurso neoliberal y capitalista se fundamenta en el “éxito”; pero, dicho anhelo resultó inocuo y falso.

En el fracaso del mercado emergieron ballenas en un mar claro, marsupiales, venados, cielos despejados, en el fracaso surgió la vida, no como quisieran la economía global, pero es la vida.

Ha llegado la hora de reinventar otras formas de vernos, de crear otros escenarios, otras sensibilidades, es hora de luchar contra lo inhumano y afrontar lo que se viene con un blindaje de afectos y creatividad diferentes. Desde este aspecto, un grupo de artistas solicita un plan de contingencia, y uno de sus puntos es ser tenidos en cuenta en las fiestas aniversarias de la ciudad. Pero, dicha solicitud, ahora que debemos estar confinados, ahora que la cuarentena parece prolongarse por el resto del año, ahora que los niños no van a regresar a sus colegios y que la marginalidad sacará su peor rostro, no viene al caso. No creo que haya fiestas, al menos por este año, estamos de luto, el sistema se ha enfermado, la salud dejó ver su peor fisura, hubo quienes prefirieron gastar la plata en fiestas providenciales, en vez de pagar impuestos, gobernantes corruptos incapaces de ver la salud o la educación como una inversión, con más argumentos que soluciones, hubo gente infame que vendió su voto y apenas están cayendo en cuenta de su prodigiosa cagada, mientras espera un mercado delirando de fiebre.

Claro que Sí se requiere un plan de contingencia para los artistas, estoy de acuerdo, pero este debe ser pensado a la luz de una realidad que nos sobrepasa, es decir, un plan de contingencia que salve vidas, uno de ida y vuelta, de recibir y dar, un plan que impulse a salvar a otros, colegas, artistas de la calle, para luego, con ellos, reinventar espacios para el arte, lugares íntimos de reflexión, y que nos permita la bella misión de exaltar el espíritu humano en tiempos de calamidad.

Porque se requiere contar lo que pasó, lo que está pasando, y cómo logramos superarlo desde nuestra sensación inevitable de derrota, desde este escenario del fracaso en el que caímos justo ahora, en el peor de los tiempos, el de una generación que vivió la pandemia y que ahora padece una suerte de marginalidad universal.

4 COMENTARIOS

  1. No entiendo cuál es el juego apaciguador de cavisa, artículos carentes de una identidad que reivindique, carente de una postura critica frente a la vulnerabilidad del sector artístico, parece más una oda a los buenos oficios por la entrega del mercado, sumergido en una inmediatez mediática y dejando pasar por alto el problema estructural, si las organizaciones no sobreviven a esta agonía presente, la marginalidad de los artistas se sumará a la existente, pensemos a futuro estratégicamente y no desde la comodidad de palabras sin orientación política, un plan de contingencia es una manera de minar la hecatombe, ya estamos en el infierno de la escasez, ya pareciese que se avecina una distopía por ejemplo para quienes vivimos del público, para quienes no podemos abrir los teatros, ni las salas de cine, ni los bares, ni los restaurantes y estamos latentes en la amenaza que en seis meses tampoco podemos hacerlo… Como sector siempre hemos caminado solos, en el desamparo, y aunque algunos dicen declarase en la perdida, y el que algunos no asuman una postura ante la orfandad gubernamental en la que el sector cultural de Pereira se encuentra solo evidencia el sofisma, pues ellos también beben de la teta de Estado… Lo que si es claro es que existe una falta de solidaridad profunda entre los que supuestamente pueden hacer un mundo mejor, no hay peor enemigo que un artista que no defiende su poema y que no asume el poema de los otros como suyo propio.

  2. El fracasó de la mayoría , es el éxito de otros que les beneficia esta situación. Cuales la lista es larga , no creo que pase nada después de esto el ser humano olvida con facilidad y en nuestro pías mas , todo volverá hacer igual

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