El nombre del crimen

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POR JESUS A. ZULUAGA LÓPEZ

En el polémico país en el que vivimos se viene presentando la intensificación de un problema de nuestro país hermano, dentro de nuestro no menos polémico continente. Pero hablaremos de aquí, de nuestras tierras y ciudades que los colombianos ahora defienden como si fueran su escudo ante cualquier afrenta (pero solo externa, porque al enemigo interno lo consienten, acarician y alimentan) así ante ello comprometieran su vida, o la de ellos.

“- ¡Qué viva la xenofobia!”
“- ¡Qué viva el criminal que la alimenta!”

Frases que escucho, sin oírlas, sino interpretándolas, tomándolas de las manifestaciones tan patriotas, en un nacionalismo demasiado alemán. ¿Sabrán estos orejones con lengua hábil cómo se escucha y qué es patrimonio? Parece un asunto de puro negocio, aceptan solo lo que conviene.

La tragedia venezolana no es más que una parte del amargo chiste latinoamericano que ha sensibilizado a tantos personajes, pero endurecido a otros. Es tal la tragedia, que a lo largo del año los migrantes venezolanos en Colombia, según informes presentados por VOA Noticias, han rozado la cifra de los 2´000.000 de individuos, andando entre 1millón 700 mil y 1 millón 850 mil en un sube y baja que en su condición ya compleja se echa al hombro el agravante xenófobo, justificado en los actos criminales de algunos malhechores con esta nacionalidad. Como de Venezuela, bien podrían ser de cualquier otro país. ¿O ya se olvidaron las masacres del pasado mes que hasta ahora se siguen presentando? En Samaniego los asesinos implicados fueron mexicanos, según testimonio de sobreviviente a Semana, y no “venecos”. Entonces, claramente, el flagelo venezolano por la estigmatización global se convierte en una excusa, una estrategia, es la coartada del delincuente colombiano para salirse por la tangente exponiendo aquellos otros crímenes que cobran más peso en el país. Hábiles engañadores, de los cuales hacen parte muchos hombres de corbata.

¿El veneco, peor virus que el Covid? Hombre, piense: aquí peor que el Covid y los venecos, existe la corrupción, la primacía de los intereses propios, la dictadura de familias políticas. Es por eso que tenemos inmigrantes aquí, aquel país fue consumido por ese y otros monstruos, y aquellos que se hacen publicidad con aquel ya muy xenofobo mensaje “para no quedar como Venezuela”, son los principales promotores de aquella red de perdición y ejecutan excelentemente el papel de logística en la ruta a desembocar en aquel estado crítico del que se valen, efectivamente, para ganar. Si hay ganadores, hay perdedores, y al final termina perdiendo el pueblo, ¿o no ve usted que hay tantos colombianos que migran de sus ciudades como venezolanos que migran de su país? Mirar imágenes del panorama vecino puede generar confusión con el contexto de La Guajira y los pueblos chocoanos de la tierra olvidada de Colombia. Ambas son condiciones deplorables y una no puede juzgar a la otra, lo más sabio es la solidaridad.

Ahora bien, esto no justifica el crimen. Pero el crimen no justifica la xenofobia, punto. Entiéndase bien para que no me llame vendido. El crimen no tiene nombre propio ni nacionalidad y es una falta moral tan grave como lo es la xenofobia. Hay que combatir contra ella en igual grado y no actuar cual ideología inculcada, cual hijos de Simón Bolívar.

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