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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadEl miedo que han infundido en la política se está difuminando

El miedo que han infundido en la política se está difuminando

En los últimos veinte años en la política colombiana se ha votado en gran medida no en favor de propuestas o candidatos, sino en contra de hipotéticos escenarios que han sido creados artificialmente y endilgados a determinados candidatos. De este modo, el miedo ha sido el candidato ganador.

Esta fábula negra está evidenciando su agotamiento, pues cada día son más las personas que se desprenden del temor propalado y se disponen a votar libremente por quien consideran presenta propuestas que dan confianza y contribuyen a encarar problemas reales de la sociedad colombiana. No es que la gente se haya vuelto seguidora o fanática de alguien, lo hacen a pesar de tener incluso diferencias con determinado candidato, pero convencida de que es más lo que aporta al bien del país que lo que puede restar. De ahí que se multipliquen los apoyos al candidato que consideran encarna el cambio real y profundo de la política y la gestión gubernamental. Desde intelectuales, escritores y artistas hasta trabajadores, campesinos, mujeres y jóvenes se muestran muy activos en su participación política y se han empoderado acerca de los derechos que les asisten.

Los que han basado su campaña en las mentiras y en los ataques personales fueron relegados por los ciudadanos en las urnas, de ahí que quienes apuntalaron su quehacer electoral en postular que ni fulano, ni zutano, los que colocaron vallas en las que decían “Cualquiera menos él”, los que siguen hablando de castro-chavismo, de supuestas expropiaciones, fueron expropiados del favor ciudadano y son almas en pena que suplican ser recibidos en otra campaña.

Equivocada o no, la inmensa mayoría de los colombianos quieren un cambio y eso fue lo que reflejó la primera vuelta presidencial. Los partidos tradicionales, otrora poderosos, hoy son vagón de cola de otros partidos o movimientos, lo mismo sucede con otros de más reciente data pero que ya son despreciados por grandes sectores políticos y sociales, dado su mal gobierno en los últimos años.

Ahora se trata de definir la dirección de los cambios que requiere el país, los votantes deben elegir si basta con meros retoques o maquillajes a la actual situación o se opta por alternativas que propendan por una transformación profunda, que avance hacia una justicia social, consagrada en la constitución política de 1991, pero soslayada por quienes han gobernado desde entonces, que garantice el ejercicio pleno de los derechos establecidos, que en vez de hacer añicos la paz, la establezca de manera estable y duradera. También existe la alternativa de quien ha cabalgado casi que sobre una sola propuesta: “austeridad y mano dura contra la corrupción” pero que no da detalles de cómo va a lograrla y además ha sido salpicado por una imputación de la justicia en su contra, precisamente por corrupción cuando fue alcalde de Bucaramanga.

En fin, los colombianos aspiran a una sociedad en donde se propicie el bienestar para todos y no tan solo para unos pocos. Ese sí sería un cambio real que podría resolver los problemas más agudos que aquejan a Colombia. Ahora toca votar por ese cambio.

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