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El libro, afilado como un cuchillo

Jerson Ledesma

No quise esperar mucho tiempo para escribir esta columna, es más, abandoné su construcción impersonal para poseerla en la primera persona del singular y así desatar esta indignación que produce la televisión colombiana. El pasado 1 de junio en el programa matutino de Caracol de Televisión, apareció una mujer llamada Carolina Cruz con unos libros sobre la mesa. En mi sagrada inocencia pensé que explicaría los contenidos de los textos o por lo menos los referenciaría para que sus televidentes se interesaran en sus lecturas, pero no fue así. Por el contrario, los amarró y comenzó a explicar, en llana sabiduría, cómo convertirlos en un práctico portacuchillos. Esto me acordó que en las películas de Hollywood el libro era una píldora para dormir, siempre puesto en el nochero para conciliar el desvelo de los protagonistas. También se me vino a la memoria un viejo compañero que tomaba prestados mis libros más voluminosos para usarlos como soporte en un computador de mesa, aunque sé en el fondo que era más una chanza de su parte. De igual manera, pensé en el viejo modelo de escuela, en la cual se castigaban a los estudiantes encerrándolos en las bibliotecas, la biblioteca como lugar de castigo aún se percibe en la actualidad. Los únicos que pueden subvertir estos horripilantes sucesos son los niños, los jóvenes, quienes deben adoptar cuanto antes la cultura del libro como sinónimo de libertad y conocimiento, para continuar con el legado de Hipatia de Alejandría y la capacidad creativa de Johannes Gutemberg. Incluso, Hasta hace menos de 500 años poseer un libro era casi imposible, pues estos reposaban en las abadías siendo objeto extremadamente cuidados porque de ellos emanaba la luz que guiara los caminos del hombre; sin embargo, el surgimiento de la imprenta permitió que la información se descentralizara  y llegara de esta manera a las personas del pueblo. En medio de esta aflicción, recuerdo a Edmundo de Amicis y su bello repaso de vida llamado: Corazón, la Herencia de los Tilsit de Catherin Gaskin, el Lobo Estepario, Narciso y Goldmundo, Demian, entre otros pertenecientes a Herman Hesse, todos ellos libros que rompen el alma, libros afilados como cuchillos.

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1 COMENTARIO

  1. El país de la farándula : modelos, presentadores(as), la forma de vender imagen: ridículo panorama.
    Cuando el pueblo lee , el sistema tiembla, tiene criterio, establece
    prioridades.
    Promover la lectura, en todos los ámbitos, un deber social.

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