El fariseo y el cobrador de Impuestos, a tiempos de hoy

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Por . JJ ARIAS HENAO.

“Había unos que creían que siempre hacían el bien. Estaban tan seguros de sí mismos que menospreciaban a los demás.

Jesús contó esta historia para ellos: «Dos hombres fueron al templo a orar. Uno era un fariseo y el otro era un cobrador de impuestos. El fariseo, puesto de pie, se puso a orar consigo mismo así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás. No soy como los ladrones, los injustos, los que cometen el pecado de adulterio, ni tampoco como este cobrador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que adquiero». En cambio, el cobrador de impuestos estaba de pie a cierta distancia. Cuando oró ni siquiera levantó la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho para mostrar que estaba arrepentido, y decía: “¡Dios, ten compasión de mí porque soy un pecador!” Les digo que este se fue a su casa aprobado por Dios pero el otro no, porque el que se cree mucho será humillado, pero el que se humilla recibirá honor».” (Lucas 18:9-14 PDT).

”La soberbia espiritual es la más arrogante de todas las clases de orgullo.”

Una parábola es tomar un ejemplo de la vida terrenal para aplicarlo a una verdad espiritual.

En la que acabas de leer, el maestro de maestros relata la historia de dos hombres que subieron  al templo a orar, los cuales revelan dos actitudes y dos tipos de oraciones.

El fariseo:

Miembro de dicha secta, caracterizados por aparentar ser muy buenos y hacer muy buenas obras para ser vistos por los hombres, pero interiormente vivían otra cosa.

📍 Actitud de arrogancia, oraba consigo mismo. Exaltación del hombre. Al compararse con otros se veía a sí mismo como muy bueno por las obras que hacia, que según él eran las mejores.

📍 Su oración: “Dios te doy gracias porque no soy como los demás.”

📍 Publicano: un cobrador de impuestos, de clase despreciable para el pueblo, era un judío que trabajaba para el imperio Romano, aborrecido por cobrarles impuestos a sus mismos hermanos.

📍 Su actitud: Sincera y humilde. “Cuando oró ni siquiera levantó la vista al cielo” estaba verdaderamente confrontado y arrepentido.

-Su oración: “¡Dios, ten compasión de mí porque soy un pecador!”

Ni siquiera las personas más malas a nuestro parecer escapan de la misericordia y la mirada de Dios.

¿A cuál de los dos nos parecemos?

”Antes de juzgar a otros juzguémonos a si mismos.”

El dedo señalador hay que volverlo a su lugar, ni las personas que se creen más buenas tienen algo de qué jactarse.

El orgullo es el ropaje de los ignorantes, no hay nada de lo cual podamos vanagloriarnos.

De no estar hoy con Jesús, seríamos iguales  de borrachos, infieles, maldicientes, mentirosos, peleones y groseros con a nuestros vecinos.

Efesios 2:8 “Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se la regaló.” (TLA)

Eso lo comprendió el publicano y aceptó el ofrecimiento de Dios como muchos de ellos.

No merecíamos la gracia ni el amor de Dios. No es lo que hacemos lo que nos da valor, sino a quien pertenecemos. No somos la terminal de la gracia de Dios, somos la extensión de la misma.

Jesús concluye la parábola diciendo:

“Les digo que este se fue a su casa aprobado por Dios pero el otro no, porque el que se cree mucho será humillado, pero el que se humilla recibirá honor».”

Los brazos acogedores de Dios están siempre abiertos a todo el que se humilla y le reconoce como su salvador.

Dios nos insta a través de esta parábola a ser cuidadosos con las actitudes y oraciones que elevamos a él.

”Seamos tan misericordiosos con los demás, así como Dios lo ha hecho con nosotros.” 

Felices Pascuas.

John Jairo Arias Henao

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