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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

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El indolente e inmodificable país…

Los relatos con mucha transpiración, sangre y jugos más íntimos, suelen causar más escozor que comprensión y solidaridad. Escribiendo rimas con dramas domésticos de por ejemplo cómo se nace en un cagadero de estos, algunos nos vieron ingenuos y otros muy poéticos (no se definir eso) y hasta patéticos.

A Roy le circunda su historia íntima de huérfano de padre y mesías de sus propios logros, pero desluce en una comprendedera extendida a todo lo que es pero no debiera, o a lo que según sus extendidos brazos, cabría en sus tolerancias amplísimas.

Con los pies de barro y corazón sangrante, confesamos en «Identidad: Nacido entre sábanas manchadas/ mil veces enjabonadas y otras mil ensangrentadas/ por parturientas cualquieras… («Fórmulas para sonreírle al hambre», editorial Dinamarca, Bogotá 1981).

Fue un cuadro que recogí personalmente de mi experiencia, pero también de una andanza de practicante en compañía del médico hermano de mi profe Fernando Ávila Gómez en una celada que me tendieron desde la sala de recibo hasta el quirófano de Materno Infantil (donde yo había nacido), para poder contar esa «rutina». No me sorprendió el desfile de ratas alrededor de la ropa quirúrgica usada, que reposaba en un cuarto de atrás entre canecas sangrantes… «Crecido entre otros perros, otros cerdos y otros bastardos / en cuartuchos de 2 x 2 con tejas de barro / piso de arcilla / entre otros hijos de putas decentes, de putas aún infantes…

Y solo a mi profe David Velilla hirió la siguiente verdad: «Hago lo que dicen los hipócritas que es bueno / Estudio, trabajo, finjo, aporto… / cuando los hipócritas dejan. Ripostó con otros versos de él expresando que eso era apenas «sed de coca-cola».

El país donde crecemos no se muestra dócil a nada. Menos a comprender o asimilar sus desequilibrios, que ni un loquero nos explicaría bien. Marcha, mancha, desangra y prosigue. Ha sido histórica su indolencia. Por eso somos así.

Por eso detestamos al padre Derroche con sus verdades, contadas a la manera de los masacradores… ¡Sangrantes!

Por eso nos parece inútil la promesa de cambios de un ex guerrillo que viene a imponer nuevos optimismos, que ayudó a humedecer y que se apicharon (vinagraron) en sus años de parlamentario inútil, por muy contestatario que les haya parecido a algunos.

Por eso aquel libro exprimido por Becaccino que describe al «Roy desde abajo hacia arriba» pasó sin desencantos y por muy crudas realidades que deshoje, sigue en el enigma de si un médico con poderes, podría ser el exorcista que el país requiere. 

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