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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadEl miedo a la muerte

El miedo a la muerte

Para poder entender el porqué del miedo a la muerte, primero que todo debemos tener claridad en el concepto, entendiéndose como la cesación o terminación de la vida, la cual se caracteriza por la ausencia de signos vitales de todo ser viviente.

En base a esto, nunca se nos debe olvidar que así como llega la vida también nos llega la muerte sea cual fuere su causa, sin embargo es un hecho que, a pesar de que es irremediable no nos hacemos a la idea de que en cualquier momento va a tocar nuestra puerta, no importando raza, sexo, religión, poder, riqueza, nivel sociocultural y muchos más aspectos que comprende el hecho de vivir en una sociedad como la nuestra. La cultura de la muerte como un hecho nos aterroriza y no queremos ni siquiera que nos la mencionen y mucho menos se nos pasa por la mente, pero como cosa paradójica pareciera que la de los demás nos generara un enfermizo deleite con un marcado componente de indiferencia. Y es que en especial, el apego que tenemos hacia todo lo que nos rodea dentro del campo material como en el plano afectivo familiar, nos hace sentir una falsa creencia de que somos poseedores únicos de esto y lo otro, y a la vez hace que no tengamos claridad en lo que hace referencia a la muerte. Y es que hablamos con mucha propiedad, de mi familia, mis seres queridos, mis amigos, mi casa, mi auto, mi negocio y otra cantidad de “mi” y lo que no hemos podido entender es que nada de lo que creemos poseer, tanto en el campo afectivo como en el material, es nuestro y solo es un préstamo que se nos hace mientras estemos de paso por este mundo. Y la verdad sea dicha, ningún ser humano quiere morir y lo más iluso es que consideramos que somos indispensables y la realidad, aunque sea dolorosa para muchos es que aquí solo estamos de paso y hemos estado engañados pues la vida continúa común y corriente sin nuestra presencia. Pero es importante aclarar que cuando hablamos de la muerte hacemos referencia a ese estado final de desprendimiento de lo físico y de la fuerza vital, que por determinada razón no importando su causa, tarde que temprano ha de llegar y por lo tanto no lo debemos confundir con la naturalidad que conlleva la desgarradora anestesia mental que actualmente vive una sociedad tóxica en donde la muerte asociada con violencia se ve con la naturalidad del caso sin causar ningún tipo de asombro. La vida es un don muy preciado y de incalculable valor que en muchas ocasiones no le damos la real importancia que amerita, porque nos preocupamos más en mostrar a los demás lo que no somos y la prioridad es atesorar más y más riqueza dejando de un lado nuestra verdadera felicidad interior. Por ello es importante recordar que cada día lo debemos vivir no solo como si fuera el último sino también como si fuera el único, ya que a pesar de que todos los días parecen iguales son totalmente diferentes. Es increíble ver como, por ejemplo, se encuentra uno con personas que desean o anhelan morir ya sea porque su situación física, económica, afectivo familiar no es la mejor y a la hora de enfrentarse a la muerte son las primeras en decir que ya no se quieren morir.  Por eso llama la atención, cómo en muchas culturas orientales se toma como un renacer y un paso más de evolución y trascendencia como debe ser, hacia otro estado que no tiene porqué generar temor como sucede en la cultura occidental. De allí que la forma de iniciar una buena preparación ante un hecho tan inminente y tan natural como lo es la muerte, es estar en paz con uno mismo primero que todo frente a nuestras propias acciones y brindar a los demás lo mejor que podamos dar en el mejor sentido de la palabra. Muchos se preguntarán cual sería la mejor manera para afrontar ese miedo a la muerte física, y la respuesta es sencilla, como un hecho natural dentro del proceso biológico que lógicamente nos generará incertidumbre acerca de lo que sucederá una vez que esta existencia terrenal termine.

Se podría de decir que el proceso de aceptación de la muerte no es nada fácil y ese elixir de la inmortalidad todavía no se encuentra a la venta así pues que es de esperarse que para admitir este hecho es inevitable que tengamos que pasar por diferentes estados como son la negación, el resentimiento, el odio, la depresión y otros más para terminar finalmente en una negociación con sigo mismo y una verdadera intención de resolución si así se desea. Hay que perderle el miedo al miedo y mucha más a ese miedo a la muerte física y preparemos más bien nuestra paz interior con todas nuestras emociones para llegar al final de este camino llamado vida.

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