El maestro Luis Eduardo Londoño, poeta y músico campesino.

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Por JOSÉ DANILO SALAZAR

Ya no recuerdo en qué condiciones conocí a éste gran caballero santarrosano, pero si su figura delgada, su sonrisa fácil, su amabilidad y su gran sencillez, su porte elegante y su vestido de paño. Nuestra charla de ese día y otros posteriores no hicieron sino confirmar mi primera impresión, haber conocido a un gran señor, todo un gran artista, músico y poeta, lo que debe de llenar de orgullo a sus paisanos, los nacidos en el querido terruño de Santa Rosa de Cabal.

El maestro Luedardoño, tal era su nombre artístico en los últimos años, nació  como la gran mayoría de nosotros, en un humilde hogar campesino. Confiesa que su padre era un agricultor que deambulaba de un lugar a otro, en busca de un trabajo para sostener a su familia y  que él pasó sus años de infancia en la vereda San Juan, de éste municipio, es el menor de tres hijos y explica, que aunque en ese tiempo eran comunes y corrientes las familias de diez y más hijos, en su casa no fue así, porque su señora madre fue una mujer muy enferma.

De sus años de niñez recuerda que su padre, quién le sirvió de inspiración para escribir sus poemas, también cantaba música colombiana y les inculcó  el amor por la música de la patria; evoca que, siendo  joven formó un dúo con uno de sus hermanos y dice sonriente que le tocó aprender a hacer la segunda voz, porque no le alcanzaba la potencia vocal para ser la primera voz, la primera canción que cantaron fue “el enterrador” primer bambuco que tuvo que grabarse en México, porque en esos años, no había estudios de grabación en el país,  

Dice el maestro que, en esas ya lejanas épocas,  quien era bueno en las labores agrícolas se quedaba en el campo y a quien no le rendía el trabajo en el campo, por lo general, si la economía lo permitía, le daban estudio;  y aunque él se sentía bravo para las labores campesinas, a los diecisiete  años, decidió que no se quedaría a vivir pegado de la cola de un azadón y se vino para el pueblo, donde por la amistad del fundador de la tradicional foto López, de la “ ciudad de las araucarias”, tuvo la oportunidad de trabajar como mandadero en el hospital, allá se ofreció para hacerles a los enfermeros todo tipo de ayudas, si a cambio le enseñaban algo de su oficio. Al mes ya ayudaba a poner penicilinas y la monja que cuidaba a los enfermos, viendo sus ganas  y dedicación, también le colaboró bastante en el aprendizaje; pasados dos meses lo reclutaron para pagar servicio militar y allí se presentó como enfermero y desempeñó como camillero, estuvo en el ejército durante veinte años, no pudo obtener su pensión porque el ejército se la negó, y el abogado que lo asesoró, no supo hacer la demanda.

De su época en el ejército, y su carrera como enfermero recuerda que atendió a muchos soldados  heridos en combate contra la guerrilla, sin embargo, el recuerdo más doloroso, es que cuando estaba en Zarzal, un soldado fue herido en la fila, accidentalmente, y él debió trasladar el herido al hospital que era muy cerca del batallón, en el camino el soldado angustiado le tomó la mano y le suplicó “no me deje morir, señor Londoño”, él lo consoló y trato de tranquilizarlo, infortunadamente cuando  lo estaban subiendo a la camilla para ingresarlo por Urgencias, él herido falleció y eso afectó  tanto al maestro, que aún se entristece al recordar esa historia; Cuando le hicieron la autopsia al cuerpo, encontraron que la bala, que había entrado por la espalda estaba alojada en la carótida.

Con humildad dice que empezó a escribir poemas, porque su padre también escribía y que por allá por el año 1954, empezó a componer canciones, por aburrimiento, porque le sobraba mucho tiempo en su labor de enfermería, luego de componer dos o tres canciones con letra y todo, se  envalentonó, y siguió escribiendo la letra de otras canciones, a las cuales le han puesto música algunos amigos.

Tuvo una amiga profesora, gran admiradora de sus versos, quien  disfrutaba de los poemas que componía. El maestro se ofreció a hacerle un verso y ella, halagada por el detalle aceptó, una vez terminado el poema, le puso música y llamó a esa canción “flor de la montaña” la inspiración para ese título, es que en ese tiempo, ella trabajaba en una escuela rural; esa fue la primer canción que cantó.

Libro de poesía de Luis Eduardo Londoño

Conoció a su señora esposa en Ibagué, pues era amigo de un hermano de ella, quién le conto que ella se vendría de Bogotá  a vivir  a la ciudad musical de Colombia, se la presentó, se hicieron buenos amigos, se enamoraron y casaron en la iglesia del cementerio de Pereira, llevando ya casi setenta años de feliz matrimonio.   

Entre muchas de sus obras, hay algunas hechas por encargo para amigos o clientes, lo que demuestra su versatilidad y facilidad en el difícil arte de la canción, pues una cosa es escribir un poema o canción inspirado en un deseo o un sufrir y otra es escribir sobre un tema que no nos despierta ninguna emoción especial. Cuando en santa Rosa se inauguró un sitio llamado “el mesón del café” destinado a vender café de origen, para una clientela más selecta, cuyo propietario tenía conocimientos de barismo, el maestro compuso una hermosa canción que lleva el mismo nombre del establecimiento

En sus inicios como cantante, cantaba con quién lo invitara; posteriormente, formó un dueto llamado “Aires de Colombia” que duró treinta años, junto a Clímaco Osorio, músico de origen tolimense, quien se muestra agradecido con su don musical, gracias al cual, y a pesar de no tocar ningún instrumento excepto por las ocasiones en que hacía sonar una hoja de café con tanta maestría que parecía una gaita;  fue invitado a presentarse en muchos escenarios:  Pereira, Dosquebradas, Zarzal y Tuluá entre otras; en el año 2014,  fue invitado a Ibagué  a un conservatorio privado, donde presentó dos composiciones de su autoría llamadas: “Flor del Tolima” y “La Guabina”, siempre con su sonrisa franca dice que no sabe juzgar como le fue, pues él nunca ha sido músico. Pero quien lea sus poemas o escuche sus canciones, verá la gran calidad de sus obras, a pesar de ser un empírico y autodidacta compositor y poeta.

En el año 2007 publicó su libro de poemas “ballet de flores” en cuyo prólogo dice Horaciové Giraldo Rivera, del maestro Luis Eduardo” y decíamos que es el hombre del doble canto, porque a más del canto de su garganta, muestra y prodiga el canto de su pluma. Su poesía canta a la vida, al amor, a la familia, a su tierra, a la paz, a ciertos conflictos sociales y a todo cuanto sea digno  de mostrarse en el universo”

Quisiera ser recordado como una persona servicial, amable, que le gusta ofrecer amistad sincera y desinteresada, sin ningún enemigo y con un nombre limpio de cualquier tacha.

De manera muy merecida, tal vez un poco tardía, la actual administración municipal de Santa Rosa de Cabal, presidida por el señor alcalde Rodrigo Toro, decidió fundar una escuela de música y bautizarla con su nombre, como reconocimiento a su trayectoria y obra, bien por ese homenaje, que destaca a un gran ser humano y destaca sus grandes calidades humanas y artísticas.   

3 COMENTARIOS

  1. Como Santarrosano que soy se me ensancha el alma y con un nudo en la garganta no puedo menos que decir, gracias por exaltar el talento de esos seres humanos tan maravillosos que silenciosamente hacen tanto por el arte y la cultura.

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