El mensaje del mastodonte (II)

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Por LUIS GARCÍA QUIROGA

No es una simple coincidencia que en zona montañosa de Risaralda unos mineros hayan encontrado fósiles de un mastodonte de más de diez mil años.

Es gravísima la manera como hemos venido exterminando bosques, ríos, animales silvestres y otras formas de vida como microorganismos de significativo valor ecosistémico, que como decía Kant “lo esencial no es visible a los ojos”.

Ese fenómeno depredador no solo viene ocurriendo en la Amazonía colombiana sin que estos gobernantes nuestros amén de la retórica, nada efectivo hacen para evitarlo, tal como ocurre de tiempo atrás en Risaralda y la zona limítrofe con Chocó.

Ha sido devastadora la minería ilegal, tala maderera de bosques, caza clandestina de animales silvestres, construcción de vivienda en sitios donde no hay agua o sin servicios públicos que son luego una carga para los municipios, entre otros daños ambientales de alto impacto que nos indican que quizás el mastodonte aparece para decirnos que las especies se extinguen a mayor velocidad cuando no las protegemos.

Tenemos los privilegios generados por los recursos naturales, pero carecemos de cultura ciudadana y conciencia ambiental para entender que son recursos altamente vulnerables expuestos a riesgos que quienes los disfrutamos (a sabiendas que son finitos) los depredamos afectando la sostenibilidad de nuestra propia calidad de vida.

Hay que frenar el recalentamiento global y el deshielo de las montañas que nos anuncian cambios drásticos en el clima con efectos impredecibles en las cosechas y en general en la afectación de nuestras vidas. Al respecto, todos tenemos el deber de hacer aportes pequeños y grandes; pero son los líderes de la sociedad quienes deben predicar con el ejemplo.

En tal sentido, es alentador que el director de Carder, Julio César Gómez, tome en serio -como lo ha venido haciendo- la tarea de autoridad ambiental; pero hay que pedirle también que genere un sistema de alertas tempranas para evitar más imágenes extractivas de hechos consumados y demás daños al ecosistema, inclusive por parte de quienes para sacar provecho, le tuercen el pescuezo a la legislación o se amparan en su mañosa influencia política.

Al respecto, es esperanzador el escenario inicial de la revisión del POT según se deduce del conversatorio virtual que la semana pasada convocó la Universidad Eafit. De principio a fin pude escuchar tanto a las autoridades ambientales como al Alcalde Maya y al gremio urbanizador (Camacol).

Ojalá esos enfoques de equilibrio ambiental sean posturas sinceras. Que vayan más allá de la retórica populista de abogar por estándares de calidad de vida cada vez mejores. Hay que estar vigilantes, porque si queremos una región metropolitana invivible, solo tenemos que repetir la experiencia de Medellín en donde ya es difícil respirar y movilizarse.

Es claro que una política pública integral, seria y sin tregua para garantizar el desarrollo urbano con equilibrio ambiental en Pereira y Risaralda, debería ser una promesa de valor del gremio político, de los empresarios y gobernantes.

Al respecto, también los habitantes del territorio en general, debemos seguir elevando nuestra conciencia ambiental como una consigna ciudadana, básicamente con la premisa de garantizar y mejorar la calidad de vida que aún nos queda en la región, porque quizás, sea esa la herencia más valiosa que podemos dejarles a quienes vendrán después de nosotros, los mastodontes de este tiempo.

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